martes, 17 de diciembre de 2013

RESCATANDO A LA REINA JUANA DE SU LOCURA



                                               Juana I de Castilla (1479-1555)

La locura de la reina Juana: ¿mito o realidad?
La tradición romántica del siglo XIX, elevó casi a categoría de realidad absoluta la supuesta locura de Juana de Castilla, poniendo de relieve la dimensión personal e íntima de su vida, en detrimento de su figura social y política. Para la perspectiva del romanticismo, la locura de amor y el encierro en lo alto de una torre de un palacio durante 50 años, constituyen los ingredientes trágicos necesarios para cocinar una imagen femenina dramática, mientras su marido, su padre y su hijo, sucesivamente, usurparon el poder que legítimamente le pertenecía.

Juana nació en Toledo en 1479. De su infancia poco sabemos. De su rasgos principales se destacan su rebeldía y la tendencia a recurrir a la huelga de hambre como protesta contra sus padres, Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla, católicos fanáticos, quienes le dieron una educación estrictamente religiosa. Sin embargo, Juana que además era una hermosa joven, también dominaba el arte de la danza, era excelente amazona, hablaba varias lenguas romances de la península ibérica y dialogaba fluidamente en francés y latín. Bastante información teniendo en cuenta que en esa época, la mujer existe en los documentos cuando nace y se le pone un nombre y solo reaparece después cuando contrae matrimonio.

En el caso de Juana la historia de su vida comenzó cuando llegó con su séquito a Flandes para su boda con el príncipe Felipe primero de la casa de Habsburgo, llamado “el hermoso” por su apostura, hijo de Maximiliano I, emperador del Sacro Imperio Romano que, como diría siglos después Voltaire, no era ni sacro, ni imperio, ni romano. Maximiliano estaba financieramente quebrado, pero su título de “Rey de los romanos” daba lustre. Con este enlace, Fernando e Isabel incorporarían Flandes a su creciente imperio.

   Felipe I de Castilla (1478-1506)

Era el 21 de octubre de 1495, día en que Juana, a los 16 años, descubrió el amor, que sería para ella fuente del más arrebatado placer y del más tremendo dolor y también, según arriesgan algunos académicos, el factor desencadenante de su locura.

Con el transcurso del tiempo, la vida matrimonial devino en pesadilla, en parte, porque Felipe comenzó a entretenerse con bellas damas de la corte. Los celos de Juana adquirieron ribetes extremos, a tal punto que ya con los dolores del parto del segundo embarazo, no quiso ausentarse de una fiesta de palacio para poder controlar a Felipe. Cuando los dolores se hicieron insoportables, abandonó el salón y se refugió en un cuarto acondicionado como retrete. Allí, sin más cuna que el duro suelo, nació el que llegaría a ser el hombre más poderoso de la tierra: Carlos I de España y V de Alemania, señor de dos mundos.
El 25 de septiembre de 1506, habiendo pasado 18 días de la entrada triunfal de Juana y su esposo en Burgos, donde fueron proclamados los nuevos reyes de España, Felipe murió después de una corta agonía, de una probable fiebre tifoidea. De acuerdo con sus deseos, fue trasladado a Granada, lo que dio lugar al interminable cortejo fúnebre magistralmente llevado a la pintura por Francisco Pradilla y Ortiz.

Francisco Pradilla y Ortiz. Doña Juana La Loca (Museo del Prado, 1877).  El artista ilustró magníficamente el hastío y cansancio de los nobles que acompañaron al interminable cortejo fúnebre con continuas paradas y rezos, por las planicies de España desde Burgos a Granada.

El padre de Juana, Fernando, retomó la regencia hasta la mayoría de edad de su nieto Carlos, mientras la reina fue confinada a un castillo en Tordesillas donde terminó el resto de sus días.

Dudas sobre la locura de la reina Juana
Hay tres aspectos que ponen en duda su locura: la historia la escribieron quienes con fines de protagonismo y poder la sacaron del cauce normal de los acontecimientos para evitar que reinara y como se verá, eran varios y poderosos. El segundo aspecto es que resulta arduo y complejo retroceder quinientos años en el tiempo en que los conocimientos de la psiquiatría eran inexistentes y por lo tanto no había clasificación de los trastornos mentales. Como consecuencia, el rótulo de loco se aplicaba en forma indiscriminada. Finalmente, existe controversia en los historiadores sobre la locura de Juana y este es el aspecto quizás más sólido de que la reina pertenecía más al terreno de la lucidez que de la insania.

