viernes, 21 de julio de 2017

LA CAPACIDAD DE RECUPERACIÓN DEL CEREBRO

La capacidad de recuperación del cerebro

El arte es uno de los pocos aspectos complejos de las funciones cognitivas que no necesariamente empeora cuando se daña el cerebro.
Anjan Chatterjee. Neurólogo de la Universidad de Pennsylvania.

La enfermedad de Alzheimer (EA) y los accidentes cerebrovasculares (ACV), suelen producir efectos devastadores en las personas que los sufren. En el mundo del arte puede ocurrir que el pintor afectado por estas enfermedades, si continúa pintando, su técnica y talento se deterioren progresivamente y termine produciendo figuras grotescas. Tal es el caso del reconocido artista William Utermohlen, cuyos autorretratos son la expresión cabal del progreso de su EA y constituyen materia de estudio y de docencia en el campo de la neurología y la psiquiatría. Ver El Mordaz: Entre el arte y la demencia 

Sin embargo, estas afecciones pueden producir efectos opuestos y sorprendentes, como los dos casos de pintores que se describen en este artículo.

KATHERINE SHERWOOD
Katherine Sherwood estudió arte en la Universidad de California y se dedicó a la pintura. Sus obras pasaron casi desapercibidas, incluso en la zona de San Francisco donde vivía. En 1997, cuando tenía 44 años, sufrió un ACV que le dañó el hemisferio izquierdo del cerebro y le dejó como secuela una hemiplejía derecha. 

A partir de entonces, Katherine ingresó en ese círculo de personas, que por causa de una enfermedad grave, sufren un vuelco que les cambia la vida en forma altamente favorable. Después del ACV no pudo utilizar el atril y debió colocar los lienzos en posición horizontal, moviéndose alrededor de ellos en silla de ruedas. Después de un tiempo en que tomó conciencia de que la mitad de su cuerpo nunca más se recuperaría, comenzó con la difícil tarea de lograr emplear con habilidad su mano izquierda. Al fin y al cabo, tenía la suerte de no ser escultora, música, dentista o cirujana.

                Katherine Sherwood con dos de sus obras.

Comenzó a utilizar pinturas con menos ingredientes tóxicos, como el plomo, y esto hizo que lograra nuevos tipos de efectos visuales. Fue entonces que su arte adquirió una mayor dimensión en creatividad y estilo y empezó a interesar a los críticos que juzgaron su obra como intuitiva, vibrante, abstracta y expresiva.


El resultado fue que la llamaron para exponer sus obras en galerías de arte y museos, recibió premios y sus exposiciones son comentadas en los periódicos. También es curadora en las exhibiciones de pintura y da clases de arte en la Universidad de Berkeley.

LESTER POTTS
Lester Potts nació en 1928 en una granja de Mississippi y nunca había tenido entre sus manos un pincel que no fuera de brocha gorda para paredes. A la edad de 72 años le diagnosticaron EA, perdió la capacidad de valerse por sí mismo y entró en un cuadro depresivo.

Su hijo, Daniel C. Potts, quien se desempeñaba como neurólogo en la Universidad de Alabama, decidió estimular al padre para que pintara con el objeto de introducirlo en una terapia recreativa. Para ello contrató a un artista voluntario que le enseñó a Lester la técnica del uso del pincel con acuarelas. Pronto Daniel descubrió que su padre tenía un talento que no había sido desarrollado.


                            Lester Potts con su hijo y una de sus obras.

Al principio, el maestro le mostró figuras para estimularlo. Poco tiempo después Lester hizo caso omiso de las indicaciones de aquél y comenzó a llenar los lienzos con sus propias creaciones que le surgían de la mente. Según el hijo: “La mayoría de las obras que pintó mi padre durante los estados avanzados de su enfermedad eran creaciones que provenían de su imaginación o basadas en experiencias y hechos pasados”. 

Fue sorprendente que, si bien la EA progresaba al punto de perder el habla y no poder escribir, conservó la habilidad para pintar hasta poco antes de su muerte, después de siete años de enfermedad.

A medida que avanzaba el cuadro de EA, el arte de Lester viró desde escenas de la vida campestre y salvaje, las tierras aradas y los momentos de la cosecha, hacia versiones más abstractas sobre hechos y cosas que siempre le importaron.

Mediante el estudio de obras como las de Lester, que emergen de diferentes tipos de demencia, los investigadores en neurociencias comenzaron a trazar mapas de las regiones del cerebro que interactúan entre sí inspirando o inhibiendo la creatividad. 


