lunes, 7 de enero de 2019

LA OBSESIÓN DE MEHMED


En el año 1453, del Imperio Romano de Oriente o Imperio Bizantino quedaban solo vestigios. El que otrora ocupara un extenso territorio había casi desaparecido por la avasalladora e imparable marea turco-otomana. Un punto perdido en el mapa señalaba que de todo ese imperio permanecía un bastión: la ciudad de Constantinopla, situada en una prolongación de tierra a orillas del mar de Mármara, una extensión del Mediterráneo. Hacia el este se inicia el estrecho pasaje del Bósforo que comunica con el Mar Negro. Hacia el oeste, una lengua de mar se introduce en el continente en una extensión de 7 kilómetros y con un ancho que no alcanza los mil metros. Este estuario fue un puerto ideal donde se refugiaban los barcos desde los tiempos de la antigua Grecia. Se lo conoce con el nombre del Cuerno de Oro y como se verá tuvo una participación crucial en la caída de Constantinopla.

                                    Mapa de la zona
             Si la ciudad era lo único que quedaba del Imperio Bizantino, no fue porque los turcos la respetaran, sino porque se la consideraba inexpugnable. Una gigantesca muralla flanqueada por tres hileras de fosos de gran profundidad, había resistido con éxito varios ataques turcos, hasta que llegó al poder el nuevo pachá Fetih que ascendió al trono como Mehmed II. Tenía tan solo 19 años, pero era ilustrado, inteligente, de voluntad férrea y también despiadado con todo aquel que se interpusiera en su camino. En una palabra tenía todos los atributos señalados por Maquiavelo en su obra El Príncipe.
                Su primera medida al ascender al trono fue ahogar a su hermano en un baño y luego acusó de asesino y ejecutó al hombre al cual el mismo Mehmed utilizó como sicario. Para amenguar su crueldad conviene agregar que la eliminación de hermanos era una costumbre habitual entre los turcos en las luchas por el poder.

                                  Mehmed II
                
                Desde un principio su obsesión fue triunfar donde su abuelo Bayaceto y su padre Murad habían fracasado: la toma de Constantinopla, ese grano incrustado en medio del creciente Imperio Otomano. Mehmed se pasó dos años estudiando el asedio y conquista de la ciudad y llegó a la conclusión que era imprescindible la construcción de un gigantesco cañón capaz de producir grandes boquetes en la muralla. Convocó al hombre con más experiencia en la fabricación de cañones, el húngaro Urbas, de religión cristiana, pero pragmático en materia de dinero y dispuesto a servir a ese sultán que le prometió una fortuna.
              Cuando el cañón, llamado la Gran Bombarda, quedó terminado, Mehmed ordenó iniciar la marcha hacia Constantinopla. La despedida fue una fiesta con participación de toda la población, cánticos, tambores y bailes, mientras el ejército comenzó a desplazarse lentamente. Se calculan que participaron alrededor de 150.000 hombres entre los que se encontraban fuerzas de elite como los jenízaros. Por su parte, Constantinopla contaba con menos de 10.000 hombres armados para defenderla y por lo tanto, toda la esperanza del emperador Constantino y su pueblo estaba cifrada en la muralla.
             Durante los dos años de preparativos Mehmed hizo construir alrededor de 100 naves entre barcos y galeras, que servirían no solo para el transporte de los soldados y la logística sino para bloquear  por mar  a nivel del Bósforo y en el mar de Mármara. Los sitiados no debían recibir ninguna ayuda material ni humana de Europa.
            Como la Gran Bombarda por su peso y tamaño no podía ser transportado por mar, el lugar de su fundición se ubicó en Adrianópolis, territorio en manos del Imperio Otomano situado a 225 kilómetros de Constantinopla. Esta creación descomunal de Mehmed, sin antecedentes en la historia de la artillería y que jugó un papel importante en la caída de la ciudad, merece unos párrafos sobre sus características. Medía aproximadamente 8 metros de longitud y su boca con un diámetro de 80 centímetros, podía lanzar bolas de piedra de 680 kilos a 1600 metros de distancia. 


