sábado, 10 de junio de 2017

MADAME LYNCH

Elizabeth (Elisa) Alicia Lynch nació y vivió su infancia en la ciudad de Cork en Irlanda donde su familia, con veleidades de nobleza, la proveyó de una excelente educación, pese a la paupérrima situación que vivía el país bajo el dominio inglés. A la edad de 15 años, emergió del pequeño entorno en que vivía gracias a las relaciones del comodoro Crook, un pariente político de la joven, que la llevó a Londres.

                                 Elizabeth (Elisa) Lynch (1833-1886).

Allí participó en un baile de gala del Almirantazgo inglés, la institución naval más poderosa del planeta. En las grandes salas se cruzaban embajadores, ministros, políticos y destacados hombres de negocios. Aunque Elisa aún lo ignoraba, acababa de ingresar en forma definitiva en el gran mundo de la alta sociedad europea.

Durante la reunión se le acercó un hombre de unos 40 años, quien se presentó como el doctor Javier de Quatrefages del Ejército francés y le confesó que estaba fascinado por su belleza. De esa reunión surgió una relación que terminó en matrimonio cuando ella tenía solo 15 años. Se instalaron en París, pero como Quatrefages no había registrado su casamiento en Francia, ante la sociedad francesa y para la historia, ella pasó a ser conocida como Madame Lynch.
                     Elisa a la edad de 20 años en París

Por razones de trabajo se trasladaron a Argel donde el esposo le consiguió a Elisa un puesto en la enfermería del hospital. Esta experiencia sería muy valiosa y la aplicaría años más tarde sobre los heridos de guerra durante el conflicto de la Triple Alianza. En las horas libres le gustaba hacer salidas a caballo montando a horcajadas como los hombres, un estilo que había introducido George Sand en París y que escandalizaba a las francesas que se hallaban en Argel.

Quatrefages carecía de la vitalidad que Elisa reclamaba tanto en la cama como en la vida cotidiana y la relación con su esposo se fue enfriando lentamente. Por entonces ocurrió un episodio que seguramente contribuyó a la separación definitiva. Su belleza atraía a los hombres como las moscas a la miel y dos de sus admiradores, el coronel D’Aubry del ejército francés y el oficial ruso Mikail Alexandrovich Meden, se la disputaron entablando un duelo de pistola donde el francés quedó gravemente herido y falleció pocos días después. Los rumores convergieron en la persona de “la inglesa que monta con las piernas a los costados del caballo” y este episodio, más el distanciamiento que ya tenía con Quatrefages, culminó en una separación amistosa, facilitada por la ausencia de hijos.

Elisa regresó a París y estando en una reunión social escuchó un vozarrón que la saludaba, giró la cabeza y encontró la gigantesca figura de Mikail quién le sonreía a través de sus negros y espesos bigotes. Si en el corazón de ella, todavía quedaba algún rastro de lazo sentimental hacia Quatrefages, éste se terminó de romper esa noche en que se inició un romance apasionado donde ambos recorrieron los mejores hoteles de Europa, hasta que estalló la guerra de Crimea y Mikail tuvo que regresar a Moscú.

Sin embargo, estaba próximo a surgir la persona que marcaría su futuro para siempre. Ese hombre se llamaba Francisco Solano López, Ministro Plenipotenciario de la República de Paraguay.


                       Mariscal Francisco Solano López (1827-1870).

Antes de continuar con la historia de Elisa, es preciso que haga una referencia sobre la situación de ese país durante la primera mitad del siglo XIX. Mientras Brasil todavía tenía esclavitud, Uruguay comenzaba a desperezarse y Argentina vivía una verdadera anarquía por el conflicto entre Buenos Aires y las provincias, Paraguay se había transformado en la nación más desarrollada de América del Sur. Fue la primera en tener altos hornos y líneas ferroviarias. Poseía una industria pujante, de sus astilleros se botaban buques de mediano porte que surcaban las aguas del Paraná y comerciaban con el mundo. 

No tenía casi analfabetos y un dato no menos importante es que carecía de deuda externa, no solo no estaba comprometido con la red financiera internacional centrada en Londres, sino que otorgó préstamos a varios países. En Europa, Paraguay era considerada una nación solvente y respetada.

