domingo, 15 de septiembre de 2019

BERTHE MORISOT


Berthe Morisot fue una mujer que vivió durante la segunda mitad del siglo XIX y alcanzó a ver el París de la “Belle Epoque”. Provenía de una familia de posición económica holgada, se casó y tuvo una hija. Hasta aquí no se encuentran aspectos destacados que sobresalgan del resto de las mujeres de su época. Sin embargo, si agregamos que fue una destacada pintora, actividad vedada para las damas de entonces y que además fue cofundadora y figura clave del impresionismo, movimiento artístico de vanguardia que causó escándalo y rechazo en su época, la imagen de Berthe se agranda a los ojos de la historia.
            Tuvo la suerte de vivir una infancia y adolescencia confortable y cabe señalar que sus padres pertenecientes a la alta burguesía, en una actitud desacostumbrada para la época, le inculcaron a ella y a su hermana Edma, dos años mayor, el interés por la pintura. Quizás en esta decisión hayan influido los genes familiares, ya que entre los antepasados recientes se encontraba Jean-Honoré Fragonard, uno de los pinores más prolíficos de la época.

                Berthe Morisot (1841-1895) Autorretrato. Musée Marmotan, París.

            Por entonces las mujeres estaban imposibilitadas de ingresar a las disciplinas avanzadas entre las que se encontraban las escuelas de arte. Por lo tanto, Berthe y Edma recibieron lecciones particulares de arte pictórico. Al percatarse de la habilidad de las jóvenes, uno do los maestros le hizo a la madre la siguiente advertencia: “dado el talento natural de sus hijas, mi instrucción no las convertirá en simples pintoras de salón, sino en auténticas artistas. ¿Se da usted cuenta de lo que esto puede significar? Sería revolucionario, e incluso me atrevo a afirmar que catastrófico en un entorno burgués y elitista como el suyo”.
            Aparentemente los padres no tomaron en consideración estos consejos o supusieron que Berthe y Edma considerarían la pintura como un entretenimiento en sus temas libres de mujeres de hogar. Pero ellas empezaron a concurrir asiduamente al Louvre donde elegían un cuadro y lo copiaban. Un día pasó por allí el destacado paisajista Camille Corot, considerado como uno de los precursores del impresionismo, observó el talento de aquellas dos hermanas y se ofreció a incorporarles nuevos conocimientos. Les enseñó como captar el color de los objetos al recibir la luz del sol y las estimuló en el hábito de pintar al aire libre.
            Cuando tenía 23 años Berthe comenzó a exhibir sus obras en el Salón de París y al observarlas se percibe la influencia de Corot: escenas al aire libre donde predominan los tonos suaves y luminosos. Un ejemplo es el retrato de su hermana Edma sentada en un prado leyendo un libro que reúne todas las características del estilo impresionista, seis años antes de que Berthe se incorporara a la vanguardia de ese movimiento y un año antes de conocer a Eduard Manet. Por lo tanto, es incorrecto quienes dicen que el autor de Le Déjeneur sur l’Herbe la introdujo al Impresionismo. La realidad es que ambos intercambiaron ideas y sugerencias sobre la técnica, donde tanto ella como Manet se beneficiaron mutuamente. Se puede agregar además, que fue ella quien lo estimuló a limitar el color negro a su mínima expresión acercándolo a la técnica de los impresionistas. Fue una amistad que duró toda la vida hasta la muerte de ambos.


Edma sentada en un prado leyendo un libro. Museo de arte de Cleveland.

            Al observador sagaz que se detiene a curiosear las pinturas de Berthe, sin conocer al artista, no se le escapa que el autor es una mujer, no solo por los trazos sutiles e impalpables que le imprimió al pincel, sino también por los temas, que suelen ser actividades hogareñas: joven ante un espejo, peinándose, con un abanico, leyendo un libro o contemplando a un bebé en su cuna. Para estas escenas su hermana Edma sirvió muchas veces como modelo, pero a los 30 años se casó y abandonó la pintura.

                                Mujer con abanico. Musée Marmotant, Paris

            Si poco se habla de Berthe Morisot, menos aún la historia del arte tiene en cuenta a las otras tres mujeres que se incorporaron al Impresionismo: la norteamericana Mary Cassat, hija de millonarios que cuando terminó sus estudios en la Academia de Bellas Artes de Filadelfia, lo abandonó todo y se trasladó a París donde permaneció hasta su muerte. Su temática es bastante semejante a la de Morisot. Las otras dos son Eva González de origen español, y Marie Bracquemond. Todas ellas rompieron con los esquemas tradicionales reservados para la mujer del siglo XIX y con convicción y heroísmo abordaron el arte pictórico que les estaba vedado.
Las cuatro mujeres, junto con Auguste Renoir, Edgar Degas, Claude Monet, Camille Pissarro y Alfred Sisley, crearon el grupo vanguardista denominado “Artistas Anónimos Asociados”. En 1874 Berthe contrajo matrimonio con el hermano de Édouard Manet, Eugène y de esta unión nació Julie, también artista y más tarde casada con el pintor Ernest Rouart. Julie llevó un diario que curiosamente está escrito en inglés: Growing up with the Impressionists (Creciendo con los impresionistas). Esta obra ha servido como fuente de consulta sobre la vida y la época de quienes se plegaron a este movimiento pictórico de vanguardia. Resulta curioso que los impresionistas, sin excepción alguna, siendo tan progresistas y tan sensibles a la belleza se mantuvieron ajenos a los avatares políticos que ensombrecieron Francia durante esos años y que fueron la Comuna de Paris, la invasión prusiana y el caso Dreyfus que dividió a la sociedad en dos bandos irreconciliables. Sin embargo, también en esos años sucedió algo inédito en la historia del arte: un grupo de pintores hombres, aceptó sin concesiones a cuatro mujeres y juntos revolucionaron el arte pictórico. En sus obras no hay tristeza ni melancolía, sino vida y alegría.
El Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, cuenta con uno de sus cuadros: “El peinado”, realizado un año antes de la muerte de Berthe, cuando ya tenía un dominio absoluto de su técnica.


