sábado, 14 de mayo de 2016

POLITIZACIÓN DEL PODER JUDICIAL

Los antecedentes poco santos del Poder Judicial
Señalar que el Poder Judicial se ha politizado es no tener en cuenta su historia desde el propio origen. La justicia en Argentina estuvo siempre politizada, con una fuerte tendencia a establecer estrechos nexos con los gobiernos conservadores previos a Yrigoyen, a quien por representar los intereses de la clase obrera y la clase media se opusieron a muchos de sus decretos y leyes. Sin embargo, el antecedente más oscuro de la Suprema Corte fue avalar el golpe militar fascista de Félix Uriburu en 1930, porque sentó un precedente gravísimo que facilitó el surgimiento de nuevos golpes militares en las décadas siguientes.



Miembros de la Corte Suprema que avalaron el golpe militar del 30. De izquierda a derecha: Antonio Sagarna, José Figueroa Alcorta, Ricardo Guido Lavalle, Roberto Repetto y Horacio Rodríguez Larreta (antepasado del Guasón).

Activa participación en los medios
Actualmente, la intromisión de los jueces en la política del país es tan notoria que la ciudadanía conoce los rostros y nombres de los supremos, junto con el de numerosos jueces que ingresaron en una espiral mediática y son figura repetida en los canales de televisión y en la radio. Es tal su participación en los medios, que estos se vieron en la necesidad de generar periodistas especializados en derecho para cubrir los temas judiciales. A semejanza de los magistrados, dichos periodistas no son imparciales sino que siguen las ideologías de los medios a los que pertenecen. 

En los últimos años y particularmente en los 4 meses del flamante gobierno de Macri, ávido de revanchismo contra los miembros del gobierno anterior, los magistrados son presionados para tomar partido a favor del oficialismo. El diario La Nación y el monopolio Clarín, en sus editoriales y en las columnas de sus principales redactores, le bajan línea al poder judicial sobre cómo debe actuar.



La decadencia de Ricardo Lorenzetti
Un caso paradigmático es el del presidente de la Suprema Corte Ricardo Lorenzetti. Era el hombre más mimado del país hasta la votación de la Ley de Medios después de que en una sesión abierta en el Palacio de Tribunales, los abogados del monopolio Clarín hicieron un patético papel y a la Suprema Corte no le quedó otro recurso que seguir adelante con la ley antimonopolio que había sido frenada por cautelares.
La venganza de Magnetto, el CEO de Clarín no tardó en llegar y fue despiadada, tenía escondido bajo la manga un episodio oscuro ocurrido hacía 20 años sobre Lorenzetti cuando vivía en Rafaela. El joven juez había lucrado mediante coimas e intermediaciones espurias con el PAMI. En una palabra, según el monopolio Clarín, robaba a los afiliados.

Súbitamente la noticia fue tapa de los diarios y de prócer del republicanismo, Lorenzetti se convirtió en un hereje montado desnudo en un caballo blanco y con el bonete de la Inquisición sobre su cabeza. Claudicó, se acomodó y ahora es un fiel perrito faldero de Macri y de Magnetto. A pedido de ambos solicitó a 4 jueces, que no eran afines a Cambiemos, a que renuncien. Tampoco le molestó que pasando por arriba de su investidura y sin el aval del Congreso, Macri propusiera dos jueces para completar los miembros de la Suprema Corte.

                                       Dos buenos amigos

La judicialización de la política se convirtió en un fenómeno cotidiano, comprobable con una rápida lectura de los periódicos. En una ponencia en el XII Congreso Nacional de Ciencia Política, el abogado Gustavo Arballo, profesor de Derecho, analizó 502 casos políticamente perfilados y que formaron parte del debate público, que fueron resueltos por la Suprema Corte entre 1984 y 2013 y llegó a la conclusión de que se registró un aumento significativo en la última década.

Un fenómeno común en América latina
No se trata de un fenómeno local, la justicia participa en procesos conspirativos para destronar a presidentes de corte populista que pretenden enfrentar monopolios, eliminar la pobreza y llevar a cabo una redistribución solidaria de la riqueza. En otros términos la justicia, fiel a su estilo monárquico, es elitista y trata de instaurar regímenes de derecha y afines a los intereses de Estados Unidos. 

El fenómeno comenzó en Honduras en 2009 con la remoción de Manuel Zelaya, siguió en Paraguay en 2012 con Fernando Lugo y actualmente en Brasil con la destitución de la presidenta Dilma Rousseff bajo el cargo de haber redireccionado presupuestos hacia actividades diferentes a las originariamente designadas, irregularidades cometidas por todos los gobiernos de Brasil. Es reemplazada por Temer, un presidente interino que es de temer, junto con su gabinete: una enciclopedia de casos de corrupción, una verdadera manga de fascinerosos. 

Agreguemos que según Atilio Borón: “los jueces y fiscales que participaron en el operativo de destitución de Dilma, fueron entrenados a lo largo de casi dos décadas por sus pares estadounidenses en cursos supuestamente técnicos, pero que como es bien sabido, tienen invariablemente un trasfondo político que no requiere de mucho esfuerzo para imaginar sus contornos ideológicos”.

Macri quien se siente totalmente consubstanciado con estos sujetos, que son de su mismo palo, ya manifestó la aprobación del nuevo gobierno e impidió que todo el arco opositor de la Legislatura emitiera un comunicado de repudio por este asalto institucional.

