viernes, 14 de octubre de 2016

EL GRAN CHAPLIN

Este relato sobre la vida de Charles Chaplin no pretende ser exhaustivo. Para el lector que quiera incursionar en su vida familiar y sus diversos matrimonios recomiendo su autobiografía que es excelente. Aquí voy a desarrollar sobre cómo nació el personaje, sus películas, su filosofía de vida y los conflictos por razones políticas que tuvo con el gobierno de Estados Unidos.


                   Charles Chaplin (1889-1977)

Decir que Charles Chaplin tuvo una infancia dura sería emplear un término benévolo. En el Londres de finales del siglo XIX la vida era muy difícil y más para sus padres, artistas del music-hall que vivían precariamente, pero la situación del muchacho empeoró al morir su progenitor de cirrosis alcohólica cuando él tenía 12 años. 

Ya por entonces su madre Hannah, entró en un estado de desnutrición grave por privarse de alimentos para que sus dos hijos Charles y Sydney comieran. Esto le produjo varios episodios demenciales que requirieron internación en institutos públicos de salud mental.
                                         El niño Chaplin en Inglaterra

Chaplin se volvió un vagabundo que pernoctaba donde podía, incluyendo asilos y escuelas para huérfanos. Pero él estaba decidido a ser actor y después de incursionar en compañías menores logró ingresar, gracias a su hermano Sydney, a la empresa teatral de Fred Karno. 

Su primera actuación en la comedia “El partido de fútbol” mostró las dotes incipientes del que se transformaría en el genio del arte escénico. A partir de ese momento, si bien su economía era ajustada, nunca más volvería a conocer la miseria.

Con Karno realizó una extensa gira por Estados Unidos con resultados variables, pero en una de las salas de Nueva York donde actuó, asistieron dos personajes que cambiarían su futuro, uno era Mack Xennett, presidente de la firma cinematográfica Keystone y su ayudante Mabel Lombard. 

Keystone producía cortos del cine mudo donde abundaban las acciones de bañistas y policías, basados en corridas, gesticulaciones exageradas, palos y peleas con tartas de crema. Xennett y Lombard coincidieron en que Chaplin se ajustaba al estilo que a ellos les estaba dando buenos resultados.

Es así que en el segundo viaje que la compañía Karno realizó a Estados Unidos, recibió un telegrama para que se presentara en los estudios Keystone en California. Si el encuentro con Karno lo sacó de la pobreza, el ingreso a Keystone lo llevó a la fama y a una riqueza como jamás hubiera imaginado. Era el año 1913 y Chaplin tenía 24 años.


Chaplin en los tiempos en que ingresó a la compañía de Max Xennett

Sin embargo faltaba el personaje y este nació cuando Chaplin ingresó al vestuario de la empresa. Decidió vestirse en un estilo rayano en lo ridículo: pantalones excesivamente amplios, grandes zapatos y saco muy ajustado. Completó su atuendo con un sombrero derby y un bastón flexible. Al rostro solo le agregó un fino bigotito para parecer más grande de lo que era. Había nacido Charlot, el vagabundo aventurero de decisiones rápidas, mezcla de pícaro y romántico y de gran corazón. 

En muy poco tiempo esa figura daría la vuelta al mundo, se haría famosa en todos los continentes y figuraría en posters, tapas de revistas, muñecos, vasijas, tatuajes y remeras.
                                     Charlot

Charlot fue un personaje que no salió del cine mudo, Chaplin sabía que si hablaba perdería su encanto y se negó a todas las sugerencias para que ingresara en la filmografía parlante. Los largos metrajes de aquella época fueron éxitos rotundos y por razones de espacio se describirán solo El Pibe y Tiempos Modernos.

El Pibe (1921)
En general Chaplin siempre sacaba alguna idea ocurrente dela galera para el guión de sus películas, pero había ocasiones en que las musas no lo acompañaban y se pasaba días refunfuñando, deprimido e irascible. En una de esas circunstancias decidió ir al teatro para distraerse. 

En escena estaba un bailarín algo excéntrico, nada extraordinario, pero que al término de la función hizo ingresar a su hijo de solo 4 años para que lo acompañara en su saludo al público. El niño por su cuenta improvisó varios pases de baile que hizo estallar de risa y aplausos a la audiencia. Chaplin quedó fascinado con la personalidad del pequeño actor y movió cielo y tierra hasta lograr hacerlo participar en la película El Pibe (The Kid), una de sus más grandes producciones donde seguramente se inspiró y revivió los años miserables de su infancia.

El Pibe es una película sobre la vida en los callejones y en los inquilinatos de las grandes ciudades. A merced de los azares del destino queda tirado en cualquier basurero de barrio, un bebé abandonado por su madre en un arrebato de desesperación. Ella se arrepiente, pero ya es tarde para detener la cadena de eventos imposibles que llevan a que el niño caiga en manos de Charlot, el vagabundo, quien al principio se resiste a mantenerlo.

