sábado, 15 de enero de 2011

La SRA

SRA: es el acrónimo de Sociedad Rural Argentina
La primera vez que se rozó suavemente el poderío e intereses de la SRA fue cuando en 1944 se puso en vigencia el Estatuto del Peón que integrado por 30 artículos, tenía como objeto regir las condiciones del trabajo rural, su retribución, las normas de su desenvolvimiento higiénico, el alojamiento, la alimentación, el descanso y las reglas de disciplina.
Hasta entonces, el peón rural estaba sometido a las arbitrariedades del patrón que en el mejor de los casos tenía una actitud paternalista donde abundaban frases como “quedate tranquilo, vos ya votaste” y en el peor de los casos eran simples esclavos donde regía hasta el derecho de pernada como en tiempos del Medioevo.
El Estatuto del Peón no dañaba los intereses económicos de los terratenientes, pero reaccionaron como si hubieran recibido un zarpazo feroz. Las sociedades rurales lanzaron una proclama a través de sus medios que terminaba diciendo: Queremos expresar nuestro desacuerdo por la forma belicosa y hostil hacia los productores rurales sin discriminación alguna, con que se ha hecho pública la aparición del estatuto del peón, creando un clima de violencia y de resentimientos recíprocos en un medio donde reinaba la armonía y el mutuo entendimiento. La justicia social no puede tener nunca su base en la violencia ni menos en la fuerza, pues sobre ellas no ha podido edificarse nada sólido ni duradero.
No hay espacio para analizar la hipocresía de estas palabras, pero resulta obscena la frase “donde reinaba la armonía y el mutuo entendimiento”.
No se puede obviar la actitud que tuvo la SRA con los gobiernos democráticos a los cuales combatió y denostó sistemáticamente, excepto al gobierno de la rata que prácticamente les regaló el enorme predio que poseen y tuvo una actitud servil hacia todos sus requerimientos. Por lo demás, sólo los presidentes uniformados de facto podían ir a la SRA con la seguridad de ser recibidos con vítores y aplausos.
Cumplido un año de la dictadura de Videla, la SRA sacó una solicitada que terminaba diciendo que reiteraba su apoyo a “toda acción que signifique completar el proceso iniciado el 24 de marzo de 1976, para lograr así los fines propuestos que en definitiva son los grandes objetivos nacionales”. Para la SRA los “grandes objetivos nacionales” era mantener al país en un estado exportador de materias primas a ultranza y hacia ese logro se abocó enconadamente uno de sus socios más ilustres: el ministro de Economía de la dictadura José Alfredo Martinez de Hoz.


El mensaje que emitieron esta semana las entidades agropecuarias es que no van a negociar nada, que quieren otra política agropecuaria y que se vaya el gobierno kirchnerista en general y Moreno en particular. Quieren otro gobierno y otra política.
Comienza un año electoral y en el dispositivo de la oposición se encuadra una Mesa de Enlace que debuta en la campaña con un paro en la comercialización de granos. El intento es incidir como lo hizo abiertamente en las elecciones de medio término del 28 de junio del 2009 aunque su discurso de confrontación ya no sea tan representativo como durante el conflicto.
Como bien señala Luis Bruschtein en su columna de hoy en Página 12, la puja por la 125 fue también un laboratorio cultural. Hubo una intervención corporativa de los grandes medios que presentó a los productores como las víctimas de un Estado injusto y autoritario, instalando categorías como “el campo” o “la guerra gaucha”, haciendo una mezcla con los orígenes de la patria, el trabajo esforzado, el hombre sencillo, de palabra honrada y sin doblez. Los medios corporativos se esforzaron en resaltar esos paradigmas más allá del contenido del conflicto. El sujeto victimizado, esforzado y leal, eran las patronales rurales.
Sobre este contexto, el lenguaje ferozmente descalificador y violento de los ruralistas era presentado como el grito desesperado de una protesta legítima. Del lado oficial también hubo exabruptos. La diferencia fue que mientras los insultos y las groserías de las patronales rurales eran recibidos como “chistosos”, los discursos duros del oficialismo eran usados para reforzar la imagen de autoritarismo e ignorancia que construía la corporación mediática sobre el Gobierno.
Los señores del campo que nunca hicieron tanto dinero como en estos años van por más, van por todo.