Según el ex juez de la Corte Suprema Raúl Zaffaroni: “Tanto en la justicia de Brasil como en la Argentina hay un sector minoritario de jueces que se han metido en lo partidista y, lógicamente, proceden con la torpeza que es inherente a su inexperiencia. Con notoria grosería se puede decir que son elefantes en un bazar”. Una gran parte de ellos se concentra en los tribunales de Comodoro Py, una mole de cemento de 10 pisos, donde pululan con sus expedientes bajo el brazo estos leguleyos, fatigando pasillos y zanjando los conflictos políticos acorde a los criterios de los factores de poder.

El problema con el sistema judicial argentino, es el crecimiento desmesurado que adquirió a través de los años, algo que ni los legisladores del Congreso ni los ejecutivos de la Casa Rosada jamás habrían soñado en los albores de la República.

Una casta privilegiada
Los comienzos de la Suprema Corte, allá por 1862, fueron de gran modestia y austeridad. Instalada en un local de la calle Bolívar entre Moreno y Belgrano, contaba con un personal muy reducido, que en un principio se limitó a un secretario, un ujier y un ordenanza. Actualmente cuenta con la sobria e imponente mole del Palacio de Tribunales que ocupa toda una manzana y numerosas oficinas distribuidas alrededor de la plaza Lavalle, atestadas de expedientes atrasados. A esto hay que agregar los tribunales de Comodoro Py.

Repasemos un poco las prebendas de las que goza un juez:
No se somete a la prueba de los votos. El pueblo no lo elige, se eligen entre ellos.
 No está obligado a capacitarse ni a cumplir horarios demasiado rígidos.
Prácticamente no rinde cuentas a nadie.
No paga el impuesto a las ganancias y su cargo es vitalicio.
Goza de los mejores sueldos, jubilaciones y obra social.
Puede emitir amparos que frenen leyes aprobadas por mayoría en el Congreso y transformarlas en letra muerta.
-- Los golpes militares (afortunadamente terminados) anularon el Congreso y el Poder Ejecutivo vigente, pero no llegaron a tocar al Poder Judicial o a lo sumo, reemplazaron a los supremos por jueces más venales.

Mantienen resabios medievales, incorporando frases en latín intercaladas dentro de un léxico encriptado. En resumen, el sistema judicial argentino es una corporación totalmente abroquelada, anacrónica, vitalicia, endogámica, con alto grado de inoperancia, donde un número considerable de jueces, está politizado y se maneja por influencias y presiones de grandes empresas que incluyen suculentas aceitadas.

Pruebas a la vista tenemos el encarcelamiento sin juicio previo de Milagro Sala, a todas luces por razones de revanchismo político así como la catarata de investigaciones, procesamientos y allanamientos contra funcionarios del gobierno anterior.

El caso más notorio es el escándalo mayúsculo del juez Bonadio, considerado un lumpen dentro del Poder Judicial, quien procesó a Cristina por haber autorizado el dólar a futuro. No solo carece de motivo jurídico sino que el propio Bonadio autorizó a Sturzenegger, actual presidente del Banco Central, a darle curso al dólar a futuro. Es así que se llenaron los bolsillos la mitad de los miembros del gabinete, incluyendo al propio Macri, quienes previamente tomaron la precaución de devaluar la moneda llevando el dólar a $15. Nadie del anterior gobierno realizó esa especulación, pero el juez la procesó a Cristina.

El encono enfermizo de Bonadio no es suficiente para justificar el mamarracho que confeccionó, o es pobre en neuronas o antes de escribir se fumó un porro y se mandó al garguero 3 vasos de whisky. No hay otra explicación.

Todos estos hechos y muchos más, nos dan la pauta que por primera vez en la democracia argentina, se ha perdido el estado de derecho y los ciudadanos carecen de seguridad jurídica.


Claudio Bonadio, un juez amante de las cámaras y los portales de noticias.

José Natanson. Populismo judicial. Le Monde Diplomatique, Mayo 2016.
Andrés Fidanza. Los reyes de la justicia. Le Monde Diplomatique, Mayo 2016.
Atilio Borón. Salto al poder en Brasil. Página 12, 13/06/2016.
Irina Hauser. Miniinvestigación antes de dictaminar. Página 12, 13/06/2016.
Conferencia de Sergio Wischñevsky, el 7 de mayo 2014 en el Instituto de Revisión Histórica Dorrego.
Víctor Hugo Morales. Mentime que me gusta. Editorial Aguilar. Buenos Aires 2015.
Eduardo Aliberti. Editorial en Radio La Red, 14/06/2016


sábado, 7 de mayo de 2016

EL FILIBUSTERO WILLIAM WALKER

Semblanza
Las diversas fotografías de la época lo muestran como un hombre relativamente joven, apuesto, impecablemente vestido de frac con moñito. Su rostro impresiona como un individuo inteligente, austero y de mirada benévola que sugiere una personalidad frágil. 

                            William Walker (1824-1860)

Sus antecedentes parecían marchan acorde con su aspecto físico. Nacido en Nashville, estado de Tennessee en 1824, Walker hizo una carrera fulgurante y meteórica. A los 19 años se había recibido de médico con honores y también estudió derecho ejerciendo abogacía en la ciudad de Nueva Orleans.