Este notable crecimiento de un territorio, que ni siquiera tenía acceso al mar, fue el resultado de los gobiernos de José Gaspar Rodríguez de Francia y su sobrino Carlos Antonio López, el padre de Francisco, quienes durante 46 años condujeron con mano férrea los intereses de la nación. Ambos eran dictadores, pero a diferencia de la versión cipaya uniformada que tuvimos en Argentina, ellos trabajaron para el engrandecimiento de su país.

Cuando Solano López conoció a Elisa en un baile en las Tullerías, estaba firmando acuerdos económicos con los países europeos y tratados sobre la incorporación de ingenieros y científicos para el desarrollo industrial de Paraguay y fundamentalmente, la compra de material bélico para transformar a su país en la primera potencia bélica de América del Sur. Existen evidencias que durante esas transacciones jamás aceptó comisiones “por debajo de la mesa”.

Elisa y Solano López se sintieron de inmediato mutuamente atraídos. Él era un hombre elegante y culto, manejaba el francés correctamente y además tenía muchísimo dinero como para pasearla por los mejores restaurantes, teatros y salones de París y ocasionalmente, cuando el protocolo lo permitía, ella lo acompañaba a los encuentros que tenía con las más altas autoridades de Europa. Entre estas figuraba el emperador Napoleón III, la reina Victoria y el rey Vittorio Emanuele de Italia. Todos deseaban tener buenas relaciones con el representante de un país en pujante crecimiento. Durante el tiempo que vivieron juntos, ella quedó embarazada y con esto quedó roto el último lazo que la ligaba a Francia.

En las damas paraguayas, la llegada de esta rubia llamativa, de grandes ojos azules, vestida a la última moda parisiense, produjo sentimientos encontrados. Un sector importante de la sociedad la consideraba una cortesana y una oportunista, el término “yegua”, aún no existía, habría que esperar 150 años más. En cambio en la clase media y en el pueblo era respetada y admirada por dar muestras de una gran libertad, y exhibiendo como un desafío su cultura, su dominio de varios idiomas y su intuición política. Mientras la sociedad de Asunción estaba plagada de hábitos madrileños y rígidos códigos de moral formal, Elisa irrumpió avasallante trayendo todas las costumbres avanzadas de París. Los once años de paz que vivió junto a Solano López, fueron seguramente los más felices de su vida y durante ese período le dio 6 hijos.
Fuera del Paraguay existía un periódico que detestaba a esta pareja, fiel a su filosofía liberal, con la cual fue coherente a todo lo largo de su trayectoria, el diario La Nación, no soportaba la existencia de un presidente popular y progresista que ejercía una economía basada en fomentar el desarrollo industrial, limitando la importación de productos manufacturados que pudieran competir con la producción local. El periódico de Bartolomé Mitre, utilizaba los términos “déspota” y “tirano”, para referirse a Solano López y a Elisa la consideraba una frívola que dilapidaba el dinero en joyas y costosos vestidos. Nunca resaltó los logros realizados durante su presidencia. Sin duda alguna La Nación influenció en la sociedad porteña para que le tomara aversión al gobierno paraguayo y contribuyó a generar el ambiente de hostilidad que sería en parte el caldo de cultivo de la guerra.

Guerra de la Triple Alianza
La Guerra de la Triple Alianza, uno de los episodios menos memorables de nuestra historia, fue el resultado de la intransigencia, ceguera e incapacidad de negociar y zanjar desavenencias y malentendidos de todos los participantes. Ninguno de los responsables de los tres gobiernos imaginó las consecuencias devastadoras que pudieron ser evitadas a través de la vía diplomática. Comencemos diciendo que no fue un enfrentamiento entre Paraguay y Argentina sino entre aquella nación y la burguesía porteña de Buenos Aires. El resto del país se mantuvo indiferente y en algunas provincias como Santa Fe y Corrientes, el desacuerdo con la guerra fue notorio y se resistieron a enviar soldados.

El gobierno argentino ya miraba con malos ojos y desconfianza al presidente paraguayo, los porteños se habían olvidado que gracias a la intermediación de Solano López se llegó a un cese de hostilidades entre Buenos Aires y las provincias mediante el Pacto de San José de Flores firmado el 11 de noviembre de 1859, cuando él todavía era ministro plenipotenciario. Pacto que un tiempo después sería violado por la propia Buenos Aires.