                  El peinado. Museo Nacional de Bellas Artes. Buenos Aires.

Mario Goloboff. Berthe Morisot, la estrella del impresionismo. Página 12, 21/03/2018.
Jonathan Jones. Portrait of a woman, Berthe Morisot. The Guardian, 18/08/2001.
Marisa Avigliano. Luciérnaga curiosa. Berthe Morisot. Las 12 de Página 12, 29/08/2018.
Phoebe Pool. IMpressionism. Thames and Hudson. Londres 1967.
Aurelio Pérez Giralda. La Mirada de Berthe Morisot. Nueva Tribuna.es, 28/01/2017.
Silvia Pato. Berthe Morisot, la sobrina nieta de Fragonard. Culturamas, 04/12/2016.


miércoles, 4 de septiembre de 2019

DUELO DE ARTISTAS



En la Antigua Grecia, los habitantes eran sumamente adictos a los duelos y sentían una particular fascinación en realizar apuestas y competencias. Ninguna disciplina escapó a la creatividad ilimitada de los griegos y si ya existía, ellos la mejoraron y perfeccionaron como es el caso del deporte y del teatro. En las Olimpíadas crearon competencias y las reglamentaron como nunca antes se había hecho. Lo mismo hicieron con el teatro, que además de inventarlo, lo llevaron a alturas maravillosas. En ambas circunstancias los duelos eran habituales, quién era el corredor más rápido, el luchador más fuerte o el que lanzaba más lejos el disco o la jabalina. En el teatro se hacían concursos y premios a las mejores obras. Sófocles y Aristófanes ganaron y perdieron enfrentándose mutuamente.
            En el arte pictórico, figura un episodio de competición que se sumerge entre la anécdota y la leyenda y lo conocemos a través del historiador y naturalista Plinio el Viejo, aquel que murió durante la erupción del Vesubio cuando trató de socorrer a unos amigos. Los detalles sobre su muerte, así como el relato de aquella catástrofe natural nos llegan a través de su sobrino conocido como Plinio el Joven. Su tío en su Tratado sobre la pintura y el color, que figura en el Libro XXXV, habla del duelo entre dos famosos pintores que vivieron en el siglo V a.C. Se trata de Zeuxis y de Parracio y antes de entrar en el tema del duelo conviene hacer una breve referencia sobre ambos.
            En Heraclea de Lucania situada en la extremidad sur de la bota de Italia, por entonces perteneciente a la Magna Grecia, nació Zeuxis. Existen referencias de la época que lo consideraban como uno de los más grandes del arte pictórico. Plinio el Viejo lo posicionó entre los pintores de primer rango porque tenía la habilidad, mediante el empleo de los colores y las sombras, de dar a sus figuras volumen y relieve de tal manera que parecían sobresalir del lienzo. Actualmente, este género o escuela se denomina hiperrealismo que se asemeja a la fotografía y es un movimiento surgido en los Estados Unidos a mediados del siglo pasado, pero parece que los griegos ya lo habían inventado como con tantas otras cosas.
            Zeuxis era consciente de que era un genio y por el relato de Plinio se desprende que se había rodeado de un halo de excentricidad y de lujo. Solía pasearse luciendo una vestimenta teñida de púrpura, una corona de oro, un bastón con empuñadura de oro y en sus sandalias cintas del mismo metal. Regalaba sus pinturas, porque sostenía que eran tan valiosas que nadie podría comprarlas.
            El otro personaje que entra en escena, porque para que exista un duelo se necesitan dos como en el tango, era Parracio quien vivió en Atenas la mayor parte de su vida. Él era también un excelente pintor y pertenecía al género hiperrealista.
            Fueron precisamente Zeuxis y su contemporáneo Parracio, ambos activos en el último cuarto del siglo V y primeros años del siguiente, quienes vieron con claridad las posibilidades del sombreado. En sus manos, la pintura iba a convertirse en una técnica totalmente nueva, en la que verdad e imitación se fundían de forma mágica y maravillosa. Por lo tanto, era inevitable que el público y el mundo artístico de la época hicieran comparaciones respecto de la superioridad de uno sobre el otro, sin que se pudiera establecer cuál era el mejor. Se imponía por lo tanto un duelo entre ambos, episodio que es relatado por Plinio el Viejo y también por Cicerón en una de sus obras menores sobre retórica. En líneas generales, ambos coinciden en los detalles de aquel acontecimiento donde acudieron numerosos artistas y personalidades destacadas de la ciudad.
            Las dos obras fueron expuestas en un gran espacio al aire libre, probablemente el ágora. Se hallaban cubiertas con sendos lienzos y ambos autores se habían situado como guardias al lado de cada una. El juez se dirigió primero a Zeuxis y podemos imaginar el siguiente diálogo:
─¿Qué vas a presentarnos Zeuxis?
─Honorable juez, distinguidos presentes, he pintado una naturaleza muerta sobre una fuente, he puesto en la tela todo el saber de mí oficio y le he dado tal realismo que dudo que mi contrincante pueda superar mi obra.
─Guarda tu comentario Zeuxis, eso lo decidiremos nosotros, quita el lienzo para que veamos tu pintura.
            Así lo hizo Zeuxis y los presentes lanzaron exclamaciones de admiración al ver la fuente que contenía varias frutas coronadas por un racimo de uvas, tan perfectas y apetecibles que surgieron dos aves que se lanzaron a picotearlas.
            ─Zeuxis es el ganador─ exclamaron algunos─ el realismo es tal que estos pájaros tomaron las uvas por verdaderas.
            El duelo parecía perdido para el pobre Parrasio, pero el juez consideró imprescindible que se viera su obra.
            ─Parracio, descubrid el lienzo─ordenó el juez.
            ─Eso es imposible─respondió Parracio─el lienzo no se puede quitar.
            ─Si no lo haces me veo obligado a darle el premio a Zeuxis que será reconocido como el mejor pintor de Grecia y de nuestro tiempo.
            Parracio permaneció inmóvil al lado de su obra y fue entonces que Zeuxis se adelantó hacia la pintura y al tratar de remover el lienzo se dio cuenta que la pintura era esa. Había estado expuesta todo el tiempo sin que nadie se percatara que el lienzo era la pintura.
            Sin esperar la decisión del juez, el propio Zeuxis manifestó Yo engañé a los pájaros, pero tú, Parrasio, me has engañado a mí que soy pintor. Por tanto, admito que eres mejor artista que yo y a ti te corresponde el premio.