En los casos de EA, los pacientes siguen patrones artísticos diferentes. En esta enfermedad, la degeneración de las células nerviosas se focaliza en la parte posterior del cerebro y esto conduce a una progresión paulatina del arte desde una temática realista hacia una abstracta. Los rostros se vuelven distorsionados y se enfatizan más los colores que las formas.

Los pacientes que sufren la degeneración o demencia del tipo frontotemporal están más tocados por la innovación. En estos casos, el daño de las zonas frontal y laterales del cerebro tiende a interferir con aspectos de la personalidad, el comportamiento y el lenguaje. Como resultado, los cambios de la personalidad pueden ser drásticos, con tendencia hacia lo obsesivo y lo meticuloso. El arte que desarrollan involucra temas realistas y concretos y pueden repetir la misma imagen múltiples veces con pequeñas variaciones.

Los comportamientos de estos dos casos presentados conducen a la misma fuente de investigación que tiene fascinados a los investigadores en neurociencias: el fenómeno de la plasticidad, es decir, la capacidad que tiene el cerebro de remodelarse y realizar nuevas conexiones neuronales para recuperar funciones o crear otras nuevas y sorprendentes.

Es muy alentador y positivo que personas con demencia, incluida la EA, puedan acceder y tengan la capacidad de desarrollar nuevas habilidades que eran inexistentes o ignoradas antes del inicio de la enfermedad. Los casos de Katherine y Lester demuestran que existen aspectos en las mentes de nuestros seres queridos que no han sido descubiertos, pero que son accesibles y esperan la oportunidad para ser revelados. 

En el caso de Katherine, la discapacidad que le produjo el ACV, en lugar de sumirla en la depresión y llevar una vida de inválida, le generó fuerzas interiores que le permitió acceder a un porvenir plagado de expectativas que no existían antes del ACV.

En el caso de Lester, la estimulación externa aportada por un artista voluntario que lo introdujo en el mundo de la pintura, que hasta entonces le era totalmente desconocido, le despertó habilidades ignoradas. El cambio fue tan impactante, que su hijo, que es neurólogo, creó la fundación Cognitive Dynamics cuya misión es mejorar la calidad de vida de las personas con trastornos cognitivos como la EA para que accedan a una dignidad humana merecida.

Bibliografía
An Unexpected Legacy: Art Therapy Breakthroughs in Engaging Persons Living with Dementia. Posted by Mara Botonis on September 28, 2015. http://www.caregivers.com/blog/2015/09/an-unexpected-legacy-art-therapy-breakthroughs-in-engaging-persons-living-with-dementia/

Sohn E. After brain damage, the creative juices flow for some. Los Ángeles Time. May 20, 2011.

Sherwood K. How a cerebral hemorrhage altered my art. Front Human Neurosciences 2012.



viernes, 14 de julio de 2017

LA BALSA DE LA MEDUSA

El cuadro
El museo del Louvre termina resultando agobiante para el turista que lo recorre y que finaliza el periplo con las piernas dobladas, tal es la cantidad de obras en exposición. Sin embargo hay una, que por su tamaño y su contenido, es difícil que le pase inadvertida, mide cinco metros de alto por siete de ancho y expresa una escena aterradora y de tremendo dramatismo.

Se trata de una balsa gigantesca, pero precaria, donde un grupo de hombres, con sus ropas hechas jirones, agitan las manos  para llamar la atención de un barco que se aproxima desde la lejanía. En el otro extremo de la balsa yacen varios cadáveres desnudos a punto de caerse al mar entre los tablones que se están desprendiendo. Algunos cuerpos están mutilados, señal de que se produjeron escenas de canibalismo. 
Las olas de un mar embravecido parecen querer destruir lo que resta de la frágil estructura y el cuadro da la sensación de que esos miserables están todos condenados. Un cielo cobrizo y cubierto de nubes oscuras aumenta la sensación trágica de la escena. La gama de colores es reducida, va del beige al negro pasando por los tonos pardos claros y oscuros, dando una sensación dramática de angustia.

                    La Balsa de la Medusa. Théodore Gericault, Museo del Louvre

La historia
El cuadro refleja un acontecimiento ocurrido poco tiempo antes en vida del pintor. Durante la época de la Restauración, tras la derrota definitiva de Napoleón y el retorno de la dinastía borbónica, se restablece la paz con Inglaterra que le devuelve a Francia sus antiguas posesiones en África. 

Hacia Senegal parte la fragata La Medusa para tomar posesión de su colonia recuperada. A bordo viajan militares, funcionarios, colonos y algunos científicos. Hugues de Chaumareys, el capitán del barco, es un inexperto piloto que hace 20 años que no navega. Durante la travesía comete diversos errores, entre ellos, separarse y perder contacto con las otras naves que lo acompañaban. Navegando en solitario La Medusa se introduce en aguas poco profundas y encalla en un banco de arena cerca de Mauritania. Es el 2 de julio de 1816.

