sábado, 28 de abril de 2012

EL ROSTRO OSCURO DE LOS MEDICAMENTOS



Los medicamentos han salvado millones de vidas, pero a semejanza del dios Jano, tienen dos caras y aquí hablaremos del rostro oscuro de estos productos, o mejor dicho de sus fabricantes: los laboratorios.
Período de prueba y estudio
El fármaco que es lanzado al mercado, deja tras de sí años de investigación que comenzaron con la etapa experimental en animales seguida de 3 fases clínicas. La primera en un grupo reducido de voluntarios para probar la tolerabilidad y la seguridad. Siguen las fases 2 y 3, ésta última sobre varios miles de pacientes y una vez comprobada su seguridad y eficacia, el producto es lanzado al mercado. Exceptuando el período de investigación cuya duración es impredecible, las 3 fases clínicas insumen un tiempo aproximado de 5 años.
Complicaciones no detectadas durante la fase de estudio
 Sin embargo, a pesar de todas estas precauciones, ocurre que un fármaco debe ser retirado del mercado por presentar un efecto adverso grave no detectado durante las fases de prueba. ¿Qué había pasado? Se trata de un problema de estadística, cuando el medicamento entró a la venta había sido probado en algunos miles de individuos, pero al cabo de meses y a veces años, lo consumieron millones de pacientes y es cuando surge un efecto adverso con alta tasa de mortalidad.
En la última década debieron salir del mercado el antiinflamatorio rofecoxib, los adelgazantes sibutramina y rimonabant y el regulador de la motilidad intestinal cisapride, por citar algunos ejemplos. Recuerdo que para el rimonabant, el laboratorio Sanofi Aventis hizo una campaña de lanzamiento descomunal y a los pocos meses surgieron cuadros de depresión seguidos de suicidio que obligaron a retirar el producto.
Existen varios antecedentes de medicamentos que empezaron a producir efectos adversos alarmantes y el laboratorio retaceó la novedad a los entes reguladores que en los Estados Unidos es la FDA (Food and Drug Administration), hasta que llegó un momento en que la situación se hizo insostenible y el producto fue finalmente retirado del mercado por decisión de la FDA y a veces por el mismo laboratorio.

Ganancias exorbitantes
Los laboratorios gastan cientos de millones de dólares en investigación, elaboración y promoción de un fármaco, pero al término de varios meses o unos pocos años, recuperaron los gastos y el dinero comienza a ingresar a raudales. Según el médico catalán Joan-Ramón Laporte, quién formó parte del comité de la OMS, la industria farmacéutica es el tercer sector económico detrás de la armamentista y del narcotráfico.
Esto se debe en gran parte a que disponen de poblaciones cautivas ya que quién está medicado con un fármaco, sea para normalizar la presión o para reducir el colesterol, por citar sólo dos ejemplos, lo toman por el resto de sus vidas. Este aspecto se podría controlar mejor si los médicos evaluaran periódicamente la necesidad que tienen sus pacientes de continuar el tratamiento. Ya sea por desidia o por conveniencia (aspecto que se verá más adelante), muchos no lo hacen.
Una de las tantas plantas de Pfizer en el planeta, lider en facturación

Juego sucio
Considerando la masa de dinero que está en juego, es imposible pretender que los laboratorios sean “químicamente” puros desde el punto de vista comercial. Además de la competencia, el robo de fórmulas y el espionaje, existen aspectos más oscuros en el comportamiento de algunas empresas.
Uno de ellos es la propaganda directa de algún medicamento a través de los medios, especialmente la televisión. Pese a ser de venta libre, no está exento de producir efectos adversos. Esta costumbre no es ética.
Otro tema es el de los grandes prescriptores, así se llaman los médicos que recetan con alta frecuencia un determinado medicamento. El laboratorio que lo fabrica lo detecta inmediatamente, porque hay empresas dedicadas a pesquisar las recetas médicas de las farmacias e informar a los laboratorios acerca de quienes son estos interesantes candidatos.
El laboratorio utiliza técnicas seductoras con dichos profesionales, generalmente en forma de obsequios, viajes pagos a congresos internacionales, e incluso dinero en no pocos casos. Es así que muchos médicos, olvidando el juramento hipocrático, se ven tentados a persistir en un tratamiento que quizás el paciente ya no necesita.