Jesús María del Rincón. La leyenda de Xeusis y Parrasio. Galenus 35, volumen 35, año 5, número 7.

Xeusis de Heraclea. BuscaBiografías. https://www.buscabiografias.com/biografia/verDetalle/3185/Zeuxis%20de%20Heraclea, bajado el 31/08/2019

sábado, 24 de agosto de 2019

LA HAZAÑA DE ROSE VALLAND



Nunca subestimes a otro por más insignificante que sea su aspecto

Rose Valland tiene 44 años y está sentada en su escritorio lleno de papeles y agendas. El moblaje es austero y la habitación de dimensiones moderadas contrasta con el enorme edificio de estilo clásico que la alberga. El edificio llamado museo del Jeu de Paume, fue construido durante el gobierno de Napoelón III y originalmente destinado para contener varias canchas de tenis. Desde hace décadas es un anexo del museo del Louvre y Rose se desempeña como curadora asistente. No se trata de un puesto menor y ella lo ganó por concurso donde era una más entre cientos de participantes, gracias a sus conocimientos sobre arte que aprendió en la École Nationale de beaux-arts de Lyon, completando su formación en la École du Louvre y en la Universidad de París. En el tiempo que le queda libre se desempeña como profesora de artes plásticas.
                                         Rose Valland

Rose es de esas personalidades a las que nadie presta atención. De estatura mediana, siempre peinada con un ajustado rodete, usas gafas anticuadas y detrás de ellas se perfila un rostro vulgar ni feo ni lindo, pero que muestra una mirada vivaz. Viste en forma muy recatada con el uniforme gris del museo, aunque bien podría integrar esas bandas musicales del Ejército de Salvación. Un detalle más: Rose es lesbiana, pero ella todavía no tomó conciencia, aun no salió del closet.

                        Rose Valland

La vida rutinaria y casi monótona de Rose se transforma totalmente al comenzar la Segunda Guerra Mundial con la invasión de Francia por los ejércitos alemanes. Entre las escasas virtudes de Hitler se destaca, quizás como la única, su afición por las artes. Debemos recordar que en su juventud se presentó a un concurso de pintura en Viena donde el jurado lo rechazó, una verdadera pena porque de haber seguido pintando es posible que la humanidad se hubiera salvado del delirio destructivo que causaría al orientarse hacia la política.
Hitler había hecho construir un museo de arte que llevaría su nombre cuyas galerías se cubrirían con cuadros sustraídos a los países invadidos. Para ello había creado un organismo que bajo el eufemismo de “brigada especial de arte pictórico”, tenía como función apoderarse de todas las obras sustraídas a los países conquistados. El museo del      Louvre, sería por lo tanto la frutilla del postre.
         Las autoridades del museo tuvieron el buen tino de trabajar las 24 horas corridas para sacar las pinturas más valiosas y ocultarlas en distintos castillos distantes de París. En esta febril actividad de embalaje participa Rose y lleva un catálogo donde detalla el lugar de destino de cada cuadro. Cuarenta días después de haber cruzado la frontera los ejércitos alemanes entran en París y la brigada especial de arte pictórico se dirige al Louvre encontrando muchas paredes vacías. Acarrean lo que pueden y seguidamente irrumpen en comercios y casas particulares de judíos adinerados donde, además de sus habitantes, se llevan todas las obras que la brigada considera de valor. Todo este material artístico es trasladado al Jeu de Paume, después de expulsar a todos los empleados franceses excepto a Rose que es la encargada del edificio. Su aspecto inofensivo, su timidez y discreción hace que los alemanes la subestimen totalmente, pero dentro de ella crece una enorme indignación que oculta bajo un rostro impasible. Los nazis ignoran que Rose tiene bastante dominio del alemán y registra todas las conversaciones. Cuando no queda nadie en el edificio excepto una guardia exterior, ella munida de una linterna anota el contenido de las etiquetas de los cuadros embalados y lleva un registro cuidadoso.
         Ocasionalmente se presentan jerarcas nazis entre ellos Goering quien selecciona algunas obras para su colección personal. Todo esto lo registra Rose y será de gran valor en los juicios de Nuremberg.
En una ocasión un oficial nazi sospecha de su actividad, se le aproxima y le manifiesta que si detectan que hace algo sospechoso será denunciada como espía, lo que equivale a la pena de muerte. Fue el único momento de zozobra, pero además los alemanes la necesitaban para que se encargar del cuidado del edificio. Nunca consideraron que fuera peligrosa.
El 6 de junio de 1944, se desencadena la operación Overlord con un masivo desembarco en Normandía. Alemania tiene ahora varios frentes y los soviéticos están próximos a la frontera. La guerra está perdida, pero los encargados de sustraer las obras de arte reciben órdenes de Hitler quien, totalmente desconectado de la realidad, ordena el traslado inmediato hacia Alemania de todos los tesoros artísticos.
Rose detecta un movimiento febril del grupo de tareas nazi que empiezan a retirar el material embalado del museo. Escucha que será transportado en un tren especial e incluso averigua la fecha de partida. No hay tiempo que perder, la única forma de impedir el robo es contactándose con la Resistencia. También informa a los aliados sobre el paradero en Alemania de las obras robadas para que no bombardeen esas zonas.
Uno de los miembros de la Resistencia la entrevista y el plan que se decide consiste en producir un gigantesco sabotaje ferroviario en la confluencia de varias vías de ferrocarril en las afueras de París, por donde necesariamente debía pasar el tren hacia Alemania. El día señalado varias locomotoras son descarriladas haciendo imposible el tránsito. Pocos días después los aliados ingresan a París y el material rescatado regresa al museo de Jeu de Paume. La guerra había terminado, pero para Rose el verdadero trabajo recién empieza.