Francisco Pradilla y Ortiz. Doña Juana La Loca, prisionera en el castillo de Tordesillas

Habría sido fundamental que se hubieran conservado las numerosas cartas que ella escribió fuera y dentro de la prisión. Si estas epístolas hubieran tenido un contenido bizarro o desquiciado, no las habrían destruido quienes la querían sacar del poder con el argumento de su locura, por el contrario serían elementos probatorios de que no estaba en condiciones de gobernar.

Si abandonamos la imagen de la visión romántica de esa reina poseída por los celos y apasionada por su infiel esposo, surge la versión de una mujer que terminó sucumbiendo a intereses poderosos y contrarios, para aceptar su retiro, o más bien prisión en Tordesillas, después de una larga lucha para asegurar los derechos de sucesión de su hijo.

Más allá de sus síntomas, surge que el estado mental de la reina variaba en los documentos de la época, según las condiciones políticas y las estrategias de quienes ansiaban desposeerla del trono de Castilla.

El reciente texto de Bethany Aram, “La reina Juana: gobierno, piedad y dinastía” aparecido a finales del 2001, es el fruto de 10 años de investigación en las bibliotecas y archivos de 7 países. En él se rescata un personaje, que no fue un sujeto pasivo y alienado, sino que organizó estrategias políticas para asegurar la sucesión.

Juana sufrió sin duda alguna episodios de neurosis, ira y depresión, pero el tratamiento que de ellos hicieron, su madre, su padre y su marido, en función de intereses de poder, dejaron la estela a través del tiempo de esa desacreditación con la que ha pasado a la historia con el rótulo inmerecido de la Reina Juana la Loca.

                                                   Castillo de Tordesillas

Fuentes
Begoña Matilla. El mito de la Reina Juana: ¿“la Loca”?

Bethany Aram, “La Reina Juana: Gobierno, Piedad y Dinastía”, Ed. Marcial Pons, Madrid, 2001.


Joan the Mad. Enciclopedia Britannica.Tomo 6 Pag 560. 1995, Chicago.


10 comentarios:

  1. Puso en ls imsgen<. <felipe I, pero en el texto, mas arriba pone Felipe II. En qué quedamos.
    Además, tras que de hermoso no tenía nada, puso uno de los cuadros que más fulero lo muestran...

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    1. Anónimo: ¡aprenda a escribir!

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    2. Tiene Ud razón. Ya me anoté en la Pitman en un curso de verano.
      Esto lo escribí en 20 minutos. Voy mejorando. Ni un error.

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  2. Dr Ferreira, sigue sin responder, se lo pregunto por enésima vez. ¿Dónde andaba Ud en los años 70? No encuentro ninguna información que me diga que militancia tenía ni donde era activista.
    Sí encontré ésta:
    Dr. Ricardo Ferreira
    Director del Centro de Medicina Biomolecular.
    Consultor de Cirugía Cardíaca, Hospital Militar Central.
    Buenos Aires. Argentina
    E-mail: xxxxxxxxx@intramed.net.ar
    Ver:
    http://www.antioxidantes.com.ar/Com_001.htm

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  3. Arrasó Bachelet. Lamentable noticia para el diario El Mercurio, la prensa hegemónica y otros como el ingeniero fracasado de la oficina pedorra en la calle Soler, que usa el seudónimo de Jaime. Ya que menciona al Hospital Militar, me contaron que en esa institución, ganó una licitación (cometa de por medio) donde construyó unos locutorios que al mes tenían todas las repisas rotas.

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  4. Coincido con mucho de lo que dice este Sr sobre que se debió escuchar los argmentos de Verbitsky y no aprobar así a ciegas lo de Milani. Como le dije en otra oportunidad soy un ahora ex seguidor del FPV. Ex por el desencanto de todo lo que viene ocurriendo últimamante. Y como también le decía entonces, lo mismo les ocurre a mi grupo de amigos, también ahora ex simpatizantes. Lamentable pero nos fuerzan a eso.

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  5. El tema de los derechos humanos es una triste farsa de un gobierno hipócrita y mentiroso.

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    1. Estos que hablan así son los que fueron a vivar a Galtieri en Plaza de Mayo

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  6. Mienten, mienten, mienten.

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