miércoles, 12 de enero de 2011

Luces y sombras del periodismo

Hoy en La Nación, salió un artículo firmado por un tal Silvio Waisbord (ver original aquí) quien critica como algo negativo a un tipo de periodismo que él designa “militante”. Bajo este término señala a las publicaciones que defienden un gobierno o partido y obviamente, aunque no los nombra, es fácil deducir que apunta los cañones a los periódicos y programas oficialistas.
Para el comentarista del diario La Nación, todo periódico o periodista que no piense dentro de su línea, y peor aún que ataque algunos de sus editoriales de fondo, estaría haciendo un periodismo “militante”.
Se olvida este comentarista que durante la dictadura de Perón, se cerraron periódicos “militantes” como Nuestra Palabra, La Vanguardia y la Prensa con lo que al desaparecer la crítica y la diversidad, se terminó la libertad de expresión.
Si de periodismo “militante” vamos a hablar, el diario La Nación, representa a la Sociedad Rural y a la oligarquía ganadera, por lo tanto ejerce periodismo “militante”, pero debemos reconocer que no deja de ser informativo. No así el Clarín, que hace tiempo dejó de ser un diario para transformarse en periodismo “militante” a ultranza de las grandes corporaciones y de sus propios intereses.
Pruebas al canto, cuando salieron las denuncias de trabajadores esclavos en la filial argentina de la trasnacional Nidera, el diario Clarín tapó la noticia, simplemente porque Nidera es uno de sus auspiciantes y en cuanto a La Nación, minimizó y cuestionó la veracidad de la noticia.
Y es que Nidera, por su actividad en la genética de los granos está vinculada al campo y el campo es intocable, es sagrado, es químicamente puro. El hombre de campo es aquél que trabaja de sol a sol, es el granjero o chacarero que desafía los avatares climáticos. Dios y el campo decían los carteles durante el lock-out patronal por la 125.
Todo esto sobre el hombre de campo es cierto, pero no lo podemos hacer extensivo a todos los grandes terratenientes y menos a las grandes empresas exportadoras de granos y productoras de semilla genéticas como Nidera y Cargill o de fertilizantes muy cuestionados como los que produce Monsanto. Nidera además es una de las principales organizadoras de Expoagro.
El periodismo “militante”, como así lo llama Waisbord, es por lo tanto una necesidad, un verdadero anticuerpo ante la desinformación de la prensa mediática que antes de cuestionar a los medios que piensan distinto, debería hacer autocrítica y admitir que el papel con el que producen sus periódicos, fue adquirido durante la dictadura con métodos extorsivos.
¿Y como deberíamos designar el periodismo de TN? Quizás periodismo degradado o de la mala onda ya que si hay un asalto o crimen lo pasa 70 veces acompañando de zócalos alarmantes para crispar a la audiencia y hacerle creer que Buenos Aires es la ciudad más insegura del mundo. Las buenas noticias son deliberadamente excluidas.
El señor Silvio Waisbord al criticar a ese periodismo que llama “militante”, está atentando contra la libertad de prensa, pero sabe que ni ADEPA ni la SIP lo van a cuestionar.