Como el presente relato se refiere a Madame Lynch y debido a que la Guerra de la Triple Alianza ofrece suficiente material para escribir un libro, haré un esfuerzo de síntesis para describir este conflicto.

Si bien ocurrieron escaramuzas, pretensiones territoriales y desplantes diplomáticos, previamente ya existía entre las partes una gran desconfianza. Cuando Brasil envió fuerzas que penetraron en Uruguay para respaldar a terratenientes brasileños que se quejaban de los altos impuestos que estaban pagando, Solano López, ahora devenido en Mariscal, consideró la maniobra como casus belli. Su criterio no era desacertado porque Uruguay en manos de Brasil podía constituirse en un tapón para las naves paraguayas en su comercio con el mundo. Mitre debió haber exigido, o al menos sugerido al gobierno de Río de Janeiro que se retirara de territorio uruguayo, en su lugar adoptó una pasividad total.

La diplomacia no era el fuerte de Solano López, carecía de los principales atributos que la componen: persuasión, pragmatismo, oportunidad y sensatez. En lugar de negociar, le declaró la guerra a Brasil, y pudiendo hacer pasar su ejército a través de Misiones que era un territorio indefinido, le pidió autorización al gobierno de Buenos Aires para atravesar por Corrientes e invadir Brasil. O el Mariscal no tenía asesores esclarecidos o no los escuchó. Era obvio que el presidente Mitre denegaría la autorización, de hacerlo, entraba en conflicto con Brasil.

Solano López, ante la negativa y en un verdadero desatino, el 29 de marzo de 1865 le declaró oficialmente la guerra a la Argentina e invadió Corrientes. Si bien Paraguay tenía el mejor ejército, no podía nunca salir victorioso de una contienda contra las dos naciones más grandes de América del Sur. Mitre creyendo que sería un conflicto breve convocó a la ciudadanía mediante una arenga que pasó a la historia: “En veinticuatro horas en los cuarteles. En tres semanas en la frontera. ¡En tres meses en Asunción!”. Pero la guerra duró 5 años, gran parte de la juventud de Brasil y de Buenos Aires, murió en la contienda a la que hubo que agregar las sucesivas epidemias de cólera en las zonas de combate. 

Terminada la guerra, un nuevo castigo le esperaba a Buenos Aires, una epidemia de fiebre amarilla, traída a su regreso por los combatientes, diezmó gran parte de la población. Las economías de Argentina y de Brasil quedaron en bancarrota.


Cándido López. Batalla de Curupayty. Fue el desastre más grande que sufrió la Triple Alianza, después del cual, el general Bartolomé Mitre, que entre los generales y almirantes de las tres fuerzas, era el estratega más mediocre, se retiró del conflicto.

Durante la guerra, Elisa asumió el cargo de Mariscala y con uniforme militar recorría las fortalezas de Curupayty, Humaitá y las zonas de combate, atendiendo a los heridos con los conocimientos que había adquirido en Argelia. Los paraguayos pelearon junto a Solano López hasta que no quedaron más que niños y mujeres. El que otrora fuera el país más floreciente de América del Sur fue totalmente destruido y nunca más pudo recuperarse.

Sin embargo, como en toda guerra, estaban los que sin luchar se beneficiaron: fueron los terratenientes de la pampa húmeda que le vendieron ganado y trigo a los ejércitos de la Triple Alianza a un precio como si fuera el enemigo y no sus compatriotas. A sus bolsillos fueron a parar los préstamos que Argentina solicitó a Londres. En cuanto al tratado de paz, fue leonino y denunciado hasta por gobiernos extranjeros. Salvo el diario La Nación, que lo aprobó sin reservas, el resto del mundo lo consideró ignominioso.

Los ejércitos de la Triple Alianza ingresaron en Asunción el 5 de enero de 1869, al son de clarines y tambores y pronto se dedicaron a realizar un verdadero saqueo en la ciudad. Uno de los primeros actos del Gobierno Provisorio fue decretar fuera de la ley “al desnaturalizado paraguayo Francisco Solano López…como asesino de su patria y enemigo del género humano”. Al Mariscal le quedaban dos opciones: suicidarse o morir luchando. Si se entregaba lo matarían inmediatamente, o peor aún corría el riesgo de ser paseado semidesnudo y con un bonete por las calles de Buenos Aires o de Río de Janeiro, encadenado como una bestia peligrosa.