Según estas líneas, Walker se nos presenta como una personalidad brillante con todos los atributos para pasar a la historia como un médico destacado, un político o un diplomático prestigioso. El hecho es que efectivamente Walker pasó a la historia, pero de una manera muy distinta, ya que cuando se habla de él en los diccionarios y las enciclopedias figura con el rótulo de “filibustero”. Se designa con ese término derivado del inglés “free booter”, al individuo que se apodera libremente del botín. En otros términos Walker era, no un pirata de mar sino de tierra y de los peores.

Primeras aventuras
En 1853, Walker recaló en México para solicitar al estado de ese país un permiso y una subvención que le permitiera crear una colonia con el pretexto de frenar las incursiones indígenas en territorio norteamericano. Con buen tino su pedido fue rechazado, ya que se trataba de una maniobra para iniciar la anexión del territorio mexicano de la baja California a los Estados Unidos. 

Hacía pocos años que había concluido la guerra entre este país y México donde el país del norte le quitó el territorio de Texas y la Alta California. En Estados Unidos se había popularizado el llamado Manifest Destiny que sostenía que los colonos estadounidenses debían expandirse hacia territorios vecinos. Se podría decir que el Manifest Destiny se remonta a mediados del siglo XIX el senador William Preston sentenció que: “La bandera estrellada ondeará sobre toda América Latina, hasta Tierra del Fuego, único límite que reconoce la ambición de nuestra raza”.

Walker, quien estaba imbuido de estas ideas, aunque para su propio beneficio, no se dio por vencido y pocos meses después regresó con un puñado de aventureros reclutados de los estados esclavistas del sur y tuvo éxito en capturar la ciudad de La Paz, un poblado de la Baja California. Se proclamó presidente de ese territorio al que llamó “República de la Baja California”, sometida a las leyes del estado de Louisiana que legalizaba la esclavitud.

Los mexicanos reaccionaron atacando a Walker y sus seguidores y éste debió escapar buscando refugio en California. Allí fue sometido a juicio por conducir una guerra ilegal, pero su abogado defensor recurrió al patriotismo del Manifest Destiny que era muy popular en el sur de Estados Unidos y en pocos minutos el juez lo declaró inocente.

La conquista de Nicaragua
Faltaba más de una década para que se construyera el ferrocarril interoceánico de 4000 kilómetros entre Nueva York y San Francisco y el intercambio comercial entre ambas costas de Estados Unidos se realizaba a través de Nicaragua mediante un penoso viaje por tierra. El operativo estaba a cargo de la empresa Accesory Transit Company cuyo presidente era el magnate Cornelius Vanderbilt.

En 1854 se desató en Nicaragua una guerra civil entre quienes respaldaban al partido Legitimista o Conservador y los que apoyaban al Partido Democrático o Liberal. Los segundos, en un error de verdadero cipayismo que se repetiría en otros países de América Central, solicitaron la ayuda de Walker para que instalara colonos armados en Nicaragua. 
                           William Walker con uniforme de campaña

El pedido fue música para los oídos del filibustero quien poco tiempo después desembarcó con 60 aventureros a los cuales se les unieron alrededor de trecientos locales.
Walker combatió exitosamente a los del partido legitimista y llegó a controlar el territorio de Nicaragua. Mediante elecciones fraudulentas se constituyó en el presidente de ese país y se instaló en Granada. En la práctica, pasó a ser parte del territorio de Estados Unidos ya que estableció el inglés como idioma oficial, el dólar como moneda legítima, y fomentó la esclavitud. Es así como el primer presidente de Nicaragua fue un norteamericano.

Tanto Honduras como El Salvador percibieron inmediatamente el peligro que significaba Walkers a quien consideraban una verdadera amenaza para toda la región. Una coalición formada por tropas de Honduras, El Salvador y Guatemala ingresó en territorio nicaragüense y derrotó a las fuerzas de Walkers que se retiraron después de arrasar con fuego la ciudad de Granada.

Walker se rindió ante el almirante Charles Henry Davis de la marina de los Estados Unidos y fue repatriado a Nueva York donde fue recibido como héroe. Aventurero intrépido, inescrupuloso e incorregible pronto montó una tercera expedición que fue abortada nuevamente por la marina de Estados Unidos y repatriado a Nueva York. A esta altura de las circunstancias el periodismo y la población estaban divididos entre los que admiraban a Walker y los que lo consideraban un filibustero.

Última aventura
En 1860 Walker volvió a la región, pero esta vez desembarcó en la ciudad puerto de Trujillo, situada en Honduras. Los territorios vecinos de Belize y la Costa Mosquito, que actualmente forman parte de Nicaragua, estaban bajo control de Inglaterra a cargo del almirante Nowell Salmon. La pesada mochila de antecedentes que tenía Walker hizo que Salmon lo considerara un peligro o al menos un desestabilizador de la región y lo hizo prisionero, pero no lo devolvió a Estados Unidos sino que lo entregó a las autoridades de Honduras que se regocijaron con semejante regalo y sin demora alguna lo pusieron ante un pelotón de fusilamiento.


En la ciudad puerto de Trujillo hay una sencilla lápida que suele atraer a numerosos turistas y que tiene una placa de bronce con la siguiente inscripción: “William Walker. Fusilado. 12 septiembre 1860”.Por razones de pudor, el gobierno de Honduras omitió agregar que también fue el primer presidente de Nicaragua.