Los esfuerzos por reflotarlo son inútiles y pronto se descarga una fuerte tormenta que daña al navío en forma irreparable. Debido a la impericia y torpeza de Chaumareys, el abandono de la fragata se hace en completa confusión. La tripulación constituida por 400 personas se distribuye en varios botes que deben arrastrar una balsa improvisada con maderas del buque y lo suficientemente grande como para albergar a 150 personas.

Al cortar los cabos que unen los botes con la balsa, Chaumareys comete una de las acciones más oprobiosa que  puedan imaginarse, abandonando a su suerte a los 150 pasajeros. Pronto la balsa se convierte en un infierno. Primero se produce una lucha por el centro de aquella estructura ya que los bordes se hunden en el agua. En la primera noche se ahogan 20 personas y al término de una semana solo quedan 28 sobrevivientes.

En los días que siguen los más débiles, los heridos y los enfermos son arrojados al mar en forma despiadada. Cuando se agota la carga de vino que llevan, la de agua había caído al mar, se beben hasta la propia orina y como la única caja de galletas se terminó en un día, comienzan las escenas de canibalismo. Cortan la carne de los cadáveres en tiras y la dejan secar al sol antes de comerla; «veíamos aquella horrible comida como el único medio de prolongar nuestra existencia», relató un superviviente.

Sólo 15 individuos sobreviven, cuando la balsa es encontrada por la fragata Argus, semanas después. Otros cinco mueren al llegar a tierra. Un año después, dos de los sobrevivientes de la expedición, el cirujano Jean-Baptiste Savigny y el ingeniero-geógrafo Alexandre Corréard, publican un libro titulado Naufragio de la fragata La Medusa. En sus páginas denuncian tanto la negligencia y la cobardía del capitán como la atrocidad de los marineros aterrorizados y ebrios. Se desencadena en Francia una gran conmoción. Gacetas, panfletos y grabados se dedican durante días a evocar con todo lujo de detalles el horror del acontecimiento.

La oposición liberal al régimen borbónico aprovecha el caso para denunciar la incompetencia de la monarquía restaurada, forzar la dimisión del ministro de la Marina e instituir un consejo de guerra contra Chaumareys, que es condenado a tres años de cárcel.

El pintor

                        Théodore Gericault. (1791-1824). Autorretrato

Théodore Gericault es un pintor brillante que pertenece al género romántico y le apasionan los motivos sociales en lugar de las imágenes bucólicas del clasicismo. Queda impactado por la historia de la balsa y decide llevarla a la pintura. Gericault es minucioso y detallista, se documenta sobre situaciones concretas del desastre, interroga a los sobrevivientes, visita hospitales donde puede ver el aspecto de los moribundos, los colores de las heridas y los rostros de dolor. Convence a varios pintores y amigos para que se ubiquen en una balsa de madera construida en su estudio. El rostro de uno de los muertos corresponde al famoso Eugene Delacroix.

La pintura es una mezcla de la desesperación de los náufragos, la esperanza humana que nunca se pierde y la lucha contra la naturaleza que en este caso es el mar.

La gigantesca obra se exhibe en París y vuelve a despertar las controversias, el gobierno molesto le retacea todo elogio y difusión. Decepcionado, Gericault lleva su obra a Londres donde obtiene un éxito resonante. Al cabo de dos años regresa a Francia donde sigue pintando, pero había adquirido tuberculosis y muere a la edad de 33 años.

Después de una búsqueda se puede encontrar el mausoleo del pintor en el cementerio de Pere-Lachaise donde una escultura homenajea a Gericault que se encuentra recostado con la paleta en una mano y el pincel en la otra. Debajo, un bajorrelieve recrea su obra magna La Balsa de La Medusa.


Mausoleo de Théodore Gericault. Cementerio de Pere Lachaise

David Arroyo. La balsa de la Medusa. Análisis y comentario. Febrero 2012. http://www.davidstreams.com/mis-apuntes/la-balsa-de-la-medusa-analisis-y-comentario/
Pintura Romántica. Introducción a la obra de Théodore Gericault. Arte España. http://www.arteespana.com/theodoregericault.htm
Théodor Gericalut. Biografías y vidas. http://www.biografiasyvidas.com/biografia/g/gericault.htm

Henning Mankell. Arenas movedizas. Tusquets, Buenos Aires 2015.

sábado, 8 de julio de 2017

EL ARTISTA Y EL MAGNATE

Los murales mexicanos
A semejanza de las demás actividades humanas, el arte no escapa a las controversias. Tanto en la pintura como en la literatura y en las artes plásticas, entre las opiniones que se encuentran en disputa, se destaca la que señala si el artista debe o no expresar en su producción un compromiso con la sociedad. Para algunos es un deber que lo haga, mientras que para otros la obra no debe “contaminarse” con ideas políticas. Considero que ambas variantes son aceptables, pero prefiero la primera, y en este aspecto, los muralistas mexicanos se sumergieron con toda su fuerza y talento artístico, volcando su militancia política en la pintura.