Siguiendo a su jefe, los habitantes que quedaban y el resto de las fuerzas paraguayas iniciaron un largo exilio hacia el norte. Elisa no se despegó de su compañero, a lo largo de todo el conflicto y durante el éxodo recorría a caballo junto a su hijo Panchito la extensa columna formada por soldados en harapos, heridos transportados en carretas, mujeres, niños y ancianos, todos agotados, flacos y sin fuerzas. La escena semejaba una doliente caravana de espectros.

Esta etapa de lento desplazamiento y continuos enfrentamientos contra las avanzadas enemigas duró un año, hasta que el primero de marzo de 1870 en Cerro Corá a 400 kilómetros al norte de Asunción, Solano López, lanceado y con múltiples heridas murió peleando contra una partida de soldados brasileros. Ese día también terminó la guerra.

Última imagen del Mariscal Solano López tomada pocas semanas antes de su muerte. Se percibe en su rostro el cansancio y desaliento que lo embargaba.

Elisa se salvó de ser violada, golpeada y probablemente asesinada, gracias a que extrajo de su ropa un banderín inglés que siempre llevaba consigo y lo agitó ante la turba de soldados gritando que era ciudadana inglesa.

A duras penas logró embarcarse para Buenos Aires vía Inglaterra con sus cinco hijos, el mayor apodado “Panchito”, había muerto tratando de defender a su madre cuando intentaron violarla. Llevaba consigo muchas joyas y piedras preciosas y seis lingotes de oro. En Paraguay poseía numerosos inmuebles y grandes extensiones de tierra.

En los puertos en que paraba: Buenos Aires, Río de Janeiro y Lisboa, nubes de periodistas y curiosos se acercaban al barco para conocer a la famosa Madame Lynch, y como la prensa de esos países fue demoledora con su imagen, no escasearon los insultos, los gestos y las miradas furiosas.

Desde Londres Elisa se trasladó a París, pero la ciudad no era la misma que había dejado veinte años atrás. Francia había perdido la guerra francoprusiana, Napoleón III fue derrocado y el ambiente era de pesimismo y depresión.

Pasó gran parte de su vida restante litigando para recuperar sus posesiones en Paraguay y de esta forma fue empeñando sus joyas. Con la salud muy deteriorada, la muerte la sorprendió en la pobreza a la edad de 53 años.

Alicia Dujovne Ortiz. Bella, feroz y aguerrida: Eliza Lynch, la dueña del Paraguay. La Nación, 28,02,2014.

Fernando Baptista. Madame Lynch. EMECÉ Editores, Buenos Aires 1987.
Felipe Pigna. Los mitos de la historia argentina. Tomo 2. Planeta 2005.
López, Francisco Solano. Encyclopaedia Britannica. Tomo 7 1995, Chicago.


5 comentarios:

  1. MUCHAS GRACIAS, AMIGAZO RICARDO, EXCELENTE!!!!

    ABRAZO ENORME.

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  2. Qué gusto es leer tus envíos! Muchas gracias

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  3. Gracias Ricardo!!. Buenísimo y siempre esa capacidad se síntesis. Y triste, no sólo por la historia en sí sino por la fatal repetición en la historia. Un abrazo, Edith.

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  4. Oswaldo C de Maryland11 de junio de 2017, 17:36

    Gracias por el interesantisimo blog sobre Madame Lynch, Ricardo. Al fin termino casandose con Solano Lopez? Cual fue la tercera nacion de la triple Alianza, Uruguay o Bolivia?
    Abrazos para Alicia y para ti

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    1. Hola Oswaldo:

      Madame Lynch no se casó con Solano López, no estoy seguro si se debía a que aún estaba oficialmente casada con Quatrefages o porque la sociedad paraguaya no la aceptaba.
      En Asunción hay una avenida que honra su nombre.
      El tercer país fue Uruguay, pero debido a su escasa población tuvo poca participación en el conflicto.
      He terminado el libro del tango, es el doble que el de Onírica que te envié. Quisiera saber si hay o habrá pronto algún conocido o familiar tuyo que venga a Buenos Aires y te lo pueda luego acercar.

      Abrazo

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