El estigma de BAYER
Sin duda el momento más deplorable y siniestro en la historia de esta industria, fue durante la segunda guerra mundial, cuando laboratorios Bayer junto con una fábrica de pesticidas, produjeron el insecticida Zyklon usado por los nazis para matar en las cámaras de gas a millones de judíos a quienes evidentemente consideraban insectos.

                                             Envases conteniendo el gas Zyklon

El negocio de las estatinas
El de las estatinas es un caso interesante. Se trata de una familia de fármacos para reducir el colesterol que se encuentra a la cabeza en la escala de facturación. Esto se debe a que los trabajos científicos han ido reduciendo progresivamente el punto de corte o nivel aceptable de colesterol en sangre. De 150 miligramos x decilitro, considerado como límite máximo, este valor se fue reduciendo a lo largo de los años hasta llegar a 130 y si la persona tiene riesgo de enfermedad cardiovascular, se aconseja bajar la cifra a menos de 100.
Cada 10 puntos de reducción equivale a decenas de millones de personas que se incorporan al consumo de estatinas. Es por eso que en los Estados Unidos hace 10 años recibían estatinas 3 millones de personas, mientras que en la actualidad son 25 millones. Si bien en los individuos con enfermedad cardiovascular, las estatinas redujeron las complicaciones y la mortalidad, aún no está debidamente esclarecido si este salto descomunal logró el mismo efecto en personas sanas como para justificar la enorme carga económica que representa para el paciente y los sistemas de salud.
Muchos de estos pacientes podrían normalizar su colesterol con dieta y ejercicio físico y si esto fracasa, recién entonces se administrarán estatinas. Sin embargo, por reticencia del paciente a cambiar sus hábitos de vida o por conveniencia de los médicos, se adoptan las estatinas como primera opción.
Enfermedades no rentables
La industria farmacéutica no está dispuesta a invertir millones en descubrir vacunas o medicamentos sobre enfermedades que no sean rentables. Los laboratorios están lejos de considerarse instituciones de beneficencia. Un ejemplo es la enfermedad de Chagas, confinada a la América Central y gran parte de la América del Sur. Es un mercado potencial de millones de personas, pero por tratarse de poblaciones de bajos recursos no constituyen un negocio atractivo para la industria.
Es así que por razones económicas una empresa multinacional con sede en los Estados Unidos, decidió no fabricar más el benznidazol para los enfermos de Chagas, que sólo en Argentina son un millón. Para salvaguardar la salud de esta población y con criterio social, el Ministerio de Salud a cargo de Juan Manzur, en convenio con el laboratorio local Elea, inició su producción en nuestro país.

1 comentario:

  1. Muy cierto todo lo que se describe. Y hay mucho más. Por ejemplo que han logrado imponer la carísima Vacuna VPH, que no sirve para prevenir nada e interfiere con la autoinmunidad.
    ¿Cristina ignora que esa vacuna fue denunciada en todo el planeta?

    Todas las niñas desde los 11 años de edad, estarán obligadas (por la bestial campaña propagandística) a inyectarse una controversial y peligrosa vacuna, denunciada en todo el planeta por cientificos y medicos ya que causa MUERTE ESPONTANEA, o puede provocar entre otras cosas: Paralisis, infertilidad, convulsiones, dolores de cabeza, mareos, pérdida temporal de la visión y perdida de conciencia ante lo que parecieran ser ataques cuya naturaleza aún se desconoce.
    http://bolsonweb.com.ar/diariobolson/detalle.php?id_noticia=25326

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