                   Rose Valland en el inventario de los cuadros recuperados

Estuvo 10 años colaborando en la restitución de los cuadros a sus respectivos lugares, incluyendo los que desde un inicio fueron ocultados en los diversos palacios de Francia. Como miembro de la Comisión de Recuperación Artística viajó a la zona de ocupación francesa en Alemania como capitana del primer ejército francés. En 1947 se le asignó un puesto en la Unidad de Recuperación Artística y recorrió todas las zonas de ocupación, incluida la soviética. A lo largo de su carrera Rose recibió numerosas condecoraciones francesas y extranjeras como la Legión de Honor, Comendadora de las Artes y de las Letras, la Medalla de la Resistencia Francesa, la Medalla de la Libertad de Estados Unidos y hasta la Orden del Mérito de la República Federal Alemana.
Al terminar la guerra conoce a Joyce Heer, una intérprete inglesa empleada en la embajada americana. Vivirán juntas en París hasta la muerte de Joyce en 1977.

InOutRadio. La Radio lésbica. 14/05/2018 Disponible en https://inoutradio.com/desconocidas-fascinantes-rose-valland/
Isabel Genovés Estrada. La persistencia de Rose Valland. Los ojos de Hipatia. 08/03/2016
Rose Valland. Le front de l’art. Réunion des musées nationaux, Grand Palais (2014).


miércoles, 14 de agosto de 2019

JUÁREZ


El joven pastor de ovejas tiene once años, es hijo de agricultores que murieron cuando él tenía tres. Ahora trabaja para su tío Bernardino donde también realiza tareas de peón de campo en San Pablo Guelatao. Es analfabeto, solo habla zapoteca y porta el estigma de ser mestizo, pero tiene una enorme ambición de aprender y en aquel poblado no hay establecimientos educativos. Le ha pedido a su tío que lo deje ir a la ciudad para estudiar, pero éste se lo negó reiteradamente.
Un día al muchacho se le pierde una oveja y para evitar el castigo toma la decisión que hace tiempo venía creciendo en su mente: se marcha de San Pablo Guelatao y se dirige a Oaxaca. Deja su pueblo natal constituido por una minoría blanca descendiente de españoles y una mayoría india y mestiza despreciada y relegada a la cual él pertenecía.
Así comenzó la vida de quien gracias a su capacidad de resiliencia, su inteligencia, su perseverancia y una férrea disciplina llegó a ser presidente de México y considerado como el mejor gobernante que tuvo el país hasta la fecha. En la historia de esa nación, Benito Juárez marcó un antes y un después por sus medidas sociales y la lucha por la soberanía, desafiando durante casi todo su largo mandato, múltiples adversidades tanto locales como externas. Estableció las bases de la República enfrentando traiciones e intereses antinacionales de los grupos de poder locales y extranjeros.


                                       Benito Juárez (1806-1872)

Una vez en Oaxaca se alojó en la casa de Maza, un comerciante extranjero gracias a que Josefa, hermana de Benito, trabajaba allí como cocinera. Cito este pasaje fugaz de su vida porque la hija adoptiva del comerciante, llamada Margarita, por entonces una beba recién traída al hogar de los Maza, en el futuro se convertiría en su esposa. 
Estudió en una escuela de la ciudad, donde sufrió la discriminación por ser mestizo y no formaba parte de los niños llamados “decentes”. Para Juárez la escuela tenía una enseñanza mediocre y optando por ser autodidacta llegó finalmente a ingresar al Instituto de Ciencia y Artes de Oaxaca donde egresó como abogado y dominando latín, inglés y francés. El título lo utilizó para defender los derechos de peones rurales tan mestizos como él. En los litigios afectaba los intereses de los terratenientes lo que le valió ser encarcelado en dos oportunidades.
En los años siguientes Juárez fue escalando posiciones en forma lenta pero inexorable. Fue docente de la universidad de Oaxaca, ministro suplente de la Corte de Justicia, diputado electo de la Honorable Legislatura del estado de Oaxaca, capitán de la quinta compañía del Primer Batallón de Milicia Cívica de su estado, ministro interino de la Corte de Justicia y ministro suplente del Tribunal Superior de Justicia.
Por entonces Juárez tenía 34 años, Margarita, la niña que conoció de beba en la casa de los Maza, ahora era una joven de 18 y a Juárez, que cada tanto los visitaba, no le había pasado desapercibido que la adolescente se había transformado en una mujer atractiva. Los padres adoptivos habían tratado infructuosamente de conseguirle un marido, pero en aquella sociedad extremadamente clasista y prejuiciosa, nadie quería tomar por esposa a quien había sido una “expósita”, que así se llamaba a los niños de padres desconocidos. Un día Juárez se presentó ante los Maza y les manifestó que sería para él un honor poder desposar a Margarita. Sin imaginarlo la joven entraba a formar parte del turbulento, terrible y apasionante mundo de su esposo.