La historia del nacimiento de los murales mexicanos se remonta al comienzo de 1920 durante la administración del general Obregón. El movimiento muralista de ese país, que fue revolucionario a nivel mundial, está constituido por 3 líderes: Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros. Simpatizantes del comunismo, consideraron que el arte debe proyectarse fuera de los museos y galerías, volverse gigantesco y estar situado en lugares donde toda la población pudiera apreciarlo.

Estos tres artistas desempeñaron un papel central en la vida cultural de México durante el período postrevolucionario. Sus obras no podían ser compradas ni vendidas, porque fueron creadas bajo pedido del gobierno con el propósito de exhibirlas permanentemente en las paredes de los edificios públicos para que toda la población las apreciara. De la gigantesca producción de estos tres gigantes, me limitaré a Diego Rivera, haciendo énfasis de su obra “El hombre en la encrucijada”.

       Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros
                          
Rivera nació el 8 de diciembre de 1886 en la ciudad de Guanajuato. Desde la infancia y oponiéndose a los deseos de su padre, quien pretendía que siguiera la carrera militar, comenzó a tomar clases nocturnas en la Academia de San Carlos de la capital mexicana. Su talento artístico le permitió ganar una beca para profundizar los estudios en Europa donde permaneció durante 15 años, lapso durante el cual en forma secuencial tuvo amoríos con dos artistas rusas y de cada una engendró sendos hijos que casi nunca vio. 

También durante este período sus obras sufrieron cierta influencia de Paul Cezanne y del postimpresionismo.
A su regreso a México quedó cautivado por los murales de Orozco, Rufino Tamayo y Siqueiros, pero decidió desarrollar su propio estilo.


                                  Diego Rivera (1886-1957) Autorretrato

Diego Rivera, usando formas simples y colores muy vivos, abordó todos los aspectos de la historia de México, desde la vida cotidiana de los aztecas, pasando por la conquista española, donde resaltó, sin escatimar detalles, la crueldad de Hernán Cortés y sus hombres, para finalizar con la Revolución Mexicana.


Porción de mural que muestra una escena de la conquista de América y el sometimiento a esclavitud de los indios

En búsqueda de un medio adecuado a esta expresión decidió experimentar con la técnica del fresco, que consiste en pintar directamente sobre la argamasa (mezcla de cal y arena) mojada, para que el color penetre y, al secarse aquélla, lo fije.

La mayoría de estos murales fueron realizados durante la década de 1920 y se encuentran en los principales edificios públicos del Distrito Federal. Ver las obras de los tres grandes muralistas mejicanos es un paso imprescindible para cualquier persona que ama el arte, ya que constituyen un fenómeno pictórico único en la historia de la pintura universal.

El hombre en la encrucijada
Entre 1930 y 1934, la fama de Rivera había adquirido tal dimensión que fue convocado para pintar murales en Estados Unidos. Se fue al país del norte acompañado por su esposa y pintora Frida Kahlo, cuyas obras después de muerta valdrían fortunas y se harían enormemente populares. En el Instituto de las Artes de Detroit, Rivera realizó una alegoría y exaltado elogio del desarrollo industrial de ese país.


                                    Diego Rivera y Frida Kahlo

Luego se trasladó a Nueva York para pintar un mural del Rockefeller Center, un conjunto de rascacielos que se convirtieron en el emblema de Nueva York. Este paso de Rivera constituía toda una contradicción para un artista que afiliado al Partido Comunista e imbuido de profundos ideales revolucionarios, se encontraba ahora en el epicentro del mundo capitalista y nada menos que en el edificio del magnate de la Standard Oil. Los Rockefeller estaban considerados en el mismo Estados Unidos como pertenecientes al grupo de los “robber barons”. Así se denominan los millonarios de escasos escrúpulos que hicieron su fortuna sin escatimar el empleo de métodos enfrentados con la ética.

El magnate y su familia conocían las ideas socialistas de Rivera, pero querían contar con un artista de su reputación para pintar uno de los tres murales del vestíbulo de la sede de la compañía petrolera. Se trataba simplemente de que pusiera a un lado sus creencias políticas y trabajara como lo había hecho en Detroit para los Ford, donde se limitó a ensalzar los logros de la ingeniería norteamericana. El mexicano aceptó las cláusulas del contrato y puso manos a la obra.