domingo, 9 de enero de 2011

De categorías y excesos



Por Mempo Giardinelli
Carta a Santiago Kovadloff

Estimado amigo: creo que te consta cuánto te respeto y aprecio. Pero en tu artículo del 31 de diciembre (hacer click aquí) leo una inesperada cantidad de afirmaciones que me impiden callar. Y sobre todo me alarma el uso de tantas categorías de descrédito nada rigurosas, como las que uno escucha todo el tiempo en cierta clase social porteña, y que no esperaba de vos. Veamos tus preguntas:
"¿Fin de la autocracia?" Ante todo, me pregunto de qué país hablás, porque autocracia significa "gobierno en el cual la voluntad de una sola persona es la suprema ley" y eso no impera en la Argentina, donde vivimos una democracia participativa como nunca antes. Sin dudas conflictiva y con aspectos reprobables, con instituciones sometidas a fuertes presiones corporativas y con un funcionamiento ejecutivo, legislativo y judicial muchas veces cuestionable. Pero desde diciembre de 1983 aquí se puede opinar lo que se quiera; impera la más absoluta libertad de expresión, y la fenomenal recuperación económica de nuestro país tiene que ver con esto.
"¿Murió con Néstor Kirchner la necesidad de concebir el ejercicio de la política como beligerancia perpetua?" Otra vez pregunto: ¿Cuál beligerancia? Porque el estilo de NK podía ser cuestionable por chabacano, desaliñado y provocador, y yo lo señalé en muchos artículos. Pero beligerante es quien está en guerra, y no fue ni es el caso argentino de los últimos siete años, por lo menos. NK pudo ser polémico y poco propenso a conciliar, pero tanto como decenas de dirigentes, por caso Carrió, Morales, Duhalde, Macri y tantos más. Beligerantes son los antidemocráticos y golpistas, que los hay, nostálgicos de un autoritarismo a cuya superación vos contribuiste de modo ejemplar. Y también son beligerantes los resentidos que agravian e insultan y hace poco descorcharon champán practicando un repudiable "viva la muerte".
"¿Enviudar significó también poner fin al ostracismo del sentido común?" Me sorprende este desaliño lingüístico. Porque enviudar para la Presidenta ha de haber significado solamente dolor y desamparo, como cuando se muere tu compañero/a de más de treinta años. Eso merece simplemente respeto, en lugar de cuestionamientos a la exclusión o retorno del sentido común, materia discutible si las hay, toda vez que se define como "el modo de pensar y proceder tal como lo haría la generalidad de las personas".
"¿Ante quién estamos? ¿Ante una presidenta liberada de una tutela despótica? ¿Ante una voz postergada que recupera protagonismo y se abre al diálogo con sus adversarios?" Me pregunto de qué tutela despótica hablás, Santiago, porque lo que a mí me impresionaba era precisamente el acuerdo de esa pareja, el modo de resolver sus naturales forcejeos y el proceder siempre a dúo. Me cuesta creer que un intelectual como vos caiga en ese machismo ramplón que supone que la Presidenta era sometida por su marido. Yo no crucé ni diez palabras con ellos, juntos ni de a uno, pero conozco mucha gente que puede testimoniar la unidad en disenso que practicaban. Y que a mí y a muchos argentinos nos parece una experiencia original, interesante y valiosa.
Tampoco se entiende lo de "voz postergada que recupera protagonismo" porque si algo no perdió jamás CFK, como jefa de estado, fue protagonismo. De igual modo que si de "diálogo con adversarios" se trata, es ella la que viene poniendo mejilla todo el tiempo frente a la cerrazón de la oposición, devenida masa amorfa de gritones y exasperados que acusa sin cesar pero a la que no se le cae una idea de gestión con sentido social ni de casualidad.
También acusás al Gobierno del "estallido de los hechos recientes", lo cual sorprende porque está claro que en el armado de las ocupaciones de tierras de las últimas semanas hubo operadores no precisamente gubernamentales. Podrá gustarte o no la designación de Nilda Garré al frente de un para mí tardío Ministerio de Seguridad, pero fue una respuesta a las provocaciones. Y en cuanto a que "abundan los muertos sembrados por la violencia", yo respondo que no hay tal abundancia y que ni un solo cadáver es atribuible a este gobierno, y menos a la Presidenta.
Por lo demás, es cierto que CFK se aferra al populismo. ¿Y qué? Se aferra a su ideología como la oposición al liberalismo, cierta derecha al fascismo y cierta izquierda al marxismo o al troskismo. Pero eso no autoriza a que afirmes que "optó por la inoperancia" cuando este gobierno es el que más cambios ha producido, y ha desarrollado a la Argentina como ningún otro en varias décadas, precisamente con leyes, propuestas y obras de todo tipo. Debieras viajar por el interior, Santiago, para ver cómo han cambiado las cosas, muchas para bien y algunas para mal, desde luego. Y verás cuánto tiene que ver lo malo con la soja, el desmonte, el abuso empresarial y el atropello a históricos campesinos expulsados de sus tierras y forzados a indignas migraciones internas, todo lo cual se relaciona con cierto liberalismo salvaje y con el menemismo y una corrupción, esa sí, incontrolable.
Por eso no se entiende la supuesta "ola de inconformidad" que mencionás, cuando la inmensa mayoría está de vacaciones y el consumo ha crecido de manera inusitada, posibilidades que miles de familias hasta ahora no tenían.
"No encaró a fondo el problema de la vivienda y menos aún el de la pobreza". Ay Santiago, pareceré oficialista (lo cual deploro porque no lo soy) pero jamás en la Argentina se construyó tanta vivienda social como en los últimos cinco años. Y no hablo de datos oficiales, sino de lo que se ve en todo el país. Y ni qué decir de la Asignación Universal por Hijo, medida que no sólo provee de unos pesos a millones de personas que estaban fuera de la economía, sino que además sus hijos (casi cuatro millones) se documentan masivamente y han aumentado la escolaridad de manera impactante, generando una extraordinaria crisis pero de crecimiento.
Aspectos cuestionables. Es claro que hay muchísimo que este gobierno no hizo, y son sus aspectos más cuestionables los que me impiden declararme kirchnerista. No han movido un dedo para limpiar las malditas policías de todo el país y no sólo la Federal o la Bonaerense. Mantienen un sistema carcelario inhumano que fue creado por el genocida Camps. No han mejorado sustancialmente el sistema de salud pública, y además hay bolsones de corrupción que perduran en el país y para mí -como para vos- son intolerables. No hay un solo preso por corrupción de estos siete años en la Argentina, y eso es tremendo. Y es poquísima respuesta llevar a juicio oral a Ricardo Jaime, aunque esté bien.
Pero no ignoro, Santiago, lo que muchos olvidan: que a esta corrupción no la inventó el kirchnerismo, cuya culpa es no haber cortado las cadenas de coimas. Por eso el odio de cierta oposición es mentira que esté vinculado a objetar la corrupción. Ese odio es resentimiento puro ante una de las mejores cosas del kirchnerismo: que ha recortado poder y privilegios a ciertas corporaciones.
Finalmente, rechazo que "el año que despedimos no termina bien". Yo digo que termina mejor que cualquiera de los últimos veinte años, por lo menos. Con inflación dura pero controlada, con medio país de vacaciones y un consumo fenomenal, con una industria recuperada y exportaciones record, con la deuda externa achicada y políticas sociales que no existían. A ver, Santiago, ¿qué fin de año fue mejor? ¿Acaso alguno de nuestro querido Raúl Alfonsín que terminó sometido por lo peor del golpismo -primo hermano del actual- pero también por su propia inoperancia? ¿O alguno de Menem, al que aborrecimos porque era ejemplar solamente en su inmoralidad? ¿O los tres fines de año infames que nos regaló el autista De la Rúa, rodeado de Cavallos y López Murphys para horror de los radicales de ley, y te lo dice quien viene de una familia de radicales de ley?
Tampoco puedo dejar pasar eso de "la volatilización del Estado" y de que "la República linda con lo espectral". Madre mía, Santiago, ni en tiempos de los militares a los que vos lúcidamente combatiste con la pluma y la palabra; ni en los de Menem que nos rifó el país a cambio de nada y sembrando desempleo y desindustrialización; ni en los sucesivos reinados económicos de Cavallo; ni cuando las decenas de muertos del final de De la Rúa y el circo que vino después te escuché o leí decir algo semejante. Ni vos ni nadie puede definir hoy a nuestro país como "república que linda con lo espectral". Es excesivo, por decirlo suave.
Con el mayor respeto y ninguna ironía, amigo mío, he intentado decirte que no me parece bien que un filósofo y columnista serio como vos dé por ciertas categorías y asertos propios de cualquier pelafustán exasperado. Vos no lo sos; de ahí mi sorpresa al leer tu nota. Y de ahí esta nota, que cierro con el abrazo cordial de siempre.

