viernes, 28 de octubre de 2016

PELIGROSA INDIFERENCIA



Desde hace un par de meses me he puesto un pin que  tengo colocado en el lado izquierdo del pecho. Lo llevo a todas partes y consiste en una chapita redonda con fondo blanco donde se lee en letras bien grandes: Yo no lo voté. Con esto quiero dejar constancia que no me siento responsable de la catástrofe que ha generado el gobierno de Macri.

Es una pequeña forma de descargar mi angustia, una minúscula contribución, un pocillo de agua ante el océano mediático y avasallante que ejerce un blindaje sólido y protector al gobierno, que en forma acelerada, va retrocediendo todo lo que avanzamos en 12 años.

Lo interesante de llevar el pin es observar el comportamiento social de los habitantes de Buenos Aires. Yo no lo voté es bien visible hasta 4 metros de distancia si uno no es chicato. El tiempo que lo llevo puesto es suficiente para afirmar que los resultados son desalentadores y muy preocupantes, excepto algunos que sonríen, levantan el pulgar, dicen “yo tampoco” o preguntan dónde se consigue, la indiferencia es total. Preferiría que me criticaran o me largaran algún insulto, pero nada.

Esa indiferencia es grave porque señala desconocimiento de lo que está ocurriendo, por ignorancia o porque la propaganda mediática les oculta la realidad. No puede ser de otro modo, cuesta creer que no les perturbe que sus hijos y nietos van a cargar con una pesada herencia, pero no la que repite diariamente el gobierno actual, sino la que ellos están produciendo con el festival de préstamos que en solo 9 meses endeudó el país en treinta mil millones de dólares.

Les pasó desapercibido que Macri no solo no cumplió ninguna de las promesas electorales sino que hizo todo lo opuesto, porque hace rato que tendrían que haberse percatado que es un mentiroso serial sin límites.

No les incomoda que Pinocho tenga cuentas en múltiples paraísos fiscales o que su primo Calcaterra sea el destinatario de todas las licitaciones y que Michetti, la vicepresidenta se encuentra hasta las manos con las irregularidades de una fundación que es un sello de goma.



No les mueve un pelo que el presupuesto para ciencia e investigación sea recortado en 200 millones de dólares y que vamos a volver a la época de fuga de cerebros. ¿Es que acaso ignoran que la ciencia es indispensable para tener la pretensión de ingresar al primer mundo?

Les resulta indiferente que Macri le haya pedido disculpas a un ex rey corrupto y mediocre (despreciado en su propio país), porque nuestros próceres nos independizaron de España. Podría seguir y seguir, pero no quiero fatigar al lector.


Esa indiferencia es muy peligrosa y constituye una pobre imagen de nuestra sociedad, parece un ganado llevado pasivamente al matadero. Porque muchas de estas personas ya redujeron su poder adquisitivo, disminuyeron la calidad de la comida, los paseos y entretenimientos, las vacaciones y las salidas a comer afuera. Parecen estar resignados a ir perdiendo estatus y derechos, quizás reaccionen cuando pierdan el trabajo. Lo mismo ocurre con la cúpula de la CGT, a la cual el gobierno sin despeinarse y ofreciéndoles migajas se los metió en el bolsillo, pero al menos éstos actúan por conveniencia, porque les pasaron dinero bajo la mesa o los amenazaron con quitarles prebendas. Peor es ser indiferente por naturaleza, por un no sé nada o no me importa. Alguien dijo que la indiferencia es uno de los peores enemigos de la democracia.
La indiferencia en nuestra sociedad no es un fenómeno nuevo. Recuerdo cuando muchos salieron a festejar bocinando sus autos y agitando banderas cuando en el mundial de España de junio de 1982, Argentina le ganó a Hungría 4 a 1. Grotesco contraste con nuestros soldados de 18 años sufriendo el frío y el hambre en las trincheras de Malvinas, bajo el bombardeo inglés como consecuencia de la perversa guerra desatada por el borracho de Galtieri. Después, en la segunda ronda, perdimos contra Brasil y semanas más tarde vino la doble derrota, la deportiva y la de Malvinas, y los argentinos lentamente nos fuimos enterando de la gigantesca mentira que vivimos durante 6 años de atroz dictadura.


Afortunadamente la semana pasada, la masiva muchedumbre del “ni una menos” contra los femicidios, trajo un viento de esperanza, mostrando que hay sectores de la sociedad con reflejos.

A esta altura tengo que aclarar que todo este relevamiento que hice, en dos meses de llevar el pin, se circunscribe a menos del 10% de la población que me rodea, el 90% restante está fascinado y absorbido con mirada bovina sobre sus celulares y para ellos yo no existo. 

Todos son smart phones, ya nadie usa los modelos anteriores. En primer lugar porque es un quemo, en nuestra cholula sociedad nadie quiere ser mirado con lástima por el tipo de al lado, o peor aún que algún caradura le diga: “flaco eso que estás usando es antediluviano”. Pero además porque ofrece posibilidades infinitas de información. 

Sin embargo la mayoría está enfrascada en juegos, wasap, mensajes, facebook, twitter, snapchat, etc. Hay una necesidad desesperada por comunicarse, no importa el tamaño de la boludez que se transmita.


Muchas veces me puse a pensar cual sería la reacción de una persona que totalmente ajena a la colonización celular, la sacamos de su hábitat de vida ermitaña y la metemos en un medio de transporte. Se quedará observando pasmado que todos están mirando y tecleando febrilmente sobre la superficie de la pantalla de una caja plástica del tamaño de una agenda pequeña. Una imagen futurista de un mundo de zombies.



A pesar de todo voy a seguir usando el pin e invito a los demás a que me imiten. Si uno de cada mil argentinos lo llevara el resultado puede ser sorprendente. Es mucho más digno que los patéticos timbreos que Macri y su gabinete realizan en los barrios.


Sería una excelente demostración de repudio a este nefasto gobierno.

2 comentarios:

  1. muy buena idea Rocardo, pero mi decepcion ya es muy grande, como vos decis, gana la indiferencia, es lamentable!

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  2. Muy interesante. Yo no ando con el pin pero coincido en que hay letargo e indiferencia en mucha gente.

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