                             La Gran Bombarda

              El monstruo pesaba 18 toneladas y decenas de bueyes lo arrastraron en varios carros. Durante el viaje fue precedido por centenares de peones y obreros encargados de regularizar el terreno y lo escoltaba un escuadrón de caballería distribuido en patrullas para protegerlo de cualquier ataque. Doscientos hombres mantenían con sogas el equilibrio de aquel demonio de bronce que oscilaba peligrosamente ante la menor desigualdad del camino.                       Finalmente, al término de 60 días de penosa lentitud, el diabólico engendro llegó a ponerse a tiro de las murallas.
Cualquier otro general se hubiera amilanado de encarar semejante empresa, pero Mehmed estaba hecho para afrontar todos los obstáculos que pudieran interponerse a su obsesión de tomar Constantinopla. Lo que no imaginaba es que acababa de dar origen a una nueva era en la historia de las guerras ya que la Gran Bombarda pondría fin a siglos de amurallar las ciudades.
            El 7 de abril de 1453 comenzó a disparar sus pesados proyectiles, mientras desde las almenas los soldados bizantinos observaban con horror cómo hacía gigantescos orificios en aquella muralla que tanto los había protegido de anteriores invasiones. La Gran Bombarda, por su complicada logística, no podía disparar más de diez proyectiles diarios, pero a cada rotura de la muralla se precipitaban cientos de turcos: Muchos de ellos caían por las bolas de fuego, el aceite hirviendo y las flechas que les arrojaban desde las almenas. Otros se enfrentaban en dura lucha con los defensores arengados por el propio emperador Constantino quien con su armadura y cota de malla combatía como un soldado más.
               Los días se sucedían y el número de muertos del lado otomano se estaba volviendo alarmante. Mehmed sabía que en el lado noroeste de la ciudad, las defensas y la muralla eran más débiles, pero para llegar hasta ellas había que penetrar por mar en el Cuerno de Oro. Esto era imposible porque una enorme cadena unía ambas costas e impedía la entrada al estuario. Además, como el estrecho no tenía más de setecientos metros de ancho, cualquier nave que se atreviera a ingresar estaba a tiro de los cañones de la muralla. El Cuerno de Oro era sin duda el puerto mejor protegido en toda Europa.
         Fue entonces que Mehmed concibió un plan sin parangón en la historia de las guerras y que demostraba su férrea e indomable voluntad. Él era un soñador que podía transformar los sueños más imposibles en realidades. La táctica, que a simple vista parecía irrealizable, consistía en arrastrar por tierra las naves en la costa opuesta, superar la cadena y los cañones posicionados en la entrada del estuario, volver a introducirlas en el agua, cruzar a la otra orilla, desembarcar los soldados y atacar la ciudad por la parte defendida débilmente.
        Las reglas de la náutica establecen que una nave solo se puede deslizar sobre el agua, sin embargo, durante la noche del 22 de abril que pasaría a los anales de los conflictos bélicos y de la audacia humana, setenta barcos fueron trasladados salvando montes, valles y bosques hasta depositarlos nuevamente en el estuario. Fueron arrastrados por miles de hombres y cientos de bueyes, montados sobre rodillos engrasados y todo en una sola noche.