El guión salta 5 años y el niño (Jackie Coogan), que tiene esa edad, ya es un compañero inseparable de Charlot. Se suceden múltiples aventuras donde se destaca la escena dramática en que el pibe es arrancado violentamente de los brazos de Charlot y llevado en una camioneta hacia el orfanato. El vagabundo se desplaza por los techos y cuando el vehículo pasa frente a él cae dentro de la camioneta y lo recupera. Finalmente, su madre (Edna Purviance), convertida en una famosa actriz se reencuentra con el pibe en un final feliz.

En esta producción Chaplin es guionista, productor, director y co-protagonista, le costó medio millón de dólares y 18 meses de trabajo, pero formó parte de los más grandes éxitos de su carrera.
                            Escenas clásicas de El Pibe

Por entonces Chaplin estaba en tratativas de divorcio de su primera esposa Mildred Harris, quien durante el juicio intentó a través de sus abogados apoderarse de la película. Con dos ayudantes Chaplin se dirigió en auto a Salt Lake City con todos los rollos del film. En el hotel estuvieron varios días cortando y uniendo las partes hasta que una vez terminada esta etapa de la producción, la exhibieron en un teatro de la ciudad a sala llena. El público rió, lloró y ovacionó la película. 

Han pasado 95 años y todavía hoy se puede apreciar el clásico poster del gran cómico junto con el pibe, sentados en el umbral de una puerta, absortos y pensando cómo sobrellevar el resto del día.

Tiempos modernos (1936)
Esta película es un alegato lapidario contra el capitalismo salvaje, que Chaplin, siendo hombre muy ilustrado y de gran intuición, percibió inmediatamente el rumbo despiadado que tomaba la relación entre patrones y obreros en los Estados Unidos.

La primera escena de la película es la aguja de un gran reloj que gira hasta llegar a las 6 y una muchedumbre que emerge de la boca del subterráneo y se dirige a la fábrica formando una fila. Todos los obreros son iguales, no hay sutilezas y trabajan para obtener los medios básicos para subsistir. El obrero profesional es sustituido por el obrero masa recién inmigrado y no organizado y Charlot es uno de los tantos que trabaja en la línea de montaje. Su actividad consiste en ajustar tuercas que se van deslizando por una cinta sinfín. Tiene que moverse rápido, de lo contrario el obrero que le sigue va a martillar una tuerca que no está ajustada.


                       En la línea de montaje

La escena es cruel e inhumana para el espectador, que imagina esta actividad robótica de Charlot durante horas. Pero Chaplin le pone más dureza a la situación al incorporar en la escena al empresario. Éste se encuentra en un escritorio con vidrios blindados que impiden que el ruido de las máquinas llegue a sus oídos. Cada tanto mira una serie de pantallas que muestran los distintos tramos de la actividad. Considera que la producción está atrasada y le ordena al capataz que aumente la velocidad de la línea de montaje. 

Charlot pierde el ritmo y es sacado del lugar, pero se encuentra alienado y sigue moviendo los brazos como si continuara ajustando tuercas. Una vez en la calle ve a una señora con grandes botones en el saco y los confunde con tuercas, lo que genera una respuesta violenta de la mujer. 

Chaplin se adelantó a Fellini en el estilo tragicómico, hay escenas hilarantes y otras cargadas de dramatismo.
Como compañera de Chaplin actuó Paulette Godard que junto con Charlot configuran el papel de una pareja que no encaja en esa sociedad y vive al borde de la miseria. Por entonces Godard se había convertido en la tercera esposa del genial actor.

Por la gran actuación de Chaplin, por su creatividad y sobre todo por la denuncia de las condiciones laborales, Tiempos modernos no solo no sufrió deterioro alguno a lo largo de las décadas y pese a ser una versión muda, forma parte de las grandes obras de la cinematografía universal.

Las películas sonoras: El gran dictador (1940)
Cuando se estrenó El Gran Dictador, Hitler ya estaba en el poder, Europa estaba en guerra, Polonia había sido invadida, Francia acababa de capitular y Goering se aprestaba a iniciar los bombardeos sobre Londres. 

A todo esto, la sociedad norteamericana estaba sumida en un letargo casi indiferente, Hitler era anticomunista, se lo consideraba una barrera contra la Unión Soviética y además estaba lejos. Incluso un sector importante de la población miraba al nazismo con simpatía.

Sin embargo, el agudo olfato de Chaplin había detectado la terrible amenaza de la dictadura nazi, desde que Hitler subiera al poder. La propaganda alemana en Estados Unidos era muy fuerte y se ignoraba el destino atroz que estaban sufriendo los judíos y otras etnias en los campos de concentración.