viernes, 7 de enero de 2011

El robo más grande de la historia

El objeto del robo
Cuando se habla del robo más grande de la historia no debemos considerar el desfalco a un banco por más grande que sea la suma, o la sustracción de alguna joya famosa como el Koh-i-Noor, el diamante de mayor tamaño existente y que después de múltiples peripecias que llenarían un libro, hoy forma parte de las joyas de la corona de Su Majestad Elizabeth II.
Cuando se habla del robo más grande de la historia debemos pensar en la obra de arte más emblemática, de la cual más se habló, se escribió, se la desfiguró (Dechamps), se la utilizó como publicidad y se la reprodujo millones de veces.
No cuesta mucho deducir que se trata de La Gioconda. La fascinación que ha ejercido a lo largo de los siglos y el poder que tiene sobre la mirada del espectador obstaculizan un análisis objetivo, dado el ícono en que se ha convertido para la cultura del mundo moderno y contemporáneo. En ella se citan todas las características de la pintura de Leonardo: el empleo del sfumato, esa técnica que desdibuja suavemente los rasgos hasta hacer indefinibles los contornos; el hermoso paisaje del fondo, que suavemente va desapareciendo en tonos azules y por sobre todo, la ambigüedad del rostro, que intenta esbozar una sonrisa, la más melancólica y misteriosa de la historia del hombre.