                     Palma Le Jeune. Sitio de Constaqntinopla

                 A la mañana siguiente los habitantes de Constantinopla contemplaron horrorizados la presencia de toda una flota turca que en forma mágica se encontraba en el estuario descargando cientos de guerreros para atacar el flanco débil noroeste de la ciudad. Debieron frotarse los ojos hasta convencerse de que no se trataba de una pesadilla, sino de una espantosa realidad y que las fuerzas de Mehmed se estaban aproximando a las murallas entre gritos de triunfo, trompetas y tambores. Ahora los escasos defensores tenían que cubrir un nuevo flanco en detrimento de las otras partes cercadas.
           Es indudable que la moral de los defensores se debe haber desplomado ante esta visión, si el enemigo pudo introducir sus naves en el Cuerno de Oro en forma inexplicable, entonces ¡de qué no sería capaz! El otro factor que desmoralizó a los bizantinos fue la falta de apoyo de las grandes potencias. Francia, el Papado, Venecia y Génova no enviaron la ayuda prometida, pese a que todos ellos cacarearon sobre el peligro y consecuencias de la caída de Constantinopla, último baluarte del casi extinto Imperio Bizantino. Por otra parte, si esos países hubieran intentado enviar una flota para ayudar a los sitiados habitantes, se hubieran tenido que enfrentar con la marina turca desplazada a lo ancho del mar de Mármara.
          Un nuevo factor se agregó a favor de los turcos y fue el golpe de gracia final para los sitiados. Un grupo de soldados que se encontraban entre la primera y segunda muralla descubrieron que una puerta menor del muro interno, llamada Kerkaporta, estaba inexplicablemente abierta. ¿Sería una trampa donde los esperaba una nube de flechas? Cautelosamente se fueron introduciendo y encontraron que no había defensores, se trataba de un error fatal de los bizantinos. Pronto se introdujeron centenares de turcos y cuando los sitiados vieron al enemigo dentro de la ciudad, se les esfumaron las escasas esperanzas que le quedaban.
            El martes 29 de mayo de 1453, después de 52 días de asedio y múltiples asaltos, los sobrevivientes se rindieron. Tuvieron cuatro mil bajas entre ellas el propio Constantino y sus generales. Todos lucharon con enorme valor y hasta el agotamiento de sus energías, pero no pudieron contra la magnitud del ejército turco y de las tácticas innovadoras y geniales del sultán. Su ejército tuvo muchas más bajas que no fueron computadas por los historiadores otomanos, pero se calculan en varias decenas de miles.
Mehmed entró en la iglesia de Santa Sofía y deslumbrado ante su belleza la preservó intocable, pero la gigantesca cruz, cayó con fuerte ruido, de aquí en más sería una mezquita musulmana. Terminaba la Edad Media y nacía la Edad Moderna.

La Gran Bombarda turca: el cañón que derribó a Constantinopla. Armas.es. 21/06/2010. https://www.armas.es/actualidad/articulos/561-Armas/30936-la-gran-bombarda-turca-el-canon-que-derribo-a-constantinopla.html
Stefan Zweig. Momentos estelares de la humanidad. Editorial Juventud, Barcelona 2007.
Juana Moreno. La caída de Constantinopla: resumen. Unprofesor. https://www.unprofesor.com/ciencias-sociales/la-caida-de-constantinopla-resumen-1847.html
A. Carceller. La caída de Constantinopla. Los ojos de Hypatia, 09/07/2012

3 comentarios:

  1. Oswaldo C de Maryland8 de enero de 2019, 9:46

    Magnífica la historia de Mehmed y su enorme cañón, Ricardo.

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  2. Muchas gracias Ricardo por tan magníficos textos en este blog que seguiré leyendo con mucha atención.
    Saludos cordiales

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  3. E putugal que do que? E o mesma merda e pior povo no mundo! E verdade e verdade amigos! Ler meu blog pa mais informaciao, obrigado amigos meus (L)(L)(L)

    Ahhhh putugal, putugal, putugal! Sempre, sempre, sempre chorando e chorando e chorando e chorando por tudo, sempre! Tudo mundo sabe que putugal e o pior merda no mundo, tudos! E mais na palavra "luso' e uma invencao! Tudo nossa historia e fenotipo e Cigano e Arabe. Nao somos lusos. E mais, e melhor que tudo putugal sei uma provincia do Espanha e pronto!

    E nao trabalhos, sempre ficar nas sopas dos pobres tudos dias. Putugal e em estado do merda e nao fix. E verdade e verdade amigos. Esperamos que um tipo de mudança positiva aconteça em Putugal, pois mais de 50% da população, por necessidade, tem que ir às sopas dos pobres para comer. E também, uma melhora no crescimento dos empregos, já que eles estão no país. Por esta razão, muitas pessoas já vão para suas ex-colônias para buscar uma vida melhor e não retornam. Putugal está realmente atolado na merda e ninguém quer fazer nada sobre o assunto. Eles preferem viver em mentiras, o que é isso?

    Que opina amigos?

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