A medida que el trabajo avanzaba, Rivera que ya había recibido varias críticas de sus correligionarios y quizás sintiéndose un traidor a la causa socialista, en una especie de rebeldía a la situación en que se encontraba, comenzó a realizar cambios sustanciales, se alejó de los bocetos originales que había mostrado a Rockefeller y pintó un mundo bipolar. 

El mural resultó ser de una composición compleja y bellísima. La figura central era un hombre que representa a la humanidad. En sus manos están las herramientas de la ciencia y la tecnología que aluden indudablemente a su capacidad de control y manejo de la historia con miras al futuro. Del lado izquierdo hay signos claros del mundo capitalista: fuerzas del orden reprimiendo obreros, una burguesía decadente que solo piensa en fiestas y diversiones y ejércitos invasores con máscaras antigás. Para el pintor representaban el pasado. Sin embargo, fueron las imágenes de la parte derecha del panel, que simbolizaban el futuro de la humanidad, las que suscitaron todas las críticas y controversias. En la parte superior del mural surgía el pueblo organizado, marchando por su derecho a gobernarse, pero más abajo, entre las masas obreras, se encontraba la figura inconfundible de Lenín.
Cuando Rockefeller vio el mural, en estado ya muy avanzado, le exigió a Rivera que retirara la figura del fundador y personaje cumbre del Partido Comunista. “Es mi mural” sentenció el mexicano. “Sí, pero está en mi pared” le contestó el magnate. Ambos adoptaron posiciones totalmente intransigentes y finalmente Rockefeller indemnizó al pintor y mandó destruir el “infame” mural.

Afortunadamente, la obra había sido filmada durante su elaboración, se habían tomado numerosas fotos desde distintos ángulos y además estaban los bocetos. Rivera regresó a México maldiciendo y denostando al magnate y decidido a que su creación no debía morir, la replicó en el tercer piso del Palacio de Bellas Artes del Distrito Federal.

 Le hizo varias modificaciones y se desquitó pintando a la señora de Rockefeller junto con una prostituta jugando a las cartas, también agregó la figura de Charles Darwin. Del lado derecho, no solo quedó Lenin, agregó también a Marx, Engels, y Trotsky.

El mural se extiende sobre una superficie de 4,46 x 11,46 metros y es una joya del arte pictórico y un desafío para todos los que pretenden negar la evolución de los procesos históricos. Ahora se llama “El hombre controlador del Universo”.


                           El hombre controlador del universo

Desmond Rochfort. Mexican Muralists. Laurence King Publishing. London 1993.
Rachel y Josh. El muralismo mexicano. El hombre controlador del universo: un análisis. http://rachel-y-josh.tumblr.com/post/130108487588/el-hombre-controlador-del-universo-un-an%C3%A1lisis


viernes, 30 de junio de 2017

LOS CUARENTA BRAMADORES

El estigma
A bordo de un carguero de la Marina de Guerra dos personas conversan sobre cuestiones marítimas. Uno de ellos es un civil que integra la pequeña lista de pasajeros de la nave. El otro es un oficial de la Marina y es parte de la tripulación. Durante el diálogo el primero menciona el nombre de Vito Dumas. Inmediatamente el oficial más en serio que en broma lo interrumpe diciéndole: “Aquí en la Marina está prohibido mencionar ese nombre porque es mufa, trae mala suerte”.

Durante los últimos años de su vida Vito Dumas cargó con esta mancha con que fue estigmatizado injustamente, producto de la envidia, los celos y el odio de sectores mezquinos y clasistas de nuestra sociedad. Han transcurridos 51 años de la muerte del máximo deportista que tuvo la Argentina y como las nuevas generaciones saben muy poco de este personaje y sus hazañas, escribo esta semblanza en su memoria.

                         Vito Dumas (1900-1965)

El deportista solitario
Dumas tenía 42 años cuando se lanzó a la máxima aventura naval de la historia: la vuelta al mundo en un velero de nueve metros y medio de eslora (largo) y 3,30 metros de manga (ancho). Tenía a su favor un físico excepcional, una experiencia náutica enorme y el conocimiento de las rutas y de las dimensiones de la Tierra. Contaba además con un sextante para determinar la ubicación en el mar. El GPS, mediante navegación satelital, llegaría décadas después. En esto aventajaba a Magallanes, quien en el siglo XVI fue el primero en hacer la circunnavegación del planeta, lanzándose hacia lo desconocido y utilizando el astrolabio, pero la gran desventaja de Dumas era que había decidido realizar esta ciclópea aventura en completa soledad.