William Walker. Biografías y vidas. La Enciclopedia Biográfica en Línea. http://www.biografiasyvidas.com/biografia/w/walker.htm
Walker, William. Encyclopaedia Britannica, col 12 pag 464. Chicago 1995.
William Walker, el ultimo filibuster. El blog de Emma Rodríguez. http://pepoladas.over-blog.es/article-william-walker-el-ultimo-filibustero-47421321.html


sábado, 30 de abril de 2016

LAS MISIONES JESUÍTICAS



                                      San Ignacio de Loyola (1491-1556).

En 1549, solo nueve años después de fundar la Orden, San Ignacio de Loyola envió a Manuel de Nóbrega y seis compañeros a Brasil. Trabajando desde Sao Paulo, se adentraron en las junglas para evangelizar a los nativos.
En 1604 Roma constituyó la región del Paraguay como una "provincia" aparte para los jesuitas. Este territorio incluía los territorios actuales de Argentina, Chile, Bolivia, partes de Brasil y Paraguay. Una extensión semejante al tamaño de Europa occidental.

Los indios de la región eran los guaraníes, un pueblo primitivo de nómadas y los Jesuitas comprendieron que para protegerlos había que hacer comunidades separadas de las zonas colonizadas por los europeos. Allí podrían vivir con libertad y dignidad, aunque tuviesen que pagar tasas a la Corona. Así llegaron a establecer y administrar 30 pueblos de la zona del río Paraná hasta su expulsión en 1768 por orden de Carlos III rey de España.


                              Carlos III de España (1716-1788)

Es sorprendente y sólo puede explicarse por la enorme habilidad de los jesuitas para acercarse a los nativos e incorporarlos a su sistema, de que por 150 años, un grupo de sólo 50 a 60 sacerdotes gobernaron a más de 100.000 indios impartiéndoles el Evangelio, y lo más rescatable de la cultura europea. Lo hicieron sin obtener ventajas materiales. Hombres de una profunda vida espiritual sólidamente fundamentada en las ideas de San Ignacio de Loyola, dispuestos y bien entrenados, a sufrir lo necesario para "mayor gloria de Dios y el bien de las almas".

Rara vez algún indio abandonó las Reducciones mientras los Jesuitas las gobernaron, y no hay registros de ningún jesuita muerto a manos de los nativos. Tampoco hicieron intentos de rebelión, algo muy extraordinario entre las instituciones humanas.

Sistema de Vida
El amor a Cristo, a la Iglesia y la moral cristiana era el ideal que se enseñaba. Se basó en comunidades libres. Cada indio tenía su vida privada familiar y propiedades personales, pero compartían bienes comunes.

La planificación de los pueblos se centraba alrededor de una gran plaza. Junto a esta, la Iglesia era la construcción principal. También junto a la plaza estaba la escuela donde se impartía la formación religiosa y humana.

Había una "casa de resguardo" para los huérfanos y viudas, talleres para tallar piedra y madera para fabricar instrumentos de todo tipo, incluso musicales, escuelas de pintura, huertas, ganadería y finalmente un cementerio, lugar que para los indios era considerado sagrado.

Los Jesuitas respetaron la cultura guaraní y al mismo tiempo la enriquecieron con las cosas rescatables de la cultura europea. En las Reducciones se enseñaba el castellano, pero se permitía hablar el guaraní lo cual estaba prohibido por la corona española.

El gobierno de cada reducción estaba a cargo de un corregidor indio, nombrado por el gobernador después de consensuar con los misioneros, y un cabildo, formado de la misma manera que los de las ciudades españolas y compuesto también por indígenas. Los españoles no tenían ninguna participación en dicho gobierno; se trataba de evitar con esta medida los abusos que frecuentemente se cometían. Les estaba prohibido residir en las reducciones, pero podían ser alojados si estaban de paso. La justicia era ejercida por los misioneros que aplicaban, por lo general, castigos de azotes.

Los dos sacerdotes que estaban al frente de cada pueblo constituido por 3000 a 4000 indios, se encargaban del gobierno espiritual y la organización de la vida indígena. Las tareas diarias comenzaban y terminaban con oraciones y cantos. La base de la instrucción fue el catecismo. Las fiestas religiosas eran celebradas con particular entusiasmo y realce.

                    Misión jesuítica de San Ignacio Miní en Misiones

Política y economía
Los jesuitas no cambiaron radicalmente los usos indígenas, sino que los canalizaron para darles un nuevo sentido. Reconocieron la importancia de los caciques, a los que dieron una situación de privilegio entre los suyos. Reunieron varios cacicazgos en un solo pueblo y fomentaron la antigua solidaridad tribal con el nuevo impulso religioso. Dicha solidaridad se manifestó en todos los aspectos de la vida, tanto en la organización interna como en la defensa contra sus enemigos: los encomenderos y los bandeirantes paulistas.

La tutela ejercida por los jesuitas sobre sus gobernados tenía como finalidad que los indios aprendieran el correcto uso de su libertad y de sus bienes. Para proveer al sustento de cada familia se le daba en propiedad una parcela de tierra, los instrumentos de labranza, las herramientas para artesanías y las armas para cazar y pescar. La cosecha, de la cual los indios eran totalmente dueños, se guardaba en graneros y les era suministrada periódicamente para evitar que la malgastaran. Todos debían trabajar y producir para la comunidad. Cada indio, independientemente de su rango y función en la misión, tenía que trabajar la tierra en determinado período. En el caso del algodón, los hombres araban, los niños cosechaban y las mujeres hilaban.