Leonardo nunca se desprendió de ella y la llevaba consigo en todos sus viajes, mientras la pintaba por etapas. Dicen que cuando se la mostró a Rafael, éste se quedó mirando la obra sin decir palabra y de sus ojos brotaron lágrimas.
La Gioconda siempre estuvo envuelta en un halo de cierto misterio que también incluyó a la mujer del retrato. Cortesanas, duquesas, princesas y campesinas, fueron oportunamente consideradas a lo largo de los tiempos como el personaje que posó para Leonardo. Hoy se acepta, aunque no hay seguridad absoluta, de que se trata de Lisa del Giocondo, esposa del rico florentino comerciante en sedas Francesco del Giocondo, quien le encargó a Leonardo la obra. Sin embargo, el pintor, quizás intuyendo que había pintado el cuadro más famoso de la historia, nunca se la entregó.
De los millones de turistas que desfilan todos los años y la fotografían o se fotografían junto a La Gioconda, son muy pocos los que saben que una vez fue robada y como el autor del dolo fue un argentino vale la pena que rescatemos ese episodio.
El gran robo
Para llevar a cabo el robo de la historia participaron 3 personajes: el ladrón, el empleado del Louvre que debía ser sobornado y un hábil artista que pudiera hacer una copia lo más exacta posible.

Eduardo de Valfierno












El ladrón era Eduardo de Valfierno, pero se hacía llamar Marqués de Valfierno, venía de Buenos Aires y arribó a París en 1911 con la decisión de apoderarse de La Gioconda y hacerse millonario, no con el original sino con copias que vendería a varios magnates. El plan era descabellado, pero contra toda lógica resultó un éxito rotundo. Lo primero que hizo el autotitulado marqués fue buscar al más talentoso experto en copiar obras de arte y éste fue el marsellés Yves Chaudron a quién Valfierno le encargó 6 copias de La Gioconda. A Chaudron le llevó más de un año concluir sus trabajos usando pigmentos y técnicas del 1500 y sobre maderas tan añejas como las del original que está pintado sobre una tabla de álamo.
Mientras tanto, Valfierno se contactó con sus presas, media docena de discretos millonarios que estaban dispuestos a distraer buena parte de sus fortunas con tal de tener La Gioconda en su poder en caso de que “desapareciera”.
Vincenzo Peruggia, carpintero del Louvre, de origen humilde, corazón patriota y escasas luces, estaba trabajando en la carpintería del museo cuando se le apareció “el marqués” quien con su finísimo olfato había detectado al hombre indicado. Porque Peruggia, era crédulo y reservado y se entusiasmó con la idea de que La Gioconda volviera a su patria.
El operativo
El domingo 20 de agosto, cuando el público empezó a vaciar las salas a la hora de cierre, Peruggia se ocultó en un pequeño cuarto donde se guardaban herramientas, próximo al Salón Carré. Al día siguiente, un lunes, el museo cerró sus puertas y cuando el guardia del salón  dejó su puesto para ir a fumar un cigarrillo, Peruggia bajó La Gioconda de la pared, le sacó el marco, la ocultó bajo su amplio guardapolvo de trabajo y salió del Louvre como un trabajador más que culminaba su jornada.



Recreación del robo según la Domenica del Corriere




El martes 22, el mundo se despertó con la noticia de que La Gioconda había sido robada, en su lugar quedaba la señal triste del espacio descolorido en la pared. Se cerró el museo durante una semana y con él todas las fronteras de Francia, mientras cientos de policías y detectives buscaban afanosamente la pintura más importante del Louvre y del mundo.
Eduardo de Valfiemo no volvió a tomar contacto con el carpintero italiano. No necesitaba tener a la verdadera Mona Lisa. Con máxima discreción, retomó el contacto con los seis coleccionistas de arte interesados en el original --cinco norteamericanos y un brasileño-, y a cada uno le vendió las copias hechas por su socio Chaudron a precios exorbitantes. Los millonarios jamás fueron identificados, ni siquiera cuando reapareció La Gioconda ya que no hicieron la denuncia porque ellos mismos habían cometido el delito de adquirir una obra de arte robada.
Epílogo
Durante dos años, La Gioconda estuvo amontonada entre ropa y trastos viejos en un baúl de la humilde vivienda de Peruggia y volvió a la luz cuando este se la quiso vender a un anticuario. Peruggia fue a prisión y jamás denunció a sus cómplices y al cabo de un año y 15 días fue liberado por deficiente mental y más que nada porque se había hecho popular y famoso ante la opinión pública que lo consideraba un romántico héroe nacional.
En cuanto al “marqués” vivió como un duque en Estados Unidos con una fortuna calculada entre 30 y 60 millones de dólares. ¿Fue o no el robo de la historia?
Ahora, La Gioconda está sobreprotegida de alarmas y detrás de un blindex donde sigue sonriendo a los admiradores, pero ¿será la verdadera?
Ricardo


