sábado, 22 de febrero de 2014

EL SAQUEO MÁS GRANDE DE LA HISTORIA

El reducido cortejo se dirigía hacia el sur y estaba constituido por un grupo de indios del imperio Inca que transportaban en literas a tres españoles de las fuerzas de Francisco Pizarro. Dos de ellos, Martín Bueno y Pedro Martín de Moguer eran marineros analfabetos y el tercero era el notario (escribano) Juan Zárate. Se dirigían de Cajamarca a Cuzco, una distancia de casi 2000 kilómetros entre picos nevados, precipicios y valles. Tardarían semanas en llegar, pero esto no preocupaba a los tres hombres que eran transportados cómodamente, cuidados y alimentados, por los indios relegados prácticamente a la condición de esclavos.

                          Francisco Pizarro (1471? – 1541)

Para explicar tan absurda situación tenemos que retroceder al momento en que Francisco Pizarro, logró con un puñado de 168 hombres secuestrar en maniobra audaz y sorprendente al emperador Atahualpa. Con la aprobación del sacerdote Valverde que les dijo: “Matad que os absuelvo” y al grito de guerra: “¡Santiago!”, Pizarro y varios de sus hombres en una carga de caballería arrancaron al emperador inca de su litera y lo hicieron prisionero. 

El ejército inca quedó moralmente destrozado, su rey, el hijo del Sol, había sido atrapado por esos barbudos blancos. Atahualpa para salvar su vida, ofreció un rescate consistente en una habitación llena de oro. A partir de entonces, todos sus súbditos se abocaron a buscar el dorado metal por todos los confines del imperio. Para acelerar el proceso, Pizarro mandó a estos tres hombres a que trajeran del Cuzco todo el oro y plata posibles.

                  Captura de Atahualpa

Extraños en tierra extraña, los tres españoles fueron los primeros europeos en ver el mundo andino intacto, un mundo con una civilización floreciente y un orden y equilibrio socio-económico no imaginable en ninguna sociedad europea. Cuando llegaron a Cuzco, resguardada en una ladera que se abría sobre un extenso valle a 3500 metros de altura, los europeos quedaron deslumbrados y manifestaron que era tan bella y con edificios tan buenos que serían notables hasta en España. En lo alto de una de las cumbres que presidía la ciudad, se erguía la imponente fortaleza de Saqaywaman, cuyos muros estaban construidos con gigantescas piedras tan bien encajadas que entre las uniones no podría penetrar la punta de un cuchillo.

El minúsculo grupo tomó posesión de la ciudad de Cuzco en nombre de su Majestad, el rey Carlos V. Juan Zárate, el notario, se encargó de redactar un documento y lo firmó con rúbrica y sello ante una multitud de indios curiosos, que no imaginaban que su ciudad que habían construido durante décadas, pasaba súbitamente a ser propiedad de un monarca desconocido, situado al otro lado del mundo.

El general Quisquis, uno de los hombres más brillantes de Atahualpa, tenía ocupada la capital con treinta mil guerreros y aunque hubiera podido eliminar instantáneamente a esos usurpadores, debió tragarse su orgullo, ya que Atahualpa había ordenado que la función de los extranjeros era recoger todo el oro posible. Tuvo que permitir que los españoles entraran en el recinto más sagrado de los incas, el templo del sol de Qorincacha. 

Los dos marineros y el notario, ajenos e indiferentes a la cultura inca y solo preocupados por saquear todo cuanto pudieran lo antes posible, ingresaron en el templo y se abrieron paso a empujones entre los presentes. Con la ayuda de palancas de bronce fueron arrancando las placas de oro que cubrían las paredes ante los horrorizados y enfurecidos sacerdotes. Cada placa pesaba cerca de dos kilos, lo suficiente como para comprar una carabela y equivalía a nueve años de salario para aquellos marineros.

Extrapolemos los hechos a la actualidad, e imaginemos que ingresan al Vaticano un grupo de facinerosos que ante la mirada azorada del Papa y su séquito de cardenales comienzan a embolsar todas las reliquias de la Iglesia de San Pedro.