Chaplin se jugó a fondo y decidió hacer una parodia de Hitler. El riesgo era grande por dos motivos: era la primera filmación sonora que emprendía y con eso daba por finalizada su experiencia en el cine mudo donde jamás dejó de tener éxito. Pero tanto o quizás más importante era el momento histórico en que realizó su obra.

En El gran dictador Chaplin se propuso desenmascarar a ese personaje siniestro ridiculizándolo, y nadie mejor que él para alcanzar ese objetivo. Pero también quiso llamar la atención sobre el lenguaje político de Hitler, una mezcla de slogans, palabras vacías y cargadas de amenazas. 

Las multitudes quedaban impactadas ante la gestualidad histriónica del Führer y la sonoridad de sus discursos que por momentos se transformaban en alaridos. El pueblo alemán estaba fascinado por el ritmo y la sonoridad de sus frases, que por sus significados, se trataba de pura manipulación, de disciplinamiento social que el régimen manejaba con increíble destreza. Así pues, Chaplin tuvo la genialidad de retratar dos de los rasgos más característicos del fascismo en general y del nazismo en particular: represión y manipulación.


                         El Gran Dictador

Cuando Chaplin estrenó El gran dictador las reacciones no tardaron en llegar. Los ataques más virulentos provinieron de la cadena de periódicos de William Randolph Hearst, decididamente pro-germánicos. La Liga Nacional de la Decencia, por su parte, incitó a que se prohibiera una película que, en su opinión, era indecente. En 1941 el Senado Norteamericano creó un subcomité, que recomendó la prohibición, entre otras, de El gran dictador que, según ellos, incitaba a la guerra.

Poco a poco se fue formando contra Chaplin la imagen de que era comunista. Fue una maniobra perversa en la que participaron muchos envidiosos de su éxito y su talento, más los idiotas útiles que asimilaron sin capacidad de análisis, las informaciones tendenciosas de no pocos medios.


                      Oona O’Neill (1925-1991), su última y definitiva esposa

Chaplin nunca fue comunista y era apolítico, pero realizó una intensa campaña para que los aliados abrieran un frente occidental y frenaran el desangrado que estaba sufriendo la Unión Soviética luchando sola, ante la pasividad de los Estados Unidos. En sus discursos sobre la guerra dijo una frase emblemática: “El futuro de la democracia se está jugando en las estepas rusas”.

Cuando los Estados Unidos entraron en la guerra después del ataque japonés a Pearl Harbor en diciembre de 1941, cambió súbitamente el estado de ánimo de la sociedad norteamericana y El Gran Dictador inició una larga serie de exhibiciones exitosas. En algunos países como España, se pudo ver recién en 1976 después de la muerte del dictador Franco.

Cuando sobrevino el macartismo, el país entró en una psicosis colectiva y finalmente, el Director del FBI John Hoover, quien desde hacía varios años se la tenía jurada a Chaplin, impidió su reingreso a los Estados Unidos cuando volvía de Inglaterra para el estreno de Candilejas.

Mientras tanto, su incursión en el cine sonoro fue tan exitosa como en el mudo lo que demostró la versatilidad creativa de Chaplin. Entre esas filmaciones se destaca Monsieur Verdoux, una obra de arte que sigue siendo analizada por los grandes directores contemporáneos.

En 1972, regresó a Estados Unidos para recibir un homenaje de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas donde se le otorgó el premio Oscar Honorífico ante una audiencia que lo aplaudió de pie durante 12 minutos. Chaplin que tenía 83 años solo atinó a decir: «Las palabras parecen tan insignificantes, tan inútiles. Sólo puedo decir que... gracias por el honor de ser invitado aquí, y... ¡oh!, son gente maravillosa y dulce, gracias».

Charles Chaplin. Autobiografía. Pocket Books, New York 1966.
Enrique Posada. El Pibe. El espectador imaginario. http://www.elespectadorimaginario.com/el-chico/
María Laura Nápoli. Tiempos Modernos. El trabajo en los tiempos modernos. Una mirada psicosocial. Ética y Cine. 2/8/2012. http://www.eticaycine.org/Tiempos-Modernos
Álvarez LA. Los 50 años de El Gran Dictador, las dos caras de Chaplin. Credencial Historia. http://www.banrepcultural.org/node/32716
Martínez TV. El Gran Dictador. Cine Historia. http://www.cinehistoria.com/el_gran_dictador.pdf


3 comentarios:

  1. Oswaldo C de Maryland17 de octubre de 2016, 9:06

    Magnifica tu resena hitorica sobre Chaplin, Ricardo.

    Pasando a otro tema, ya hay oficialmente un santo gaucho:

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  2. Oswaldo C de Maryland17 de octubre de 2016, 9:06

    Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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