                                                 Margarita Maza

En 1847 Juárez fue electo diputado nacional y debió trasladarse a la ciudad de México. Ese mismo año se incorporó a la masonería. Durante la guerra con Estados Unidos, fue designado gobernador de Oaxaca y en sus 6 años de gobierno modernizó totalmente el territorio con escuelas, hospitales y caminos. Cuando se retiró dejó con balance positivo las finanzas de aquel estado. Ese retiro no fue voluntario sino violento, como gobernador había impedido el ingreso de Antonio López de Santa Anna que venía fugitivo de la guerra con Estados Unidos. Éste nunca se lo perdonó y cuando llegó a la presidencia, además de proclamarse “Su Alteza Serenísima” y transformarse en dictador, una de sus primeras medidas que adoptó fue encarcelar a Juárez y enviarlo al exilio. Margarita quedó sola con seis hijos y perseguida por la dictadura debió refugiarse sucesivamente en estancias y casas de amigos.
Juárez desde Nueva Orleans participó del movimiento que derrocó al dictador Santa Anna y a su regreso a México fue nombrado presidente de la Suprema Corte de Justica y al poco tiempo, después de un autogolpe del presidente Comonfort, fue proclamado en 1858 presidente de la República. El pastor de ovejas, mestizo y analfabeto, había llegado a ocupar el máximo cargo político de su país.
Se puede decir que ésta fue la etapa más difícil de Juárez, durante la cual dio muestras de su entereza y línea de conducta inamovible para mantener a raja tabla sus principios y decisiones. Durante su gobierno se enfrentó a los dos mayores poderes de México: los terratenientes y la Iglesia Católica. Con la nueva Constitución, por él creada, ambos fueron privados de muchos privilegios, particularmente la Iglesia, uno de los peores enemigos que tuvo México en su historia. Esta institución ejercía todas las funciones que atañen a un registro civil, poseía grandes riquezas, estaba aliada con los terratenientes, practicaba la simonía o sea que medraba económicamente con la administración de los sacramentos, e influenciaba en las decisiones políticas.
Para estos poderes, Juárez era un estorbo insoportable y para expulsarlo adoptaron la infame decisión de pedir ayuda a una potencia extranjera. Un grupo de aristócratas, equivalente a los terratenientes de nuestras pampas, se embarcó para Europa y se dirigió a Trieste donde se encontraba Maximiliano, el archiduque del Imperio Austro-Húngaro. Allí, en el palacio de Miramar, le solicitaron que aceptara ser emperador de México.


                 Maximiliano de Habsburgo y Carlota de Bélgica

Presionado por Napoleón III quien le prometió el apoyo de fuerzas francesas y por el Papa que estaba indignado por el avasallamiento de los bienes de la Iglesia, Maximiliano cometió el peor error de su vida al aceptar la oferta. Con su esposa Carlota de Bélgica arribó al puerto de Veracruz en 1864, sin saber que a su reinado y a su propia vida solo le quedarían tres años. Con él se introdujo una fuerza considerable de soldados franceses cuya función, junto con regimientos locales de los terratenientes, era sacar definitivamente a Juárez del poder y darle mano libre a Maximiliano.
A Juárez jamás se le pasó por la cabeza capitular o rendirse y menos ante lo que consideraba como la usurpación por parte de una potencia europea. Abandonó la casa de gobierno y con su séquito de ministros, secretarios y carretas que transportaban los archivos de la nación, se convirtió en un estado itinerante. Lo escoltaba una reducida caballería armada que llevaba el ostentoso nombre de “Batallón de Supremos Poderes”. Todo este conjunto inició una larga y dolorosa peregrinación huyendo de sus enemigos y durante su itinerario en ocasiones tuvo que disfrazarse para pasar inadvertido.
Los pobladores de Guanajuato, Chihuahua, San Luis de Potosí, Monterrey, Saltillo y Durango, vieron llegar aquella caravana polvorienta que se detenía para establecer temporalmente la sede del gobierno y luego proseguir el camino hacia el pueblo siguiente. Por todas las ciudades por las que pasaba era recibido calurosamente por las respectivas poblaciones. Durante ese período, Juárez mandó a su esposa Margarita con dos de sus hijos a Estados Unidos para protegerla de cualquier amenaza.
Algunos historiadores, enemigos de Juárez, describieron a Margarita en Nueva York comprando joyas y ropa a costa del erario público. La realidad era totalmente diferente ya que ella vivió en extrema pobreza en un sucucho de la ciudad. Dos de sus hijos fallecieron de neumonía, tragedia que casi enloqueció de dolor y depresión a Margarita.
Por su parte a Maximiliano le empezaron a surgir problemas que lentamente empezaron a erosionar su poder. Tuvo el buen tino de no derogar ninguna de los decretos que Juárez había producido durante su gobierno, algo que no esperaban los terratenientes ni la Iglesia que comenzaron a quitarle apoyo. En Estados Unidos había terminado la Guerra de Secesión en la cual el país estuvo totalmente sumergido y al echar un vistazo al mundo exterior, Andrew Johnson, el sucesor de Abraham Lincoln, y su gabinete vieron con malos ojos que una potencia extranjera se hubiera inmiscuido en América, zona que el país del norte consideraba de su influencia. Comenzó a darle apoyo logístico a Juárez y desde Washington presionaron a Napoleón III para que abandonara sus sueños imperiales y retirara las tropas francesas de México. Este lo hizo casi de buena gana porque el costo de mantenimiento de su ejército en México se estaba volviendo insostenible.
Sin apoyo de nadie, Maximiliano comenzó a perder terreno mientras que las fuerzas de Juárez empezaron a reconquistar ciudades. Éste fue despiadado con los traidores que apoyaron al emperador y cuenta la leyenda que el obispo de Oaxaca había pedido garantías a Juárez ante su inminente entrada a la ciudad, a lo que éste respondió que le dejaría vestir las mejores prendas para su fusilamiento. El obispo huyó de la ciudad junto con personalidades de la alta sociedad, que habían sido afines al imperio.
Maximiliano se refugió en Querétaro y con sus fuerzas trató de abrir el cerco de soldados de Juárez que rodeaba la ciudad, pero finalmente fue apresado con los generales mexicanos que lo acompañaban. Su esposa Carlota que se había trasladado a Europa en busca de ayuda, golpeó las puertas de todas las instituciones que oportunamente habían presionado a Maximiliano a tan desatinada aventura. No consiguió nada y en su desesperación sufrió un colapso nervioso y perdió la razón.
Un tribunal de guerra condenó a muerte al desventurado emperador por usurpador y a sus compañeros por traidores a la patria. De toda Europa llovieron notas y pedidos de clemencia, pero Juárez se mantuvo inflexible. Dice la tradición que manifestó: “No mato al hombre, mato la idea”. El 19 de junio de 1867, Maximiliano y sus dos generales fueron fusilados en El Cerro de las Campanas. La noticia dio la vuelta al mundo y el pintor impresionista Edouard Manet la plasmó en el lienzo.