No tendría con quien compartir dudas, angustias y peligros y no recibiría ayuda si sufría algún accidente. Dumas era un deportista solitario. Era también un excelente nadador que había realizado 5 intentos de cruzar el Río de la Plata a nado. No lo logró, pero consiguió el record mundial de permanencia en el agua.



La gran aventura
El 27 de julio de 1942, Dumas leva anclas en su velero LEHG II, lo hace desde Montevideo porque la Prefectura no le otorga el permiso, no se sabe si por temor o por presiones extrañas. Patrocinó el viaje un grupo variopinto constituido por el YMCA (Young Men Christian Association) de Buenos Aires, la revista El Gráfico, un almacenero del bajo Belgrano y los timoneles del Club Náutico Buchardo.

El yate está cargado con provisiones para un año: 400 botellas de leche esterilizada, leche chocolatada, veinte kilos de harina de lentejas, arroz, garbanzo, arvejas, diez kilos de yerba mate, latas de aceite, 80 kilos de corned-beef, manteca salada, chocolate en barras, leche condensada, 70 kilos de papas, 5 de azúcar, frutas confitadas, mermeladas, tabaco para pipa, cigarrilos, cajas de fósforo, galletas, botiquín de primeros auxilios, dosis de vitaminas A, B, C, D y K, glucosa para la falta de calorías y 400 litros de agua.

La idea era seguir por el paralelo 40, llamada también ruta de la muerte, porque quienes lo intentaron perecieron durante la travesía. La primera escala es en Ciudad del Cabo donde ancla 55 días después de la partida. El viaje resultó una pesadilla para Dumas, no por el clima sino porque se le infectó el brazo derecho que lo tuvo inutilizado durante días con fiebre, dolor e incapacidad para maniobrar adecuadamente el velamen.

Permanece en Ciudad del Cabo durante un mes para recuperarse y hacer reparaciones en la nave y el 14 de septiembre parte hacia Nueva Zelanda. La segunda guerra mundial estaba en su apogeo y el Pacífico era una de las zonas más calientes. Pocos meses atrás habían tenido lugar dos batallas marítimas decisivas: la de Midway y la del Mar de Coral, que determinaron la supremacía naval de Estados Unidos sobre Japón. El mar esta infestado de submarinos, barcos y aviones que no ven el velero de Dumas o no le dan importancia. El conflicto le pasa muy cerca sin que él se dé cuenta. Había partido asqueado de la guerra y tratando de escapar de un mundo en llamas. ”Voy en esta época materialista, a realizar una empresa romántica, para ejemplo de la juventud”, había dicho al partir de Buenos Aires.

Llega al puerto de Wellington en Nueva Zelanda después de 104 días de navegación, ya está metido de lleno en la “ruta de la muerte”, que Dumas llama “los cuarenta bramadores”, por los vientos y tormentas que lo caracterizan y que sirvió de título a su libro donde relata el viaje de circunnavegación.

Después de 33 días en Wellington parte hacia Valparaíso. La inmensidad del Océano Pacífico es sobrecogedora para todos los navegantes que lo transitan en veleros. Son muchos días donde se alternan fuertes tormentas, con períodos de una calma exasperante donde ni la más leve brisa infla las velas. Dumas atraviesa por todas esas vicisitudes, incluyendo una noche entre ballenas: “… en el instante de asomarme por la camareta quedo paralizado: me invade, me domina un escalofrío. En el primer momento, no sé si el barco esta sobre una roca. !No El Lehg II está tratando de abrirse camino entre dos ballenas. Al tomar un pequeño impulso, quiere trepar sobre el lomo de una de ellas y luego cae. Los segundos son angustiosos, interminables. … El Lehg II se ha metido en un lío, y espero que se las arregle. No quiero moverme, porque acaso sobresalte a esos dos monstruos. El barco, dócilmente, con una lentitud que aterra, se abre camino por su cuenta y va dejando los obstáculos. Respiro. El corazón torna a su ritmo”.

Finalmente después de 71 días de navegación llega al puerto de Valparaíso habiendo recorrido 5798 millas (9331 kilómetros). En Chile es calurosamente agasajado, hasta por el presidente de la República, que le brinda una cena de honor. El 30 de mayo Dumas zarpa rumbo al cabo de Hornos. El día de la partida varios amigos tratan de disuadirlo y otros lo miran como a la persona que va hacia un destino fatal.