Con el producto obtenido pagaban el tributo al rey, compraban las herramientas y materiales necesarios, mantenían a viudas, huérfanos y enfermos, construían iglesias y talleres y atendían las comunicaciones y la defensa. El sistema era de autosuficiencia total ya que las misiones se cerraron al resto del mundo colonial.

La ganadería, dirigida por los misioneros, servía para alimento, transporte y vestimenta. La lana era repartida y tejida por las nativas; los bueyes eran prestados a las familias para que los campos fueran arados. Realizaban el comercio por trueque entre los diversos pueblos y con los colegios jesuitas de Asunción, Santa Fe y Buenos Aires.
En 1599 los jesuitas se establecieron en Córdoba. En esta zona tuvieron tres estancias, destinadas a mantener la Universidad: Jesús María, Santa Catalina y Alta Gracia.

Cultura en las misiones
Los niños aprendían, junto con la doctrina, letras y ciencias. A los hijos de caciques y principales les enseñaban la lengua española y el latín; además, se los preparaba para los puestos dirigentes. Produjeron libros en sus propias imprentas a partir de 1700, mucho antes que en las ciudades españolas del Río de la Plata.

El poseer buenas bibliotecas fue otra preocupación de los Misioneros. Cada pueblo contaba con la suya. La de Santa María la Mayor contenía 445 volúmenes; la de los Santos Mártires, 382; la de Nuestra Señora de Loreto, 315; la de Corpus Christi, 460; pero la de Candelaria, asiento oficial de los Superiores Jesuitas, atesoraba 4.725 volúmenes.
Las Reducciones, en San Cosme y Damián, contaban además con un Observatorio Astronómico levantado por el P. Buenaventura Suárez, criollo oriundo de Santa Fe.

Asentamientos jesuitas
Los 30 pueblos misioneros sumaron, en 1702, una población de 115.000 habitantes. Merece citarse entre ellos el pueblo de Nuestra Señora de los Reyes Magos de Yapeyú, fundado en 1627, famoso por su escuela musical. En él nació San Martín en 1778, treinta y nueve años antes de que los portugueses lo incendiasen y destruyesen definitivamente. La misión de San Ignacio Miní que el P. Ruiz de Montoya había trasladado desde el Guayrá, se estableció en 1631 y los portugueses la destruyeron en 1819. Tiene ya celebridad por sus notables ruinas, que se están restaurando y que han sido declaradas monumento histórico nacional.

Combates contra los bandeirantes
                                Bandeirante

Los bandeirantes eran descendientes de los portugueses y desde su ubicación original en la actual ciudad de Sao Paulo se fueron desplazando hacia el sur con varios objetivos. Uno de ellos era extender el dominio portugués en América del Sur más allá de lo establecido por el Tratado de Tordesillas. Pero no menos importante era apoderarse del abundante ganado de la zona de la Mesopotamia y capturar indígenas para el comercio de esclavos. Se los podría definir como verdaderos filibusteros o piratas de tierra. Así los designaban los misioneros y los españoles.

Ante la amenaza de los bandeirantes, los misioneros prepararon a los indios en el uso de armas de fuego y tácticas de combate. El primer enfrentamiento importante ocurrió en marzo de 1641. Se lo recuerda como el combate de Mbororé, hoy municipio de Panambí en la provincia de Misiones. Una flota de 300 canoas con bandeirantes que avanzaban lentamente por el río Uruguay arrastradas por la corriente, hacia los saltos del Moconá, fue sorprendida por 4200 indios que desde la costa y en balsas dispararon una lluvia de flechas, tiros de arcabuces, mosquetes y piedras contra los invasores.

El encuentro fue frontal y terrible y los bandeirantes tuvieron que desembarcar huyendo por la selva. Fueron perseguidos durante varios días por los indios que realizaron una matanza despiadada. Constituyó ese el primer triunfo de las misiones.


                             Batalla de Mborobé

En 1640 se separaron las coronas españolas y portuguesas y fueron las misiones guaraníes las que resguardaron la frontera y alertaron a las autoridades españolas. La firme defensa en la zona del alto Paraná y Uruguay hizo que la expansión portuguesa se dirigiera hacia el noroeste y hacia el sur, atraída a esta última región por la abundancia de ganado cimarrón. Si no fuera por las misiones jesuitas, la provincia de Misiones y una porción de Corrientes estarían actualmente, formando parte del Brasil.

Expulsión de los jesuitas
A semejanza de otros gobiernos europeos, Carlos III expulsó a los jesuitas de sus dominios, por Real Cédula del 27 de febrero de 1767. Fue una decisión irracional que precipitó a los 30 pueblos jesuíticos en un empobrecimiento y despoblación que los condujo a su ruina; cerrándose así un ciclo de pujanza inigualada, que la Compañía de Jesús había logrado en 160 años.

Pese a los esfuerzos realizados por la administración hispánica, la decadencia de los pueblos misioneros fue irremediable. Aquellos que se habían presentado como salvadores de los indígenas sometidos durante décadas a un supuesto despotismo jesuítico, en la práctica se convirtieron en los más crueles verdugos.