Cuando todo este tesoro regresó a Cajamarca, los españoles habían recolectado cerca de veinte mil kilos de oro. Pizarro ordenó fundir a toda aquella riqueza para transformarla en barras. Al fuego fueron a parar las estatuillas de dioses, el collar de la novia, el brazalete de la esposa, platos, bandejas, ánforas y copas. Onza a onza, los objetos más exquisitos creados por los artesanos del imperio fueron arrojados a los moldes para hacer lingotes, ante la mirada inyectada de codicia de aquellos españoles que ya se sabían los hombres más ricos del mundo. Actualmente, los museos de Perú conservan escasas obras en oro de la civilización Inca, casi la totalidad formó parte del saqueo más grande de la historia.



                    Tortura y muerte de Atahualpa

Pizarro no cumplió su promesa e hizo matar a Atahualpa. Luchas entre facciones de los españoles y posteriores ataques de los indios, hicieron que muy pocos de los 168 hombres que acompañaron aquella expedición pudieran disfrutar de sus riquezas mal habidas, ni siquiera el propio Pizarro que fue asesinado por una facción de los hombre de Almagro.

El oro y la plata proveniente de América, en lugar de ser una bendición fue una condena para España, creyeron que ese flujo sería eterno. Su monarquía y burguesía carecieron de grandeza y de visión de futuro y España no pudo subirse al tren de la Revolución Industrial quedando rezagada durante siglos en relación con el resto del continente. Ver: Gloria y decadencia de España 

Fuentes
Kim Macquarrie. Los últimos días de los incas. Inkaterra, Perú 2013.

William Prescott. History of the conquest of Peru. Lippnicott, Philadephia, 2009.


10 comentarios:

  1. una genialidad esta nota, breve, concisa, contundente y veraz, gracias Ricardo!

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  2. Si uno lee La Conquista de México por el español Salvador de Madariaga, Hernán Cortez es la madre Teresa

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  3. Muy bueno, Ricardo! Nunca resultan suficientes los esfuerzos por mantener viva la memoria del horror, saqueo, maltrato, asesinatos, violaciones, genocidio que perpetraron estas ( y otras) ratas contra los pueblos originarios latinoamericanos. Probablemente, si no hubieramos tenido que encajar, a sangre y fuego, dentro de los parametros "occidentales y cristianos" que nos fueron impuestos, hoy seriamos una potencia imbatible.Je, "Dia de la Raza", por favor...Gracias por tus aportes de siempre

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  4. Edith Fernandez Baggiani23 de febrero de 2014, 21:13

    Muy bueno, Ricardo!!. Hoy recordé este artículo ante una amiga, viendo los trozos del monumento a Colón apoyados en el suelo. No estoy de acuerdo con eso. Aunque repudio muy profundamente cómo fue hecha la conquista de América y esta elocuente nota tuya nos lo recuerda; como dice Paula K" nunca resultan suficientes los esfuerzos por (..la memoria del horror (...)". Gracias por tan valioso relato.

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    1. Yo tampoco estoy de acuerdo con desplazar monumentos y cambiar el nombre a las calles. Lo de Colón es una estupidez, todavía me da en el hígado que avenida del Tejar, un nombre tan lindo se llame Ricardo Balbín, puaj.
      Cariños

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  5. Hola. Muy buena Ricardo. Citando a Sacheri, debemos conservar el deber de la memoria, con todo lo que vivieron los pueblos originarios, desde la matanza española hasta la usurpación llevada adelante por Roca y Sarmiento. Ahora, por qué no están de acuerdo con el traslado del monumento a Colón? No les cae demasiado pesado que esté al lado de la casa de gobierno de nuestro país? Un lugar tan significativo. Gracias. Un abrazo.
    Jorge Palmeiro

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  6. Hola Ricardo, siempre leo tus notas, ésta, muy interesante respecto a la forma en que se realizó la Conquista del Perú. Sobran comentarios.

    Gracias por enviarme siempre tus notas.

    Saludos, desde Perú,

    Pepe
    P.D.
    Nos conocimos meses atrás en un viaje de Colonia a Buenos AIres

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  7. En la década del 50 y 60, después lo ignoro, no nos enseñaron casi nada en el colegio sobre la conquista del Perú y la de México

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    1. Es cierto, estudiamos griegos y romanos e historia de Europa, pero de los países vecinos de Latinoamérica, nada. Muy conveniente para ciertas mentalidades.
      ¡Grande Chávez y los Kirchner, que instalaron la idea de la Patria Grande! Juntos somos 600 millones, no nos para nadie.

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