martes, 4 de enero de 2011

El Teatro Colón: una cáscara vacía

La filarmónica del Colón tocando en la calle en señal de protesta


El teatro Colón, nuestro primer coliseo, uno de los más grandes del mundo, con acústica excepcional y bellísima arquitectura, se arrastra penosamente bajo la gestión de Macri. Procesado por la justicia por actos de espionaje, por haber elegido casi delincuentes en puestos clave como el “Fino” Palacios, Macri convirtió al Colón en una cáscara vacía. Una fachada a la cual le lavó la cara para hacer ostentaciones con juegos de imágenes durante el Bicentenario en un acto inaugural con asistencia de gran parte de la farándula que poco sabe de arte musical, o para festejar el cumpleaños de la anciana y frívola dama que le da letra en sus programas.
La infraestructura, detrás de los cortinados, las salas de ensayos, están en estado deplorable. El patrimonio del Colón constituido por trajes, partituras, objetos, etc, está deteriorándose en contenedores no se sabe donde ni por cuanto tiempo.
No debe sorprendernos esta desaprensión total de Macri por el Colón, él es un ignorante del género musical y un empresario neoliberal para quién lo que no es rentable no sirve. Ni el teatro Colón, ni los hospitales de la ciudad ni las escuelas son rentables y por eso se mantienen lastimosamente en pie y desabastecidos.
El hospital Rivadavia, donde en la guardia el inodoro del baño debe ser vaciado con un balde sucio, ha sido objeto de codiciosas miradas de Macri para tirarlo abajo y vender esos terrenos a emprendimientos inmobiliarios, quizás para testaferros amigos.
El desarrollo del programa de este año del Colón es impredecible, porque el personal quiere mejoras salariales que el Jefe de la Ciudad no les va a dar, mientras los descalifica de cuasi mafiosos, que es la actitud de Macri con aquél que desacuerda con su pobrísima gestión.
Hablando con la torpeza que lo caracteriza, tropezándose con las palabras y frecuentemente con alguien atrás que le sopla al oído lo que tiene que decir, Macri niega que el piso del Colón no sirva para el ballet. Parece que él sabe más que las bailarinas que se lesionaron la columna por ensayar en ese escenario. ¿También le habrán soplado lo que tenía que hacer en su noche de bodas?

lunes, 3 de enero de 2011

Impedirás los derechos sexuales y reproductivos


La UCA y la Universidad Austral forman “especialistas en bioética” que luego operan en los comités de los hospitales. Enfermeras ligadas a la Iglesia alertan sobre los pedidos de aborto no punible. Y hay abogados que completan el trabajo de pinzas.