Organización de las misiones jesuíticas en América. http://www.portalplanetasedna.com.ar/jesuitas3.htm

Misiones jesuíticas. El Rincón del Vago. http://html.rincondelvago.com/misiones-jesuiticas.html

Esteban Ángel Snibur. El Universo Misionero Guaraní. Golden Company, 2007

La primera imprenta en las misiones de los guaraníes. Territorio digital. http://www.territoriodigital.com/notaimpresa.aspx?c=4170181863837014


sábado, 23 de abril de 2016

EL DILEMA DE MAX SCHMELING



El encuentro entre esos dos hombres ocurre en 1938, uno de ellos es alto fornido y se encuentra incómodo deseando que la reunión termine de una vez. El otro personaje, es delgado de mediana estatura, con un bigotito que sale de su nariz y llega hasta el labio superior. Irradia autoridad y su mirada dura está clavada en los ojos del grandote.
-Herr Schmeling -dice Hitler con tono imperativo – está en juego el honor de la Alemania nacionalsocialista, usted es el mejor boxeador del mundo y es imprescindible que derrote a ese negro de los Estados Unidos. Demuestre que ellos son una raza inferior y usted es un ario puro, perteneciente a la estirpe que gobernará Europa.
-Mein Fuhrer – replica Schemling –yo soy un boxeador, toda mi vida la he dedicado a este deporte. No mezclo la política con el boxeo-.

Fue en este momento en que tercia en el diálogo un tercer personaje que se halla también presente. Se trata de Joseph Goebbels, el Ministro del Reich para la Ilustración Pública y Propaganda: -Usted no parece entender este asunto, Herr Schmeling, por esas cuestiones del azar, por esos avatares de la historia, usted, ahora, es Alemania-.

La reunión se terminó y ninguno salió conforme, Hitler y Goebbels estaban molestos y exasperados por la falta de entusiasmo que había mostrado Schmeling por la causa, mientras que este se encontraba abrumado por la tarea que le habían impuesto.

Durante su regreso, fue haciendo un repaso de su vida. Cuando tenía 16 años vio un combate de boxeo y ese momento definió su futuro. En solo tres años se convirtió en campeón amateur de Alemania de pesos semipesados e ingresó en la etapa profesional. A la edad de 22 ya era campeón de Europa en la categoría de peso pesado y decidió probar fortuna en los Estados Unidos. Allí conoció a Joe Jacobs, un entrenador de origen judío, quién constituyó una pieza fundamental en el perfeccionamiento de la técnica de Schmeling.



                     Max Schmeling (1905-2005)

Después de varias peleas exitosas, solo le faltaba enfrentar al campeón mundial Gene Tunney, pero éste se retiró y el título quedó libre. En 1930 se organizó un combate entre Schmeling y Jack Sharkey para dilucidad quien sería el nuevo rey de los pesados del mundo. Fue una contienda polémica porque si bien Sharkey le hizo besar la lona en el cuarto round, lo descalificaron por golpe bajo y el título quedó para el alemán.

En 1936 llegó el momento en que Schmeling debió enfrentarse con el mítico Joe Louis, quien hasta la fecha había disputado 23 combates sin perder ninguno. El día de la pelea, el Yankee Stadium estaba abarrotado y nunca hasta entonces se había movido tanto dinero en apuestas, la mayoría a favor de Joe Louis, no solo por su exitosa trayectoria sino porque Schmeling era alemán y en su país había descendido la sombra negra de la dictadura nazi. La gente suponía erróneamente que él también era antisemita.

Joe Louis estaba en su mejor momento, no así el alemán cuya capacidad boxística había empezado a declinar. Sin embargo, Louis había subestimado a su contrincante a tal punto que descuidó su entrenamiento para dedicarse a su deporte favorito: el golf. Por el contrario, Schmeling se preparó concienzudamente, observó las filmaciones de las peleas del negro y encontró su punto débil: cada vez que lanzaba un directo, bajaba su mano izquierda y su guardia quedaba al descubierto.

Apenas comenzó el combate, Schmeling puso en práctica su táctica y en los tres primeros rounds, ya había dejado desconcertado a Louis a base de golpes. En el cuarto round lo tumbó y en el decimosegundo con dos derechazos le ganó por knock out, algo que al afroamericano jamás le había pasado.

                        Jooe Louis pierde por knock-out en el round 12

Ahora estamos en 1938 y volvemos al comienzo del relato donde Hitler le ordenó a Schmeling con oscuras amenazas que debía ganar. El pesado mandato era que el vikingo germano tenía que derrotar a ese mono infrahumano.
El 14 de septiembre de 1923, tuvo lugar la pelea del siglo entre Luis Ángel Firpo y Jack Dempsey. Y el 22 de junio de 1938 a las puertas de la Segunda Guerra Mundial, donde ambos contendientes debieron soportar enormes presiones políticas, se realizó lo que podría llamarse la segunda pelea del siglo. 

El combate estaba totalmente politizado y había varias diferencias entre ambos contendientes. Schmeling era antinazi, no tenía prejuicios raciales y para nada estaba incentivado en ganar la pelea, además, sentía un profundo respeto por Louis. Tenía un público adverso que erróneamente lo consideraba un representante del nazismo.
En el otro rincón se encontraba Joe Louis, quién esta vez se había preparado a fondo y quería el desquite. 

Así como Hitler lo presionó al alemán, el negro fue convocado por Roosevelt con la siguiente recomendación: “Joe, en tus puños está la fuerza de América. Esto es una guerra. Somos el Bien, ellos el Mal. Si gana Schmeling se llevará mucho dinero de aquí. Con ese dinero los nazis harán bombas para arrojar sobre nuestra democracia”. Por razones de conveniencia, ni Hitler ni los norteamericanos, mencionaron que el entrenador de Schmeling era judío y que el boxeador se había negado a que se lo cambiaran.