La realidad es peor de lo que él imaginaba, durante el descenso por el mar de Chile, el LEHG II estuvo a punto de zozobrar en varias oportunidades, solo su enorme experiencia y el peso de una quilla de 3500 kilos impidieron que la nave diera una vuelta de campana. Olas gigantes se descargan sobre cubierta y Dumas asfixiado y sin aire se abraza al mástil para no caer al mar. Aterrado ve como lentamente el LEHG II se va recuperando durante un tiempo que le parece interminable hasta ponerse nuevamente horizontal. Cuando puede timonear, vientos helados y granizo le azotan el rostro mientras sus manos insensibilizadas por el frío tratan de controlar el timón. 
Estando en su camarote un violento bandazo le estrella la cabeza contra la pared opuesta, dejándolo inconsciente varios minutos. Al recuperarse ve que sangra profusamente de la nariz porque se le ha roto el tabique.

El peaje que le cobra el cabo de Hornos es muy alto, pero el barco ingresa intacto en aguas del Atlántico y por primera vez Dumas tiene la convicción de que cumplirá su propósito de dar la vuelta al mundo. El clima se torna benévolo y el 7 de julio llega al Puerto de Mar del Plata donde nuevamente lo reciben como el héroe que acometió una misión imposible. 

Las noticias llegan a Buenos Aires donde arriba el 8 de agosto de 1943, después de un año y treinta y seis días. Una multitud de cincuenta mil personas lo recibe.

                           Sello postal de 1968 en homenaje a Vito Dumas

La soledad
Pero había grupos oscuros que se resistían a aceptar su popularidad. La aristocracia náutica del Yacht Club Argentino, no podía aceptar que un navegante con tal proeza realizada, no haya salido del ámbito de su institución. Para gente tan mezquina, Dumas era un representante de la plebe que ni siquiera tenía título secundario y que había osado profanar su feudo convirtiéndose, además, en la figura más popular del momento.

No había forma de atacarlo por ningún ángulo, porque tanto su persona como su trayectoria deportiva eran impecables. Alguno tuvo la ocurrencia de ponerle el rótulo de mufa y sabemos que cuando alguien es marcado con ese baldón, es muy difícil sacárselo de encima. Fue una conspiración rastrera, pero exitosa, que perduró hasta fines del siglo XX. La prohibición de mencionar su nombre se enseñaba, en los cursos de instrucción, junto con los primeros rudimentos náuticos.

Pronto se agregaron los integrantes de la Armada Argentina, exasperados porque el gobierno de Perón en 1949 lo nombró Teniente de Navío de la reserva de la Armada y le ofreció la dirección de una flamante Escuela de Náutica Deportiva. Fue un gesto de reconocimiento, pero también constituyó una provocación de Perón a esa fuerza que lo detestaba. Dumas que de política entendía poco aceptó el cargo y cándidamente cayó en la trampa.

Murió pobre y en soledad el 28 de marzo de 1965. Actualmente hay placas recordatorias, nombres de calles, sellos postales y monumentos a su memoria y en el museo náutico de la Armada en el Tigre, se encuentra en exhibición permanente el LEHG II. He visitado ese museo en varias ocasiones y siempre me detengo a contemplar la nave. Al observarla tan pequeña siento una profunda admiración por su timonel que en soledad, circunnavegó el globo.


                            El LEHG II en el Museo Náutico del Tigre

Hace 50 años moría Vito Dumas, el navegante solitario. Deportes Télam, 28/03/2015. http://deportes.telam.com.ar/notas/201503/99619-hace-50-anos-moria-vito-dumas-el-navegante-solitario.html
Marina Garber. A través de los mares imposibles. El Arca 52. http://www.elarcaimpresa.com.ar/elarca.com.ar/elarca52/notas/dumas.htm
Vito Dumas. Los Cuarenta Bramadores. Editorial Juventud.


sábado, 24 de junio de 2017

CIEN METROS

Cuando la fuerza de voluntad supera la incapacidad física

Ramón Arroyo es un madrileño de 45 años de edad que tiene dos hijos de su matrimonio con Imna. Su aspecto físico es excelente y tiene la configuración de un atleta, como resultado de una intensa actividad deportiva, y si bien le agrada el deporte no es fanático como para justificar una práctica de varias horas diarias durante 6 días a la semana.


Es que detrás de esa imagen que rebosa salud, padece esclerosis múltiple (EM), una enfermedad autoinmune donde las vainas de mielina que forman la cubierta protectora de los nervios, se destruyen en distintos niveles del sistema nervioso produciendo trastornos motores y sensitivos. Esta afección evoluciona por brotes, cuya aparición y duración es impredecible.

El mundo de felicidad y estabilidad laboral de Ramón empezó a derrumbarse hace 14 años en forma muy sutil, y esta es una característica de la EM. Estando de vacaciones en el mar, el cigarrillo se le cayó de la mano. En ese instante no le dio importancia, pero el fenómeno volvió a repetirse. 