Por Mariana Carbajal (extracto)
La Iglesia Católica formó un ejército de especialistas en bioética que se desempeñan en hospitales públicos, con la intención de influir a través de los comités de bioética en las decisiones que tienen que ver con la regulación en torno al inicio, la reproducción y el fin de la vida y los límites de la ciencia. Particularmente les interesa obstruir el acceso a los abortos no punibles, entre otras prácticas legales sobre salud sexual y reproductiva, con el argumento de que es la Iglesia Católica y no el Estado la que debe establecer las normas de lo posible en lo concerniente a la vida de los individuos. Enfermeras formadas en cursos de la pontificia Universidad Católica Argentina (UCA) y de la Universidad Austral, ligada al Opus Dei, son las que alertan cuando una mujer solicita la interrupción voluntaria del embarazo amparada en los permisos vigentes. La tropa se completa con médicas y médicos, otros profesionales de la salud y también abogados, que son quienes concurren a los debates parlamentarios sobre las reglamentaciones para los abortos no punibles, y litigan en tribunales federales y locales contra el Programa Nacional de Salud Sexual y Reproductiva, y en la judicialización de los casos de aborto no punible.
El tema está siendo investigado desde el CEIL-Piette-Conicet, que encabeza Fortunato Mallimaci, ex decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y presidente de la Asociación de Cientistas Sociales de la Religión del Mercosur.
La estrategia
Una de las estrategias que utilizan para frenar los abortos no punibles es la demora: postergan las decisiones con la idea de que el embarazo avance y sea cada vez más complicada su interrupción. También tratan de influir sobre la mujer o los familiares que la acompañen, sobre todo en el caso de menores de edad, transmitiéndole la falsa idea de que un aborto puede poner en riesgo su vida, cuando –se sabe– es una intervención más segura, incluso que un parto, si se realiza en condiciones adecuadas (ver aparte).
La UCA y la Austral son dos de los sitios encargados de la capacitación y formación de los agentes católicos especializados en bioética. Los docentes que se consideran “maestros” formando “discípulos” –describe la investigación– son generalmente filósofos y médicos que han realizado posgrados y especializaciones en bioética en universidades de Europa y Estados Unidos. “Actualmente, las primeras cohortes de egresados de posgrados en las universidades confesionales locales ya están comenzando a dictar sus propios cursos”, indicó el investigador. Se caracterizan, agregó, por hablar “desde la ciencia”, aunque los mueve una misión celestial. “Ellos están convencidos de que así van a ir al cielo, creen que están haciendo un bien a la Humanidad”, contó.
De acuerdo con la investigación que se lleva adelante desde el CEIL–Piette, varios de los bioeticistas formados con la línea de pensamiento del Vaticano, especialmente aquellos que responden al Opus Dei, son jefes de servicios de Ginecología y Obstetricia o de Cuidados Paliativos.

domingo, 2 de enero de 2011

Insólita Navidad

Es el 24 de diciembre de 1914, el frente se encuentra en Flandes, hacia el este están las trincheras alemanas y a menos de 100 metros de distancia se encuentran las trincheras aliadas ocupadas por franceses, ingleses y belgas. Hacía pocos meses que la guerra había comenzado, el disparador fue el asesinato de un ignoto archiduque que adquirió trágica fama cuando en Sarajevo, un extremista arrojó una bomba a su carruaje.
La causa de la guerra, como siempre hay que buscarla en intereses económicos, la presión de la industria bélica y la incapacidad de los seres humanos para resolver las discrepancias por la vía diplomática.
El termómetro marca varios grados bajo cero, el terreno está cubierto de nieve y el espacio que separa ambas zonas está sembrado de cadáveres que nadie se anima ni tiene fuerzas para enterrar.
Mientras los generales festejan la navidad en salones versallescos a cientos de quilómetros del frente, los soldados infestados de piojos tiritan de frio y comienzan a aparecer los primeros signos del pie de trinchera, el preludio de una inevitable amputación del miembro.



Entonces ocurre lo insólito, de la trinchera alemana asoma un árbol de Navidad con velas encendidas que recibe algunos disparos que pronto cesan cuando se oye el “Stille Nacht, Heilige Nacht”. Del lado aliado responden con el villancico “Silent Night” y lentamente, como provenientes de la entraña de la tierra, sucios y barbudos comienzan a surgir de ambas trincheras los soldados, sin las armas, algunos con velas encendidas y saludándose.
Cada uno se da cuenta que el enemigo no es ese monstruo asesino como les habían contado sus superiores. Días anteriores, el capellán les había dicho que esta guerra era una cruzada donde ellos luchaban en nombre de Dios y el enemigo representaba al demonio.


Como de la nada surgen algunas botellas de champagne y se intercambian regalos. Cuando los superiores de ambas partes se enteran cunde la furia y la indignación, la guerra debía seguir y como castigo se hicieron cortes marciales. Se envían nuevos batallones en reemplazo de estos soldados pusilánimes, que cometieron el gravísimo delito de intercambiar saludos navideños con el enemigo.
Si esa noche se hubiera puesto fin al conflicto, se hubieran ahorrado millones de vidas, cientos de miles de combatientes con daños físicos y psíquicos irreparables y la humanidad se habría salvado de Hitler.
Existe una coproducción europea llamada Feliz Navidad (ver video), que recrea ese episodio y es uno de los alegatos más fuertes contra la locura de la guerra.