En menos de dos minutos y medio, 124 segundos, Louis liquidó al gran Max, quien en ese brevísimo tiempo recibió 31 golpes contra solo 2 del alemán. Hitler no quiso ver a Schmeling, quien se convirtió en un paria dentro de su país. 

Pese a las desfavorables circunstancias en que vivía, tuvo el coraje de rescatar y esconder a dos niños judíos en la tenebrosa Noche de los cristales rotos y a quienes después ayudó a escapar a los Estados Unidos. Un gesto que por entonces, ya fuera por miedo o convicción hacia la causa nazi, era totalmente atípico y de extrema peligrosidad para quienes vivían bajo la férrea dictadura de la svástica. De haberse conocido el episodio, el boxeador se habría podrido en alguna prisión de Alemania.

Cuando se desató la guerra Hitler lo mandó al frente donde, por no haber defendido a la “raza superior”, fue incorporado a un batallón de paracaidistas que debían realizar misiones suicidas. Pero Schmeling sobrevivió a la guerra y los norteamericanos, que ahora conocían la verdadera personalidad del alemán, lo fueron a buscar porque la Guerra Fría lo necesitaba. Le dieron un gran puesto en la Coca-Cola y llegó a tener su propia planta embotelladora convirtiéndose en un exitoso empresario.

En contrapartida, por esos comportamientos inexplicables que suele tener el gobierno y la sociedad norteamericana, el destino de Joe Louis fue muy diferente. Lo persiguieron con los impuestos y terminó hundido en la miseria. Solo tuvo una persona que lo ayudó: Max Schmeling quien cultivó una estrecha amistad con el negro. Cuando éste sufrió serios problemas de salud (cardíacos y psiquiátricos ocasionados por la cocaína), el alemán le costeó parte de los tratamientos. Cuando Louis murió en 1981 a los 66 años, Max Schmeling, quien fue uno de los que llevaba la manija del féretro pagó todo el funeral.


                                   Joe Louis y Max Schmeling

Así era Max un tipo íntegro de principios y convicciones sólidas, que sobrevivió a la maquinaria nazi que quiso destruirlo. Una buena persona que falleció un día de febrero de 2005. Tenía 99 años.

Busto de Max Schmeling en el municipio de Hollensted, Hamburgo.

José Pablo Feinmann. Max Schmeling contra Joe Louis. Página 12, 8/11/2015.
Edu Casado. Max Schmeling: el campeón que no quiso entrar por el aro de Hitler.
Ángel González. Max Schmeling: el perro nazi que salvó judíos. El Mundo.es. 08/02/2005. http://www.elmundo.es/elmundo/2005/02/04/obituarios/1107530632.html


sábado, 16 de abril de 2016

LA RESILIENCIA DE MARIO

 “No tengo claro si lo que logré hacer en mi vida fue pese a esas experiencias de mi niñez o gracias a ellas”
Mario Capecchi

La sala infantil del hospital de Reggio Emilia, cerca de Bolonia, está atestada de niños de distintas edades. En una de las camas se encuentra Mario cuyo organismo de 9 años lucha por sobrevivir contra la fiebre tifoidea. Hace cerca de un año fue recogido en la calle por la policía que lo halló semiinconsciente. Porque Mario parece ser un huérfano, ningún familiar ha venido a reclamar por él. ¿Qué le pasó y porqué se encuentra en estas condiciones?

Lucy


                         Lucy Ramberg

Vayamos un poco atrás en el tiempo. La madre de Mario se llama Lucy Ramberg y de ella se conoce una foto cuando tenía 19 años que la muestra hermosa y atractiva. Lucy es de origen estadounidense, pero siendo niña se trasladó con su madre y su abuela a Italia. Estudió literatura en La Sorbona y llegó a ser docente en esa institución. Escribió buena poesía y formó parte de un grupo de artistas llamados “Los Bohemios”. Era una mujer inteligente que dominaba media docena de idiomas. Conoció a Luciano Capecchi que era piloto de la Fuerza Aérea italiana y ambos se enamoraron apasionadamente.

El 6 de octubre de 1937 nació Mario cuando el país ya estaba sumergido en el fascismo de Mussolini. Las relaciones entre el dictador italiano y Hitler eran cada vez más estrechas y una sensación de gran inestabilidad política, recorría Europa. El grupo de Los Bohemios era abiertamente antifascista y antinazi y Lucy era la encargada de repartir panfletos contra el régimen y contra el nazismo. En 1939 estalló la guerra y Luciano debió abandonar el hogar para desempeñarse como piloto en el conflicto. No volvieron a verlo.

Lucy era previsora, sabía que podrían detenerla por sus actividades políticas y había ahorrado un dinero para que alguien se hiciera cargo de su hijo. Mario recuerda vagamente cuando soldados alemanes ingresaron a su casa en los Alpes tiroleses para llevarse a Lucy en la primavera de 1941. Lucy tuvo tiempo de entregar a Mario a una familia del lugar junto con la suma de dinero que había ahorrado para que lo tuvieran bajo su cuidado.