Días después notó disminución de fuerza en las manos y en una pierna, si tomaba un objeto sabía lo que era porque lo estaba viendo, de lo contrario no podía identificarlo por la pérdida de estereognosia (capacidad de identificar por el tacto las características de un objeto).

El cuadro clínico era lo suficientemente claro como para establecer el diagnóstico de EM, que le fue confirmada mediante estudios especiales de laboratorio. Los primeros médicos no fueron contemplativos y la empatía no formaba parte de sus virtudes. Uno le dijo que su enfermedad era incurable, lo cual era cierto, pero no le ofreció ninguna herramienta farmacológica o de estilo de vida que pudiera retardar la evolución y mejorar los síntomas. 

Cuando le preguntó a otro médico si el ejercicio físico podría servir, éste le sentenció que no llegaría a caminar cien metros. ¡Cien metros!, las palabras le martillaban la mente mientras se alejaba del consultorio, cien metros era la distancia desde la puerta de su casa hasta la parada del ómnibus.

Ramón entró en un pozo depresivo, siguió fumando y empezó a engordar hasta transformarse en un obeso de 115 kilos. Ocultó la enfermedad en el trabajo y pudo mantener su cargo. A su novia Imna le contó lo que padecía y ella se transformó en un apoyo invalorable, pero él no reaccionaba ni cumplía adecuadamente con la medicación.

Así pasaron cuatro años hasta que nació su primer hijo, y cuando trató de levantarlo de la cuna, no pudo. Ese instante cambió su vida, llegó a la conclusión de que así como no había escogido tener EM, tampoco su hijo había elegido tener un padre deprimido e inútil.

Ramón se propuso demostrar que el médico estaba equivocado, abandonó el cigarrillo, compró una bicicleta ergométrica y empezó a pedalear. Una mañana, leyó un cartel en la puerta de su casa que decía: “Autobús a 100 m”. Recordó las palabras del médico y se propuso caminar los cien metros y otro tanto de regreso. Paulatinamente fue aumentando la distancia y recorrió un kilómetro, después cinco y empezó a participar en carreras populares. Al término de un año había perdido 30 kilos.

Buscando en internet encontró que había una categoría de triatlón para personas con EM. El triatlón es un deporte olímpico que consiste en realizar tres disciplinas: natación (1500 metros), ciclismo (40 kilómetros) y carrera a pie (10 kilómetros), en ese orden y sin interrupción entre las pruebas. Aumentó su entrenamiento hasta cubrir entre 6 y 8 horas diarias, distribuidas en bicicleta, natación y carrera, actividades que realizó seis días por semana.

Ramón dice que para realizar los ejercicios, además del esfuerzo físico tiene que tener la suficiente concentración mental para continuamente darle las órdenes a sus extremidades. La enfermedad le obliga a pensar los movimientos, que son automáticos para cualquier persona.

No se conformó con haber participado exitosamente en la prueba y se preparó para la IM4EM, (Ironman 4 para EM), que podría considerarse como un super triatlón ya que las distancias son: natación 3,8 kilómetros, ciclismo 180 kilómetros y carrera 42 kilómetros. La competencia se dio en Barcelona y Ramón partió a la madrugada, cuando apenas despuntaba el día, junto con decenas de atletas que como él padecían EM.

A la noche cuando faltaban pocos metros para llegar al término de la prueba, se le unieron Imna con sus dos hijos y los cuatro de la mano sonrientes y emocionados cruzaron la meta.


Ramón con su mujer e hijos que se le reunieron al llegar a la meta del IM4EM

Ramón lleva más de 3 años sin nuevos brotes gracias a la medicación, el ejercicio y el enfoque positivo que le dio a su vida. Siempre insiste que no está solo, que con su mujer y sus hijos forma un equipo y este es un aspecto muy importante ya que en el tratamiento de la EM la cohesión y el apoyo familiar son fundamentales. 

Ha escrito su autobiografía, da conferencias para pacientes con EM y recientemente se filmó una película sobre su vida.
En una entrevista dice: “No propongo que cada persona haga un Ironman. Un Ironman es una distancia. Propongo que cada uno se plantee su propio reto.”

Lejos, muy lejos quedó la advertencia de aquel médico que lo había condenado a caminar solo cien metros.

Bibliografía

-        Cristina G. Lucio. Ramón Arroyo: 'Todos tenemos una esclerosis múltiple particular'. El Mundo 4/11/2016.

-        Javier Ocaña. Lágrimas a la americana. El País, 03/11/2016.

-        Informe Robinson. El Reto de Ramón. https://www.youtube.com/watch?v=NbhWXiGQYsw, 02/11/2015