Fusilamiento del emperador Maximiliano. Óleo de Edouard Manet. National Gallery, Londres.

Juárez hizo traer de Estados Unidos a Margarita y sus hijos y el encuentro se produjo a mitad de camino cuando ella se dirigía hacia México. Él llegó en su clásico carruaje negro, vestía levita nueva, en su mano izquierda portaba un bastón como símbolo de presidente y en la mano derecha un ramo de flores para Margarita que lucía más delgada. Hacía cinco años que no se veían, él corrió hacia ella y se abrazaron largo rato. Benito Juárez escribió días después: "Aquel instante valía por todas las recompensas que un hombre puede recibir".

Antonio Aguirre. Programa especial. Benito Juárez. La otra Historia. https://www.youtube.com/watch?v=j5agGy_vQ_A

La Verdad. Lo que no sabías de la vida e historia de Benito Juárez. La Verdad, 10/03/2018



domingo, 4 de agosto de 2019

LA AGONÍA DE NICOLA Y BARTOLOMEO


El técnico electricista está inspeccionando el funcionamiento de una silla de madera simple, aspecto sólido y sin adornos de ningún tipo que posee dos electrodos. Uno se encuentra en una de sus patas, el otro pende del alto respaldo de la silla y tiene forma de plato con una concavidad que permite cubrir la parte superior de una cabeza humana. A la noche de ese día 23 de agosto de 1927, serán ejecutados tres hombres acusados de asesinato, solo uno de ellos, el portugués Celestino Madeiros es realmente un criminal, los otros dos, Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, son inocentes, pero han sido sentenciados a muerte por el juicio más perverso, xenófobo, clasista y plagado de irregularidades en la historia del juzgado del estado de Massachusetts.



                               Bartolomeo Vanzetti y Nicola Sacco en 1923

La habitación en que se encuentra la silla eléctrica es lúgubre y gris, sin ventanas y con espacio suficiente para que además del condenado se puedan sentar varias personas que según el reglamento serán designadas para presenciar que la ejecución se lleve a cabo de acuerdo con las reglas establecidas.
        El técnico electricista prueba varias veces el funcionamiento y cuando se produce la descarga, las luces de la prisión titilan y palidecen porque la magnitud de la electricidad generada debe matar a la víctima en forma instantánea, mientras todos los órganos de su cuerpo sufren un caos molecular y se destruyen por la alta temperatura recibida. Este aparato fue inventado en 1890 por un técnico de la empresa Edison, diseñado para causar una muerte rápida e indolora. Sin embargo el técnico electricista en una ocasión manifestó que si le tocara a él, preferiría cien veces más morir ahorcado.
Nicola Sacco había emigrado a los Estados Unidos proveniente de Italia a la edad de 17 años, se casó y tuvo dos hijos, uno adolescente llamado Dante y una hija de 7 años. Se empleó en una fábrica de zapatos del estado de Massachusets y en sus horas libres luchó como anarquista contra la explotación obrera del país formando parte de manifestaciones y reuniones del partido. En uno de esos actos conoció a Bartolomeo Vanzetti quien también había venido de Italia cuando tenía 20 años y trabajaba como pescador. Entre ambos nació una buena amistad. Ninguno había participado en acciones violentas y a juzgar por sus rostros y atuendos, se evidenciaba que eran humildes trabajadores dedicados a su familia, sencillos y de aspecto honrado y bondadoso.
El 15 de abril de 1920, en el pueblo de South Braintree el pagador Frederik Parmenter y su acompañante fueron asaltados por un grupo de hombres que los mataron y se llevaron 15.000 dólares destinados al pago de los empleados de una empresa. Ni Sacco ni Vanzetti se enteraron del hecho porque el primero estaba en Boston por un trámite de su inmigración y el segundo en ese momento vendía pescado en otra parte de la ciudad.
Algunos testigos presenciaron el crimen y declararon que se trataba de italianos. La policía hizo una razzia y veinte días después Sacco y Vanzetti, pese a que carecían de antecedentes policiales, fueron arrestados bajo el cargo de estar implicados por ser anarquistas y por tratar de recaudar dinero para las campañas de su partido.
         El juicio comenzó el 21 de mayo de 1921 y duró 14 semanas. Hubo falsos testigos que declararon haberlos visto introducirse en el auto de los asesinos. Una testigo hizo una descripción de las facciones y la ropa de los acusados con una precisión que no condice para una persona que los vio por solo unos segundos desde la ventana de un segundo piso. Otros testigos se contradijeron. Por parte de la defensa se presentaron varias personas que aseguraron haber estado con Sacco y Vanzetti a la hora del crimen.
             Los dos acusados tenían varios elementos que no les eran favorables: se trataba de inmigrantes italianos, que hablaban un inglés limitado, carecían de contactos sociales de influencia, y de elocuencia para defenderse. Además, eran anarquistas, pero por sobre todas las cosas, el juez estaba decididamente mal predispuesto contra ellos.                         Webster Thayer era un xenófobo con particular desprecio hacia los italianos y fuera del juzgado se refería a ellos como “bastardos anarquistas”. Pero incluso en una de las sesiones llegó a manifestar: "Este hombre, Vanzetti, aunque en realidad no haya cometido ninguno de los crímenes que se le atribuyen, es sin duda culpable porque es un enemigo de nuestras instituciones". Esta escandalosa arbitrariedad fue más tarde borrada de las transcripciones del juicio.


                                                      Webster Thayer

Durante las semanas en que Sacco y Vanzetti debieron afrontar el proceso, se produjeron numerosas y multitudinarias manifestaciones en diferentes ciudades de Estados Unidos, tanto de anarquistas como de gente en general, muchas de ellas reprimidas por la policía en forma violenta. Las embajadas de Estados Unidos en la mayoría de los países de Europa, de América Latina y hasta de Japón, fueron rodeadas por manifestantes con pancartas pidiendo la libertad de Sacco y Vanzetti.