Vagabundo y mendigo
Mario vive un año con los granjeros gente simple semi analfabeta que trabaja arduamente en el campo. No recuerda si el dinero se acabó o aquella familia después de un tiempo consideró que habían hecho lo suficiente y lo arroja a la calle. Mario tiene 4 años y medio, empieza a deambular, atravesando sendas, campos cultivados y en los pueblos duerme en las ruinas de edificios destruidos por los bombardeos.

Finalmente llega a la ciudad de Reggio Emilia y allí decide quedarse. Conoce a otros niños en una situación de extrema precariedad como la suya, huérfanos cuyos padres murieron durante la guerra o por otras circunstancias. Integra una banda de ladronzuelos que luchan por la supervivencia, mendigan, roban y se convierten en asiduos concurrentes de comisarías y orfelinatos, algunos peores que la calle. Mario se escapa de todos ellos, está sucio, enflaquecido, con la ropa hecha jirones y siempre hambriento.

Pasan más de 4 años en estas condiciones hasta que un día la policía lo encuentra semi desvanecido y afiebrado y lo traslada al hospital de Reggio Emilia donde le diagnostican fiebre tifoidea.

Aparece Lucy
Volvemos al principio de la historia, Mario tiene 9 años y hace varios meses que está internado en el hospital, ha superado la enfermedad pero está muy débil en su convalecencia. Una mañana se acerca la Hermana María, la enfermera a su cargo. No viene sola, está acompañada por una mujer desconocida, pero la Hermana María le dice que es su madre. Al muchacho le cuesta asociar el recuerdo de Lucy, cuando se la llevaron los alemanes, con esta señora envejecida, algo encorvada y mirada triste. Es que los 4 años en el campo de concentración de Dachau minaron terriblemente su organismo.
                                          
Terminada la guerra, Lucy fue liberada y se dedicó frenéticamente a localizar a su hijo. Con ella viene ropa nueva y la voluptuosa y olvidada sensación de un baño refrescante.

Lucy hace contactos con su hermano Edward Ramberg, un físico destacado radicado en Princeton, New Jersey que trabaja para la Radio Corporation America. El tío Edward les compra dos pasajes y en cuanto llegan a Estados Unidos, al día siguiente su madre lo envía a la escuela. Mario recién está aprendiendo el inglés que Lucy le fue enseñando durante la travesía en el barco. Dado sus durísimos antecedentes callejeros, a Mario le cuesta ser sociable e integrarse con los demás compañeros. Poco a poco lo va logrando y cuando ingresa a la escuela preuniversitaria o college, se puede decir que es un joven civilizado.

Finalizada esta etapa Mario logra ingresar al prestigioso MIT (Massachusetts Institute of Tecnology) en Boston, donde descubre su verdadera vocación: la biología molecular, una ciencia que acababa de nacer y se encuentra en plena ebullición. Del MIT se traslada a la Universidad de Harvard que es la Meca de la biología molecular. Allí se entrevista con James Watson quien junto con Crick descubrió a principios de la década del 40 la estructura en doble hélice del ADN, el hallazgo más importante en toda la historia de las ciencias biológicas. Mario le pregunta a Watson cual es el mejor lugar para realizar sus estudios y graduarse. Watson le replica: “Aquí mismo, sería un tontera que usted fuera a otro sitio”.

El ratón mutante
Terminadas sus investigaciones en Harvard, que para Mario fueron cruciales en su carrera, se traslada a las Montañas Rocosas donde se encuentra la universidad de Utah. Allí comienza a investigar la forma para alterar la estructura genética de los ratones, animales muy útiles en experimentación básica porque poseen una estructura de ADN con muchas similitudes a las del humano.

El objetivo de la investigación es anularle al ratón un gen determinado, lo que se llama knock out mouse o ratón mutante y compararlo con otro roedor normal. Mario cultiva embriones de ratón en su etapa más temprana y que por lo tanto están constituidos por células madre o indiferenciadas, lo que significa que pueden transformarse en las de cualquier tejido del organismo. Seguidamente introduce en el cultivo el gen de un ratón que se quiere investigar. Algunas de las células madre incorporan el gen en su estructura y es cuando el embrión es introducido en el útero de una ratona. El nuevo ser es un ratón mutante que permite a los científicos establecer los roles de genes individuales en la salud y la enfermedad y estudiar enfermedades cardiovasculares y neurodegenerativas, la diabetes y el cáncer. El descubrimiento se aplica en casi todos los terrenos, desde la investigación básica hasta el desarrollo de nuevas terapias.


                                       Mario Capecchi (1937-)

Mario Capecchi tiene 79 años, su descubrimiento del ratón transgénico es ampliamente utilizado por muchas instituciones en todo el mundo. Una madrugada del año 2007 suena el teléfono, la llamada es de Estocolomo, más precisamente del comité del Premio Nóbel. Le anuncian que compartirá con otros dos científicos el máximo galardón en Medicina y Fisiología «por sus trabajos sobre células madre y manipulación genética en modelos animales».

Pedro Lipcovich. El Premino Nobel de Medicina a los inventores del ratón mutante. Página 12, 09/10/2007.
 DW. Cinecia: Mario Capecchi: de niño mendigo a Premio Nóbel de Medicina 2007. http://www.dw.de/mario-capecchi-de-ni%C3%B1o-mendigo-a-premio-n%C3%B3bel-de-medicina-2007/a-2813324
DNA from de Beginning. Mario Renato Capecchi (1937-) http://www.dnaftb.org/41/bio.html