                                            Manifestación en París

Un frente de intelectuales levantó su bandera contra la pena de muerte decretada contra ambos. Escritores como Upton Sinclair, Bertrand Russell, John Dos Passos, George Bernard Shaw y hasta el famoso abogado y futuro juez de la Corte Suprema, Felix Frankfurter, pidieron la anulación del juicio. El dictador Mussolini le envió una carta a Warren Harding, el presidente de Estados Unidos, para que conmutara la pena, pero la nota no fue respondida.
El día de la ejecución el gobernador de Massachusetts tenía la agenda plagada de reuniones con abogados, periodistas, profesionales y dirigentes de organizaciones que con distintos argumentos le solicitaron la conmutación de la pena. También se presentó ante él Rosa, la esposa de Sacco, una hermosa mujer de rasgos delicados acompañada por la hermana de Vanzetti, recién llegada de Italia. Rosa le habló al gobernador con el corazón, le dijo que era totalmente incapaz de matar, que si encontraba una hormiga en la casa la levantaba y la depositaba en el jardín, porque era un ser con vida, también le dijo que su esposo jamás había estado en South Braintree.


                   Alvin Tufts Fuller, gobernador de Massachusetts

El gobernador que seguramente hubiera pisado a la hormiga, la escuchó atentamente, de la misma forma que hizo con todos los que ese día se presentaron en su oficina. Era un millonario, elitista para quien los dos condenados eran dos mugrientos agitadores, que hablaban mal el inglés y que se pasaron sus vidas tratando de derrumbar las magníficas estructuras de la sociedad norteamericana. Sin inmutarse en lo más mínimo a todos les contestó con frialdad, aunque sin perder la cortesía, que el caso había sido analizado exhaustivamente durante meses, que a los reos se les dieron todas las posibilidades y finalmente cerraba diciendo que había sido un juicio justo.
La noche antes de su muerte Sacco le escribió a su hijo una larga carta de la cual se destaca este fragmento: “[...] recuerda siempre Dante, que en el juego de la felicidad no tienes que usarlo para ti solo, sino mirar un paso detrás de ti, ayudar a los más débiles que piden ayuda, a los perseguidos, a las víctimas que son tus mejores amigos. Son los camaradas que luchan y caen, como cayeron ayer tu padre y Bartolo, por la conquista de la alegría, de la libertad para todos y para los trabajadores pobres. En esta lucha por la vida encontrarás amor y serás amado”.
La energía eléctrica, un elemento destinado a dar luz, mover motores y dar confort en el hogar, en la noche del 23 de agosto de 1927, cuando el verdugo bajó la palanca, se usó para electrocutar a Sacco y Vanzetti. El juez Thayer, el gobernador de Massachusetts, los fiscales y socios de los distinguidos y exclusivos clubes del estado, no lograban entender la solidaridad de tanta gente para con dos sucios italianos anarquistas.
Hacer click aquí para escuchar la canción https://youtu.be/7oday_Fc-Gc
Los días siguientes a la ejecución explotaron bombas en el metro de Nueva York, en una iglesia de Filadelfia y en la casa del alcalde de Baltimore. Uno de los jurados perdió su casa por una bomba nocturna. Tampoco se salvó el hogar de Robert Elliot, el ejecutor que bajó la palanca. En 1932, hubo un intento de asesinato contra el juez Thayer que por el resto de su vida tuvo que vivir custodiado y refugiado en su selecto club de Boston.
Sobre el caso Sacco y Vanzetti, se hicieron películas, series televisivas, obras de teatro y se escribieron libros, siendo el más recomendable La pasión de Sacco y Vanzetti por Howard Fast.
Cincuenta años después, en 1977, el gobernador de Massachusetts Michael Dukakis, se excusó públicamente por las graves fallas cometidas durante el proceso a Sacco y Vanzetti, y proclamó su total y absoluta inocencia y pidió disculpas, salvando el” buen nombre y honor de los mártires”. Demasiado tarde para Nicola y Bartolomeo.


The Passion of Sacco and Vanzetti. Témpera de Ben Shahn. Whitney Museum of American Art.

Alfredo Serra. Odio y prejuicio en EE.UU.: hace 90 años ejecutaban a los anarquistas Sacco y Vanzetti. Infobae, bajado el 23/06/2018

Howard Zinn. Historia de Sacco y Vanzetti, el caso del juicio a los italianos anarquistas. Anarquismo en PDF, 13/10/2015.

Howard Fast. La pasión de Sacco y Vanzetti. Gobierno del Distrito Federal de México 2000.
Mauricio Kartun. Sacco y Vanzetti. Drama teatral.
Miniserie por Europa Europa. Nueva versión del caso Sacco y Vanzetti. La Nación, 24/11/2007.

viernes, 26 de julio de 2019

EL GORILA DE COOPER



Merian Caldwell Cooper formaba parte de esos aventureros que desafiaban todo tipo de peligros, o más bien parecían buscarlos, siempre usando la temeridad más que la prudencia. Cuando el resto de los mortales huía de las guerras, Cooper se lanzaba gustoso hacia los toques de clarín y el sonar de los tambores y se ofrecía a participar en lo que más sabía hacer: la aviación militar. Pero la historia lo registra menos por sus proezas aéreas, que fueron muchas y accidentadas, que por su participación como guionista de películas, particularmente por ser el creador del ícono King Kong, que reúne ficción, suspenso y aventura y, determinó un antes y un después en todos estos géneros.

                     Merian Caldwell Cooper (1893-1973)

            El afán por aventuras de Cooper comenzó tan temprano como a los 6 años cuando leyó un libro sobre exploraciones y aventuras en el África ecuatorial. Ya adolescente se incorporó a la Academia Naval de los Estados Unidos, de donde fue expulsado por su comportamiento y por sus declaraciones sobre la superioridad de la aviación sobre los barcos. Evidentemente, el mar no era su fuerte.
            A la edad de 23 años lo encontramos luchando contra Pancho Villa en México como miembro de la Guardia Nacional, pero tampoco lo apasionaban la infantería ni las batallas campales. Ingresó en la Escuela de Aeronáutica Militar en Atlanta de donde egresó con las más altas calificaciones. Al año siguiente sufrió el primer accidente de aviación con traumatismo de cráneo que le produjo una amnesia temporal.
            En cuanto se recuperó se incorporó a la Aviación de Guerra de los Estados Unidos y participó en operaciones de combate contra Alemania y el Imperio Austro-húngaro. Le adjudicaron un bombardero de la época y aquí conviene recordar que solo habían pasado 15 años desde que los hermanos Wright realizaron un vuelo de 59 segundos en una máquina más pesada que el aire. Por lo tanto los aviones de entonces eran lentos, volaban bajo y de por sí bastante vulnerables.
            Bastó que el aparato fuera alcanzado por una ráfaga de ametralladora para que se prendiera fuego. Cooper consiguió maniobrar para realizar un aterrizaje forzoso, saltó del avión con numerosas quemaduras y cayó en brazos de soldados alemanes que lo enviaron a un hospital de prisioneros. Por un tiempo se lo dio por muerto, hasta que finalizado el conflicto se reincorporó a su unidad, pero entonces su país ya no estaba en guerra y Cooper, que no había escarmentado en absoluto se alistó en el escuadrón Kosciuszko que según el tratado de Riga debía apoyar a las fuerzas polacas en la guerra polaco-soviética.
            El 13 de julio de 1920 Cooper fue nuevamente derribado, pero logró aterrizar y mal herido fue hecho prisionero, en esta oportunidad por los rusos que lo encerraron en un campo de concentración del que logró escapar a los nueve meses. Por su valor recibió de Polonia la Virtuti Militari la máxima condecoración otorgada por ese país en acciones en combate.
            La vida aventurera de Cooper adquirió cierta estabilidad y calma cuando conoció a Ernest Schoedsack. Según las crónicas ambos se vieron las caras por primera vez en Viena en 1918, otras versiones sostienen que el encuentro fue en Polonia en 1921. Schoedsack había sido camarógrafo de Mack Sennett, el director que descubrió a Charles Chaplin. De temperamento tranquilo había dedicado su vida casi por completo a la cinematografía y tenía un sólido bagaje de conocimiento sobre el séptimo arte.

                                 Ernest Schoedsack (1893-1979)

            De la unión Cooper y Schoesdsack surgieron varias películas relativamente exitosas, muchas de ellas como Grass, eran documentales sobre África y Asia, pero ya no había secretos en el mundo y el interés de la gente por este género estaba decayendo. Había que recurrir a lo fantástico y la guionista Ruth Rose inventó una isla desconocida, a la que llamaron Calavera, donde una tribu le rendía culto a su rey representado por un gigantesco gorila que fue bautizado como King Kong.
            La productora de cine RKO estaba en crisis económica y puso todas sus fichas en esta nueva creación, inédita en la historia de la cinematografía. La pieza esencial que faltaba era la persona que debía hacer realidad a un monstruo gigantesco, tarea nada fácil en tiempos en que los programas de computación estaban lejos de convertirse en realidad. Entonces apareció Willis O’Brien, genio de los efectos especiales que con la técnica del stop-motion (fotograma por fotograma) podía darle vida a modelos animales. El resultado fue King Kong, de más de 15 metros de altura donde una persona podía calzar fácilmente en su mano. A la película había que darle cierto grado de erotismo y la persona que depositada suavemente por el gorila, entró en la palma de su mano fue la bella actriz Fay Wray, quien con ropas ajustadas y algo transparentes, no podía evitar el rechazo visceral que le producía la ternura de King Kong.
Ninguno de los participantes de este emprendimiento tenían noción de que estaban gestando la historia de amor y deseo más desmesurada del siglo XX: la de un gorila enorme y una joven que a su lado parecía salida del país de Lilliput. Ella lo rechazaba aterrorizada mientras que la bestia enloquecía de deseo.

                         Fay Wray

El éxito de King Kong fue fulminante. Esto determinó que varias décadas más tarde, en 1976, para ser preciso, se llevó a cabo una segunda versión dirigida por Dino de Laurentis. Contenía mayor carga erótica muy bien representada por la sensual actriz Jessica Lange quien ligera de ropas no manifiesta ningún rechazo por el gorila, más bien todo lo contrario. Al respecto, existen escenas muy sugestivas. King Kong la coloca bajo una caída de agua para que se saque el barro de encima y después, mojada y temblorosa, la sopla repetidas veces para que se seque, ella disfruta con el aliento de la bestia como si se tratara de una lengua gigante que la está acariciando. En otra escena, el dedo del gorila hurga el cuerpo de la chica y le toca el pubis, como un pene desmesurado y renegrido.

                  Jessica Lange y King Kong

En 2005 se llevó a cabo una tercera versión que barrió con todo erotismo y la relación con el monstruo se parece mucho a la de una niña con un animal del que se hiciera amiga.
Sin embargo, la escena de antología que quedó grabada en la retina de los espectadores de cualquier parte del mundo, es la correspondiente a la primera versión, la de 1933. El gorila con la joven en su mano escapa por las calles de Manhattan y trepa al Empire State hasta llegar a su punto más alto. Allí es atacado por aviones que lo ametrallan, uno de ellos piloteado por el propio Cooper. Moribundo King Kong se precipita al vacío y cae a tierra. Inmediatamente es rodeado por una multitud que contempla al gorila muerto. Mientras los periodistas toman notas y fotografías de la muerte del simio, uno de ellos murmura: “lo mataron los aviones”, pero otro le responde: “no, no fueron los aviones fue la belleza la que mató a la bestia”.


Marina Yuszczuk. La bestia pop. Suplemento Las 12 de Página 12, 17/03/2018.
David Thopmson. Wild Boys. The Guardian, 01/03/2003.

Manuel Rodríguez Yague. "King Kong" (1933), de Ernest B. Schoedsack y Merian C.Cooper. The Cult.es, http://www.thecult.es/visiones-del-futuro/king-kong-1933-de-ernest-b-schoedsack-y-merian-c-cooper.html

Salvador Llopart. Así se rodó la escena más emblemática de ‘King Kong’. La Vanguardia. Cultura, 17/03/2018.